sábado, 19 de agosto de 2017

Estación de paso



Bueno, ando de regreso de a poco. Tenía mono de actualizar mi blog, así que adelanté mi entrada. Tengo ganas de escribir, de crear historias, las vacaciones me están cargando las pilas. 

Estación de paso

Llegó a la estación un tren que lo dejó con la boca abierta. Verde oscuro, con una franja amarilla que lo cruzaba por la mitad. Hacía décadas que no veía uno así. Además era precioso, estaba tan cuidado que parecía nuevo.

Subió y siguió disfrutando. Tenía una sensación de retorno a la infancia. Con aquellos asientos de cuero marrón, las plataformas en medio de los vagones, las ventanillas que se podían bajar...

Recordó cuando se podía fumar en ellos. Era bastante molesto pero formaba parte de aquello ¡Hasta en los reposa brazos había un cenicero!

Tomó asiento y sintió crujir el cuero bajo su trasero. Al poco, una extraña mujer se sentó enfrente.

- ¿Impresionado? - Le dijo

Por un momento dudó si le preguntaba a él, pero claro, allí no había nadie más – La verdad es que si ¿Usted ya sabía que iba a venir uno de estos? - Le comentó refiriéndose al tren.

La mujer esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza – Claro, hemos hecho todo esto pensando en usted

- ¿Perdón? - Preguntó confundido.

- Lamento que tenga que enterarse así, pero normalmente buscamos un recuerdo agradable y tranquilizador en la memoria del fallecido para su marcha al más allá -

09/12/2016

Fuente imagen: https://www.trenvista.net/videos/de-espana/page/2/

domingo, 16 de julio de 2017

Primera visita con mi forense


No es cierto que la vida se apague al detenerse el corazón. Pero tampoco hay túnel, ni hay luz al fondo, y por desgracia tampoco angelitos que te lleven a las puertas de San Pedro.

Solo hay... paz, calma. Es como ver el mundo a través de un cristal empañado. El espíritu o alma, flota a unos centímetros del cuerpo, eso si lo acertaron algunos. ¿Y ahora? Pues no ha mucho que hacer, solo contemplar lo que sucede. 

Recuerdo mis últimos días, el estress, los dolores de cabeza ¡Qué ganas de complicarse la vida? ¿Todo para esto? Para qué… eh… ¿Qué sucedió? Sé que iba por la calle, con mi maletín, con las prisas y el café ardiendo aún en la garganta. De pronto una mano con pañuelo, cubrieron mi boca y nariz. Luego ya nada, hasta ahora.

Escucho la puerta. Una luz se enciende. Entra un señor con una bata blanca ¿Un medico? No… debe de ser el forense. Ah. Tal vez él me pueda aclarar lo sucedido, voy a prestar atención a ver si me entero.

Retira la sábana, mi cuerpo queda descubierto. Por Dios, se me ve todo, que me cubran un poco… En fin, la pérdida de dignidad que uno tiene que aguantar. Coge una herramienta ¿Eso es una sierra? ¡Está loco! ¿No irá a hacer…? ¡Oh no! ¡No puedo mirar! Creo que voy a…

Uff, menos mal que ya no tengo estómago. Prácticamente me ha abierto en dos. Ahora coge una pinzas y algo parecido a un bisturí. Corta algo.

- Aquí está -

¿Qué? ¿Qué es lo que está?

- Lo que cuesta encontrar unos riñones sanos. Cincuenta mil por cada uno. Cien mil por el corazón. Je, je, je con este incauto me voy a forrar, mereció la pena el riesgo de cargárselo

¡No es un forense! ¡Es… mi asesino! ¡¡Es mi asesino!!

12/07/2017

Este es el fruto de aceptar el reto de mi amiga que se autodenomina "guadiana" jajaja Bueno, espero que el resultado sea digno :) Aprovecho para comentar que bajo la persiana del blog hasta finales de agosto o principios de septiembre. Una pausa necesitada para ver si refresco ideas, despejo mente y bueno, disfruto un poco. ¡Feliz verano a todos! :D

Fuente imagen: https://spanish.alibaba.com/product-detail/led-operation-theater-ceiling-lights-operated-led-ceiling-light-led-operation-theatre-light-60199962240.html

domingo, 9 de julio de 2017

Desconocidos


Se decidió a ir a aquel encuentro con desconocidos. Tal vez era una salida a la soledad. Ya se sabe, gente por las calles, gente por todas partes… pero al mismo tiempo cuanta soledad.

Desde el primer momento sintió que allí no encajaba. Uno que parecía muy gamberro otro que parecía un bicho raro, muy refinado. Entonces llegaron las mujeres y la situación en vez de mejorar empeoró aún más. Moscones y Don Juanes lanzados a la conquista y las mujeres se dejaban adorar. 

El ambiente entre risas, distaba mucho de ser agradable, era más bien era agresivo. La noche se fue prolongando y las mujeres dieron largas a todos, hasta los que creían que iban a triunfar. Pero de todos ellos nadie regresó a casa, yo los libré de su soledad y sufrimiento. Ahora hacen compañía a las flores del cementerio.

05/12/2016

domingo, 2 de julio de 2017

Vecinos V y último.


La vida no es una rueda. La vida es una espiral que gira cada vez más rápido, hasta que acabas en el hoyo. Es por ello, que hay que aprovechar las cosas buenas que te ofrece la vida, y a veces, las mejores vienen como por casualidad.

Descubrir a Charlotte fue una de esas cosas. Podría haberme mudado a otro piso, o podríamos habernos mantenido como vecinos distantes. Pero la chispa había saltado, el pequeño milagro había ocurrido. Y desde entonces nuestros encuentros se volvieron frecuentes, pero casi como casuales. Lo bueno es que no había nada pactado o forzado. Las cosas fluían.

Con cierta frecuencia compartimos piso. Ya no sé donde tengo la ropa. Que si los calzoncillos están en el suyo, los pantalones en el mío. Sonrío al ver aparecer un sujetador debajo de mi cama o cuando se vuelve a su piso vestida con una de mis camisetas.

Pero lo que no me pasó desapercibido ni confuso, fueron “aquellos” calzoncillos. Al verlos supe de inmediato que eran mi famosa prenda desaparecida. Mientras ataba cabos en mi cabeza la miré. Ella bajó la vista… ¿Ruborizada? Me hizo tanta gracia y la vi tan mona, que en ese momento me di cuenta de lo que sentía por ella. Pero la pregunta era ¿Charlotte sentiría lo mismo? Lo dudaba, no daba muestras de ello.

Una mañana me llamó para desayunar. Hizo aquel gesto de recogerse el pelo que alzaba sus puntiagudos pechos al cielo. Ese gesto que marcaba sus pezones a través de su ropa. De una camiseta que rezaba “Puedo satisfacer todos sus vicios” – Joder… - Murmuré ante dicha visión y acudí raudo a su encuentro.

Besos, caricias, pero sobretodo miradas cómplices. Me propuso un plan y pensé “Mierda, justo esta tarde” Puse una excusa. Estar con ella estaba bien, pero me sentía emocionado con lo que había pensado hacer. Tiempo habría para ir a una exposición de esas. Por contra le dije de quedar esta noche, cuando ya estaría libre, y esta vez fue ella la que rechazó. En fin, resignación.

Horas más tarde, en el centro comercial, cuando iba a recoger lo que había encargado, me quedé pensando. ¿Se habría decepcionado cuando le dije que no podía? Me hubiese gustado verle la cara cuando abriese el paquete, pero tuve uno de mis impulsos y le mandé una foto con lo que le iba a comprar, antes de que lo envolvieran.


domingo, 25 de junio de 2017

Vecinos IV


Escuché los pasos que indicaban que volvía a entrar en la habitación y con ellos un olor a café. Me arrebujé de nuevo en las sábanas. Me encontraba de lado por lo que le daba la espalda. Aún debía de quedar ese espacio libre por donde me había pellizcado el trasero, un punto débil en la solida defensa que me ofrecía la ropa de cama.

Estaba de lado por lo que no le vi la cara. Pero sentí su peso hundir el colchón y su calor cuando se pegó a mi espalda. Mis ojos se entornaron y traté de mirar por el rabillo del ojo, pero no alcancé a verlo bien.

Entonces me digo aquello y sonreí cómplice. Me sentía temerosa y al mismo tiempo dichosa. Curiosa mezcla. Sentí sus labios acariciar mi cuello. Entrecerré más mis ojos, mis defensas se estaban desmoronando.

Por alguna razón me acordé de sus calzoncillos, los que no le devolví. Ahora serían un trofeo… un trofeo robado. Una de sus manos se encargó de devolverme al presente, estaba tratando de averiguar, con la mano, mi talla de sujetador. Me removí nerviosa. Y por fin me di media vuelta para mirarlo a los ojos.

Traté de poner cara seria, ligeramente enojada. Él se asustó un poco por mi reacción pero entonces no pude más y me entró la risa tonta. Me estiré sobre la cama como una gata y mis brazos se enroscaron en torno a su cuello. Busqué su boca y lo besé. Me acordé de su sabor de anoche, ahora con menos alcohol y más… “él”. Lo miré y le hice un par de caídas de pestañas. Reí de nuevo, había dejado atrás aquel temor. Prefería tener la sartén por el mango, literal y figuradamente.

Me mordí el labio y lo empujé para terminar encima de él. A horcajadas. Miré a su entrepierna, lo miré a él levantando una ceja. Comencé a frotarme, provocándolo para ver hasta donde era capaz de llegar. Y como no, reaccionó. En sus brazos me podía manejar con facilidad. Quedé de nuevo debajo, se colocó entre mis piernas y no tardé en sentirlo dentro.

Me agarré a sus hombros y un gemido se escapó de mi boca. Al mismo tiempo una especie de silbido se escuchó a lo lejos. Dijo algo de la cafetera, a lo que le repliqué – Ni se te ocurra parar ahora – Y… no me decepcionó.

Él – pinchar aquí -

Junio 2017

domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III



Leer a ella primero... -pinchar aquí-

Me miró un poco raro, de reojo mientras pasó junto a mi. Sonreí al percibir su decisión al entrar en mi casa, aunque me pareció notarla temblar. Mientras yo cerraba la puerta, ella se descalzó e inspeccionó el salón con la mirada. Prácticamente con la única luz del televisor. Será mejor darle de beber antes de que se dé cuenta del desastre que soy, pensé antes de decir – ¿Te pongo una copa ?

Ni esperé respuesta, fui a la cocina a por otro vaso. El instinto me llevó a mirar a la ventana de mi vecina, ahora a oscuras, su propietaria ahora estaba en mi casa. Desde aquí recordé sus pechos desnudos, recordé... Escuché que me llamaba - ¡Voy! 

Pasé fugazmente por el baño, y me puse colonia de la buena en abundancia. A ver si así compensaba un poco, el hecho de que no me hubiese preparado para la ocasión. Volví al salón y en nuestros gaznates cayeron algunas copas más. Al cabo de unas horas, me comenzaba a notar espeso y no quise tomar más. Ella se tomó aún otra. 

Ninguno de los dos le hacía caso al televisor. Me consideraba con facilidad para llevar la iniciativa en la conversación, y es por ello, que sin que se diese cuenta, comenzamos a hablar de temas íntimos, picantes. La finalidad estaba clara, aumentar su libido.

La chica resultó ser maja, pero sobretodo estaba buena. Acabamos sentados en el suelo, ella en postura un tanto indecorosa, pero no me iba a quejar. Ansiaba poder acariciar con mis dedos, lo que de tanto en tanto acariciaba con la mirada.

Aproveché un momento de risas, con una de mis exageraciones, para sellar sus labios con un beso. Era el momento crucial, donde te abofetean o triunfas. No percibí el latigazo en mi mejilla así que o estaba anestesiado por la bebida o… Si, sentí en mi boca un gemido ahogado. Esto ya no había quien lo parase.

Mis manos recorrieron sus muslos y levantaron su vestido para alcanzar… Sonreí mientras la besaba de nuevo, al apreciar que no llevaba sujetador. Ambos parecíamos tener prisa por despojar al otro de su ropa. No sé ella, pero a mi, no llegaba la hora de poder recorrer su piel.

Una vez en pelotas la llevé en brazos hasta mi cama. Allí la dejé tumbada, amasé sus pechos, los besé, mis labios bajaron por su vientre y cuando se fueron acercando a su pubis… escuché un sonido extraño. Alcé la mirada por encima de su cuerpo y me di cuenta de que se había dormido. Miré de nuevo su sexo y de nuevo su rostro – No… joder…

Me aguanté la tentación y las ganas. No quería que me acusaran de violación o algo así, la tele está llena de mierdas de esas. Resoplé y me fui al baño para darme una ducha fría, mañana sería otro día, y quien sabe...

Junio 2017

domingo, 11 de junio de 2017

Vecinos II


De vez en cuando me regalo un fin de semana. Cuarenta y ocho horas de no hacer nada. Bueno, siempre hay algo que hacer o uno moriría de hambre. Pero si con el teléfono móvil aparcado, televisión encendida y que impere la ley del mínimo esfuerzo. Una vez al mes, es algo que te recarga las pilas.

Uno de mis pecados es automedicarme con un par de copas y aprovechar esa falsa euforia que provocan. Quizá para no pensar demasiado en las cosas que me faltan. O quizá, simplemente, para pasarlo bien.

Iba a por la segunda “Clonk, clonk” sonaron los hielos en el fondo del vaso. Entonces escuché algo que me llamó la atención. Es curiosa la acústica del patio, que hace que lo de enfrente se oiga todo. Me quedé quieto y afiné el oído. ¿Sollozos, lamentos? Me acerqué a la ventana.

Allí estaba aquel gato, seguro que ya se le había escapado de nuevo a la del tercero. Debía de estar en celo o algo. Me fijé en el interior de la ventana de enfrente. Allí estaba la vecina. Vestida, es lo primero que lamenté. Lo que desde aquí no podría apreciar, era si habían lágrimas, pero si la escuché sorber por la nariz, de lo que deduje que la que maullaba, quiero decir, la que lloraba era ella. Fue solo un momento ya que desapareció de mi ángulo de visión.

Aún sigo sin saber muy bien porqué lo hice. Bueno, seguramente la primera de las copas me dio un empujoncito. Agarré una de las flores que me trajo mi madre en su última visita. Siempre me trae alguna cosa. Insiste en el que el piso es soso y que faltan detalles. - Paparruchas - me digo yo. Pero me toca aceptarlas por no hacerle un feo. Además, cuando vuelve, si no lo ve, se siente ofendida.

Total. Agarré la flor, la colgué del tendedero con un par de pinzas y corrí el hilo para acercarla hasta su ventana. Me quedé mirando mi obra maestra y pensé - Muy bien, listo. ¿Y si no se le ocurre tender hasta dentro de dos días? Verá un puto tallo marchito y pensará que tiene un vecino que está mal de la regadera. Vale, pues carraspearé para llamar su atención... No. Cantaré... peor. Joder, pues lo dejo estar, y si mañana aún está la flor en el mismo sitio, la recojo y aquí no ha pasado nada.

Me sonreí a mi mismo y seguí con mi conversación interior – Ya sabía yo que eres un tipo listo. Ala, al sofá y a relajarse un rato – Cogí la bebida y marché en dirección a la poltrona.

Unas minutos después “Ding, dong” Sonó el timbre. Me quedé mirando en dirección a la puerta desde mi posición, plantándome que hacer. Al final me puse una camiseta y me acerqué a la puerta para abrir.

Tuve que parpadear dos veces. Aquí delante de la puerta estaba la vecina. Llevaba un vestido negro, ajustado que marcaba todas sus curvas. La mayor parte de sus piernas también quedaban al descubierto más abajo.

“¿Todo esto por la flor?” Pensé mientras sonreía. Pero tenía algo tintineante en las manos, mis llaves. La sonrisa se me borró un poco – Ah… ¿Y el cartel de pueden pasar a robar también lo he dejado fuera? - Miré mi puerta desde afuera, para dar más énfasis a la broma que brotó de mis labios con facilidad. Como si eso fuese a mejorar la situación. Ella hecha un pincel y yo un desastre. Aún así había algo misterioso en su mirada.

Se quedó parada. Con una copa me atrevía a hacer alguna cosa, con dos ya no tenía frenos - ¿Quieres entrar y tomarte una copa?

Comenzó a balbucear alguna excusa, pero yo insistí. Se miró el reloj y… Joder, aceptó.

06/06/2017

Ella... - pinchar aquí -

jueves, 1 de junio de 2017

Vecinos



Llevaba unos meses en este piso. No era gran cosa, tenía lo justo, pero al menos era mío. Por fin libre de mis padres. Nadie que me pidiera explicaciones por llegar a las tantas. Donde poder traerme una chica si tenía suerte el sábado. O simplemente devolver agarrado a la taza del WC y pasar así la resaca.

Una de las cosas curiosas, era el tendedero. Surcaba los aires del patio interior. Una cuerda verde, que iba desde la ventana de mi cocina a… la ventana del piso de enfrente. No sabía si era lo normal, pero desde luego no era de mi agrado colgar los gayumbos a la vista de todos. Tampoco podía elegir, era eso o dejarlos mojados en cualquier parte. Así que nada, simplemente esperaba que cada uno fuese a lo suyo, como viene siendo normal en cualquier ciudad que se precie.

Es curioso las cosas que ocurren con lo de tender. A veces se me cae alguna pinza al vacío, de inmediato miro abajo esperando no haberle dado a nadie en la cabeza. Traumatismo por pinza ¿Os lo imagináis? No, es imposible que ocurra algo así, pero mi mente se monta unas películas que no veas.

Hace unas semanas me desaparecieron unos calzoncillos. Estaban tendidos, con dos pinzas como siempre. Cuando fui a recogerlos, simplemente ¡Habían desaparecido! Primero pensé que tal vez una ráfaga de viento ¡¿Pero pinzas y todo?! Eso no podía ser, me hizo sospechar de la vecina de enfrente, con la que comparto cuerda. Pero si era así ¿Por qué no me los había devuelto? Lo que no iba hacer era llamar a su puerta y decirle – Perdona ¿Tienes mis gayumbos? - Seguramente me tomaría por un pervertido o a saber. Bueno, tal vez hayan ido a parar a donde los calcetines desparejados, al Triángulo de las Bermudas, o a un lugar mejor. Tal vez haya un cielo para los calzoncillos. Pobres, seguro que se lo merecen.

Estaba fregando los platos cuando por el rabillo del ojo me pareció ver algo, mi vista se fijó en la ventana de la vecina. No sabía mucho de ella, solo de cruzarnos alguna vez por la escalera. Estaba buena, nada espectacular, pero agradable a la vista y se intuía bajo su ropa un cuerpecillo delgadito pero apetecible. Pero tenía pinta de tener novio. No me preguntéis como lo sé, tal vez un sexto sentido, o simplemente que las tías con carita dulce siempre tienen novio. Lo que si vi bastante bien es que estaba en ropa interior, su piel era blanquita y... joder, como no fijarse.

Entonces se quedó quieta y mirando en mi dirección. Mierda, me ha pillado. Traté de hacerme el despistado y apagué la luz. Aun con el estropajo en la manos de fregar los platos. Me volví a asomar, más que nada para constatar si aún seguía allí o no. Ya no estaba, pero oí la ducha.

Me relajé un poco y volví a los platos. No sé porqué pero seguí a oscuras, con la única luz que entraba por la ventana. Bueno, tal vez si se porqué ¿Para mirarla de nuevo sin que me viese?

Terminé la tarea y fui a secarme las manos, en ese momento vi algo que me dejó con la boca abierta. Allí estaba, de perfil, con una toalla en la cabeza y... ¿¡Nada más!? Sonreí. Me excité pensando en que lo había hecho para que la viera. Una vecina exhibicionista, eso molaba.

Fue solo un instante, pero digno de ser inmortalizado. Al día siguiente me preguntaría si no habría sido todo un sueño. Un sueño que no conseguía quitarme de la cabeza.

Ella... - pinchar aquí -

domingo, 28 de mayo de 2017

Se cierne



Se sobrevenía sobre la ciudad. Majestuoso, inmenso, colosal. Capaz de estremecer a cualquiera que lo viera en vivo y en directo. 

Habría destrozos materiales, heridos, tal vez muertes. Si, seguramente las habría. Nada podría frenar el avance de tamaño fenómeno. Con aquella forma de embudo iba engullendo el mar y pronto tocaría tierra, pobre de aquel que le pillara en medio. Su forma blanquecina se transformaría en marrón y aumentaría su tamaño. Chozas, animales y personas comenzaron a volar por los aires.

Hera sonrió complacida, todo era de su gusto. Enarcó una ceja y miró a su esposo - ¿Veis porqué no tenéis que encapricharos de ninguna humana? Lo hago por vuestro bien. He de recordaros de continuo la mortalidad de vuestras elegidas. Los humanos son tan… volátiles – Rió su propia gracia.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/fotos-meteorologia-foto/fotos-nubes-tormenta___3902

domingo, 14 de mayo de 2017

Tejedor



Terence era un prolijo tejedor de mantas. Y trabajador. Día tras día, apenas paraba para descansar. Tejer es un trabajo que permite pensar, bueno, al menos cuando ya tienes cierta práctica, como era el caso que nos atañe.

Es por ello por lo que la mente de Terence estaba siempre en otra parte. A veces alguien le hablaba y no se enteraba hasta que no le gritaban. Se había ganado la fama de sordo, pero del oído estaba bien, el problema era que estaba ausente. 

El sonido de la agujas repiqueteaba como una musiquilla, hasta tenía ritmo, era relajante. Al margen de sus ausencias de pensamiento, era una persona afable, y bonachón. Por eso nadie comprendió que pudo ocurrir, cuando un día apareció muerto, en medio de un charco de sangre.

El comisario en persona acudió con presteza a investigar como podía haber ocurrido tan horrendo crimen. Examinó el escenario, buscó pistas, preguntó a los sospechosos, hasta que por fin declaró: - He examinado las pruebas y no me cabe duda. A última hora de ayer una de sus agujas enloqueció y se clavó en el corazón de Terence. Era visto que tanto tejer tenía que acabar mal.

22/11/2016

Fuente imagen: http://www.tricotlanfil.es/7-agujas-de-tejer

sábado, 29 de abril de 2017

Salida de emergencia



Se apagó la luz y comenzaron a sonar las alarmas. En una ocasión, hacía mucho tiempo, había realizado un simulacro de evacuación. Pero recordaba perfectamente que lo habían avisado, ahora era distinto, no cabía duda.

Con las luces de emergencia era más complicado, aunque la gente en principio reaccionó bien, sin pánico, aunque intuía que como él, con el corazón en un puño.

Se dirigieron a las escaleras más cercanas, allí la gente se comenzó a acumular al punto que llegaron a detenerse. Susurros, comentarios por la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo. Hasta el típico gracioso con la más disparatada de las hipótesis.

Por el momento no había humo, eso era bueno. Pero de pronto el suelo empezó a temblar. Se escucharon los primeros gritos – ¡Deprisa, salgan de prisa! - Comentó la primera persona al borde del pánico. Por suerte la cola empezó a moverse de nuevo. Lenta, pero mejor eso que estar parados. 

Tras unos agónicos minutos por fin se vio la luz de la puerta de salida, el exterior, el día. 

Pero en vez del día, se encontraron con unos focos que los alumbraban directamente cegándolos - ¡Circulen, no se detengan! ¡Sigan caminando, hay que dejar salir a los demás! ¡Circulen, no pasa nada, sigan caminando!

¿Pero quien hablaba? De pronto alguien le tomó del brazo y le hablaron directamente – Bien. Pero a la próxima se ha de esforzar más con los estudios. ¿Y sabe que traumatizó a su hermano? Ha de ser más empático. No debería haber rechazado aquella oferta de camarero, hubiese conocido a la mujer de su vida. En cambio ha ido de flor en flor… ¿Y profesionalmente? Mediocre, demasiado conformista, podría haber aspirado a más.

Tragó saliva, con la frente sudorosa dijo - ¿¡Pero que es esto!?

La voz carraspeó – Ah, cierto disculpe. Gracias por participar en el simulacro de vida humana, esperamos que haya disfrutado de la experiencia y…

21/11/2016

Fuente imagen: https://es.dreamstime.com/photos-images/muestra-de-la-salida-de-emergencia-que-brilla-intensamente-en-la-oscuridad.html

sábado, 22 de abril de 2017

Flecos



Era una chica de pelo largo y castaño, de veintipocos años. Con algunas marcas en el rostro de acné, pero pese a todo tenía la cara agradable. Se podía decir que era guapa, aunque no cumpliese los estereotipos de las revistas de moda. Desprendía ese aire de ser auténtica e inteligente, viva, perspicaz tal vez.

Lo más curioso era su ropa, normalmente siempre vestía igual. Chaqueta azul marino sobre un jersey de manga corta. Pantalones oscuros que le otorgaban a todo una semejanza a uniforme, sin llegar a serlo. Lo más característico sus zapatos. Azul marino con unos flecos en la parte delantera, sin calcetines. 

A veces podía variar alguna pieza de ropa, pero nunca los zapatos. Siempre los mismos zapatos que habían causado fijación en mí. 

Allí, siempre en el mismo vagón, en el metro de las 07:42. Un día, y otro y otro. Pasaban como las páginas de un libro. Caras de sueño y mis zapatos azul marino con flecos. No necesitaba alzar la mirada, me bastaba con buscar por el suelo aquellos zapatos para saber que todo estaba en orden. El mundo seguía su curso. Todo estaba bien.

De pronto, un buen día, hubo una turbulencia en el cosmos. Aquellos zapatos no estaban, levanté la mirada. No, no estaba la chica de la chaqueta, la que tenía cintas de colores en la mochila. Ni con chaqueta ni sin ella. No estaban sus zapatos y no estaba ella. Desperté, supuso una pequeña conmoción y me pregunté que habría sucedido.

Al día siguiente busqué los zapatos con preocupación, nada, ni rastro. Esto no hizo más que aumentar mi inquietud. 

Pasaron algunos días más. Siempre hay alguien nuevo, pero en el vagón, casi siempre son los mismos zapatos y zapatillas, una y otra vez. Hasta que de nuevo algo me llamó la atención. Una gruesa escayola se unió al festival de calzados. Levanté la mirada en busca de su propietario y el corazón me dio un brinco. Allí estaba aquella chaqueta azul marino con un jersey de color verde claro y unos ojos de similar color que se me quedaron mirando.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://muc1.framepool.com/es/search/tokyo+metro/

sábado, 8 de abril de 2017

¿Todos los hombres son iguales?



Aquella mujer tenía que ser mía, no me la podía quitar de la cabeza. Morena, de pelo largo que caía sobre sus hombros. Un vestido de noche, azul con adornos bordados en blanco nacarado, ceñido a su cuerpo que resaltaba sus curvas.

Con una sonrisa deslumbrante, y un maquillaje bien puesto y no excesivo, que resaltaba sus mejores facciones.

Me acerqué a ella con la intención de invitarla a cenar. Sabiendo que lo mejor vendría después. Cuando desnudase su cuerpo y besara su cuello, justo antes de estrangularla con una soga.

29/05/2016

Fuente imagen: http://www.expogourmetmagazine.com/n-/es/7320/la-mejor-copa-de-champagne-recomendada-por-los-cientificos

sábado, 25 de marzo de 2017

De letras


Como me ponen tus largos y bien puestos párrafos, el trazo grueso de tu letra. La dureza de tus adjetivos cuando expresas tus sentimientos.

Me derrites con tus descripciones y haces que siempre quiera más. Y el tacto, no hay nada como el tacto del papel. Capaz de dañar por filo, pero suave y rugoso a la vez por las caras.

Eres todo un regalo para la vista. Ansío tocarte, olerte, impregnarme de ti y a la vez que me hagas tuya y penetres en mi mente. Y es que, donde haya un buen libro, que se quite lo demás.

13/02/2015

Fuente imagen: https://plus.google.com/106218638101580813679/posts/2KRvqs5ySK3

domingo, 5 de marzo de 2017

El vil metal


No hay como apretarle las tuercas a un tipo. León era uno de los pringados: formal, de vida acomodada…Pero había cometido dos errores; el primero pedirme dinero, el segundo no devolvérmelo a tiempo.

No me suelo apiadar de la gente. Normalmente no me meto en esos berenjenales; o me pagas o te voy rompiendo los huesos uno a uno. Pero en este caso, con León, hice una excepción.

El chupatintas me contó que dentro de un par de días, donde trabajaba, ingresarían en caja el dinero de una importante transacción. Sin guardias. Tan solo una alarma y caja fuerte de tres al cuarto. Pan comido para dar un golpe fácil y rápido.

Y allí estaba yo, enfundado en un pasamontañas y frotándome las manos tras haber entrado por la ventana. Aunque sonase la alarma disponía de diez minutos hasta que llegase la pasma. Me dirigí sin perder más tiempo hasta donde me había dicho que estaría la caja. Escuché una sirena, pero era demasiado pronto para ser yo el causante, será otro su destino, debía de mantener los nervios a raya.

Entré en la habitación y allí solo vi una mesa de reuniones, unas cuantas sillas y un proyector - ¿Y la puñetera caja? - No había cuadros, no había… ¡Ah! Había un armario, me precipité sobre él. No me costó forzar la cerradura, pero no fue el dinero lo que vino a mí. Sino el cuerpo ensangrentado de un tipo, obeso con gafas. Embutido en el espacio que acababa de abrir.

¿Pero qué demonios? - Mientras la sirena se hacía más estruendosa y el coche policial se detenía justo debajo del edificio lo entendí. León. Ese maldito bastardo me había cargado el muerto.

14/11/2016

domingo, 19 de febrero de 2017

Desvelado



Empapado en sudor se despierta. Pero no es solo eso. El ruido. A través de la ventana se percibe una algarabía de personas ¿Qué demonios ocurre?

Se sienta en el borde de la cama y se frota la cara. Le duele la cabeza sutilmente. Mira la hora, las tres de la madrugada – Maldita sea – Piensa para sus adentros. A estas horas y ya desvelado.

Se dirige a la ventana y se asoma. Una “chiquillada”, en este caso, un tumulto de quince o veinte adolescentes en grupo, parecen discutir todos con todos.

En ese momento aparece un coche de la policía – Menos mal – Piensa de nuevo – Por una vez llegan sin que haya que llamarlos.

Pero aquel grupo de jóvenes no parecen sentirse impresionados por la aparición de los agentes de la ley, que siguen discutiendo a lo suyo.

El coche patrulla para delante de ellos y abre sus puertas. Para sorpresa del pobre alma desvelada, de allí salen... ¡Dos adolescentes vestidos de policía! ¿Acaso han robado el coche?

Tambaleándose se dirige al baño, necesita refrescarse la cara. Un zarpazo de agua, dos, al tercero se mira al espejo para ver reflejado como era su rostro con treinta años menos.

28/05/2016

viernes, 3 de febrero de 2017

Comportamiento extraño



En el tren de cercanías los pasajeros se prepararon para bajar en la primera estación, una de las más concurridas. La gente se pone en pie y se congrega delante de las puertas. El tren se detiene. Unos miran a otros de reojo para ver quien es el encargado de pulsar el botón de apertura de las puertas. Tras este breve y cotidiano momento incómodo, uno pulsa el botón y... Las puertas no se abren.

Unos se miran a otros, lo pulsan más veces, nada. ¿Fallará la puerta? No sería la primera vez... Miran en dirección al otro extremo del vagón, donde están las otras puertas. Pero desde allí la mirada es devuelta con la misma expresión de incertidumbre.

El tren se pone en marcha de nuevo. Unos se ríen, otros protestan. Una señora, de forma decidida recorre el pasillo hasta delante de la puerta de la cabina del maquinista. Llama con los nudillos. Es extraño, pero desde el otro lado se oye música y parece que a alto volumen, desde luego que no suele ser habitual.

La señora insiste, aporrea la puerta con más insistencia – ¡Oiga! ¡No se han abierto las puertas! ¿No ha visto que no ha bajado nadie? - Levanta la voz con tono de reproche. 

Entonces, aunque nadie responde en la cabina, el tren reduce la velocidad y se detiene. Justo al entrar en un túnel. Afuera está todo oscuro. Las puertas se abren sin que nadie pulse el botón, pero allí no hay andén ni parece el lugar apropiado.

- ¿Pero qué hace? ¿No pretenderá que bajemos aquí? - Prosigue la misma mujer.

El tren se pone en marcha de nuevo, ahora con las puertas abiertas. La gente se asusta un poco. Los que estaban cerca de las puertas se desplazan a zonas más seguras. El viento, fruto de la velocidad, circula por todo el vagón despeinando a pasajeros y haciendo volar los apuntes de un estudiante. Se escuchan los primeros gritos.

- ¡Oiga! ¡Se ha vuelto loco! ¡Pare! ¡Pare inmediatamente! - La mujer que se comunica con el maquinista está evidentemente alterada.

El tren da un brusco frenazo. Algunos de los que están de pie, pierden el equilibrio y se van al suelo. La gente está a borde del pánico. El tren se encuentra de nuevo detenido, ahora en medio del túnel. Ya a nadie le hace gracia y algunos comienzan a estar tentados de bajar. Dudando si será más seguro apearse en el túnel que permanecer en el tren.

- Ya sé, ya sé – Dice de pronto una niña que lo ha observado todo desde las primeras filas. Acercándose a la puerta del maquinista dice – Cierre las puertas, llévenos a la siguiente estación y ábralas allí.

Ante el asombro de todos comienza a ocurrir tal y como la niña lo ha dicho.

Al por fin llegar a la estación, la gente se prepara para bajar en tropel a poner una reclamación o incluso una denuncia. En cuanto aparece el anden se encuentran con fotógrafos y gente trajeada. ¿Ya se habrán enterado de lo ocurrido? ¿Tan rápido? Pero al abrirse las puertas se dan cuenta de un cartel colgado en lo alto “Inauguración de los trenes automáticos sin conductor”

06/03/2016

domingo, 22 de enero de 2017

La parca


- Como mi Antonio, de la forma más dulce. Me preguntó mi nuera que donde estaba, y le dije que durmiendo. Cuando fuimos a despertarlo... nada. Se me fue por la noche.

- Pero es que no sabes donde te va a pillar. Mi hija trabaja en parques y jardines. Un día paró un señor que iba en bicicleta. Dijo que se sentía mal, se sentó y allí mismo se quedó.

- Si es que no somos “na” Un día estás aquí y al otro ya no.

Toma el primer sorbo de café – Qué rico está el café hoy.

- Será por las gotitas de arsénico, a ver que lo pruebe yo...

08/05/2016

domingo, 15 de enero de 2017

Gárgola



Oscuridad. 
Oscuridad del pensamiento, 
de la mente y del tormento 
que nubla los sentimientos 
de la iniquidad.

Soy la sombra, la lluvia. 
El protector, el sacrificio. 
El impagado, el prejuicio.
Victima de la apariencia.

Desde lo alto yo vigilo
desde lo alto yo protejo
Desde lo alto...
Desde lo alto no soy inmune tampoco
Aunque de piedra yo parezco.

De piedra.
En cambio mi corazón sufre.
De piedra.
Mi alma visto.
De piedra.
A ella cortejo.
De piedra.
Te pertenezco.

03-03-2015

Fuente imagen: http://www.fotocommunity.es/photo/gargola-en-valencia-jcbolivar/33016189

La gárgola de la imagen está en Valencia (Puente del Reino). Tengo el orgullo de poder decir que una amiga mía participó en su creación. Amalia, si lees esto, una vez más, felicidades por tu obra :)

Por lo demás, este es mi último poema hasta la fecha, ya los recorrimos todos. Me gustaría escribir uno o dos más, aunque sea para finalizar por completo aquel cuaderno para poemas (Que curioso, precisamente me lo regaló la creadora de la gárgola junto con otra amiga hace muchos años)

domingo, 8 de enero de 2017

Mal despertar

Tras una ausencia vacacional vuelvo con el blog. Sin prisa pero sin pausa, a ver también si puedo alcanzar cierto ritmo en la creación de nuevos relatos. En esta ocasión y espero que sirva para compensar la demora, un relato más largo de lo habitual. Sin más, desear a mis lectores un feliz año nuevo y que se cumplan vuestros deseos.



Despertó, se notó empapado en sudor y desorientado. No era el primer día que se levantaba así, sin saber qué día de la semana era. Pero esta vez lo preocupante fue la sensación  de que había dormido ¿Demasiado? Y si era así… ¿Por qué no había sonado el despertador? ¿Acaso no era… jueves? Si, estaba seguro, y hoy en el trabajo tenían que presentar un nuevo proyecto. Le esperaba un largo y duro día en la oficina.

Al estirar la mano para encender la luz se rozó con algo, pero sus sentidos aún estaban algo aletargados por el sueño. Encontró  el interruptor y lo accionó, pero la luz no se encendió. Lo accionó de nuevo, nada.

El corazón se le aceleró mientras su mente se ponía a trabajar ¡Tal vez por eso no había sonado el despertador! El despertador era eléctrico y sin electricidad…Se incorporó de un brinco, al hacerlo sintió en su cara como algo se le pegaba a la nariz y parte del rostro. Era algo sedoso y a la vez repugnante. De un par de manotazos se apartó aquello.

Siguió sin darle importancia, lo importante era que no quería hacer tarde al trabajo. No lo despedirían por eso, pero sería el objetivo de miradas y chascarrillos. 

Su corazón se negaba a tranquilizarse. Estaba sin luz y con un mal presentimiento. Algo ocurría y no sabía el qué. Además estaba aquel silencio, no se escuchaban los vecinos, no se escuchaba el tráfico.

Al menos conocía suficiente su habitación como para poder manejarse por ella a oscuras. Así que se calzó las zapatillas y se levantó. Hubo más de esas cosas pegajosas - ¡Maldita sea! – Masculló.

Se fue sacudiendo cosas de encima, pero avanzó decidido hacia la puerta. Tuvo la sensación de que algo correteaba por su espalda. Le entró un escalofrío. No quería pensar, no quería pensar… Aún seguía con la mente medio adormilada y seguramente su raciocinio no estaba disponible al cien por cien.

Por fin salió por la puerta y pudo distinguir algo. Gracias a la amarillenta y mortecina luz que se filtraba a través de una de las ventanas del salón, pero lo que vio lo dejó paralizado.

En un primer momento tuvo la sensación de encontrarse en una mansión abandonada. En una de esas en las que han puesto sábanas por todas partes para que los muebles no se ensucien de polvo. Solo que… aquello no eran sábanas, ni tampoco una casa abandonada ¡Eran inmensas telarañas y su maldita casa!

Además aquello no estaba sólo por los muebles, se encontraba por todos los rincones, por las paredes, hasta por encima de su ropa.

Entonces vio la primera. Negra, de patas algo peludas, pero larguísimas y finas. Se descolgó a pocos centímetros por delante de su cara. Ocho patas, para un ovalado y rechoncho cuerpo que parecía que no podría sostener. Se quedó suspendida como mirándolo a los ojos.

Se quedó paralizado, no era la única. Todas aquellas manchas negras por la pared… ¿Cómo no las había visto antes? En las paredes, en el techo, por el suelo. Tuvo que hacer un esfuerzo para evitar devolver allí mismo por las náuseas que le produjo.

El vello de todo el cuerpo se erizó y soltó un gimoteo ahogado. Estaba entrando en pánico. Se le aflojó la vejiga y juntó las piernas fuertemente para tratar de reprimir lo inevitable en el último momento. Cuando comenzó a sentir algo tibio que comenzaba a mojar sus muslos.

Sintió que le comenzaba a picar todo. La espalda, la nuca, el pelo… Hizo acopio de todo su valor para vencer el terror que sentía. Cuando lo logró, corrió atravesando telas de araña en dirección al baño. Se metió dentro de la bañera y abrió el grifo al máximo. 

Por un fugaz momento se le ocurrió pensar que tal vez tampoco hubiese agua corriente. Pero esta lo empapó antes de que su mente tuviese tiempo a contemplar otras horribles hipótesis. El agua era salvadora. El agua limpiaba todo. 

Miró a sus pies y vio a tres… No, a cuatro de aquellos horribles bichos. Intentaban escapar, pero al trepar por la húmeda y resbaladiza pared de la bañera volvían a caer de nuevo dentro. Los bichos, como hacia el exterior no podían escapar, fijaron su objetivo en aquellas grandes y peludas piernas. Por allí podrían trepar y ponerse a salvo, por no hablar de que estarían más calentitas.

Gritó por primera vez y lo hizo a pleno pulmón. No quería tocarlas con las manos. Era algo repugnante, pero no podía dejar que treparan por él. Agarró el teléfono de la ducha y sacando una pierna de la bañera apuntó a una de ellas. El agua impactó en el objetivo. Cayó una, luego otra. Se le hizo una eternidad pero por fin consiguió sacárselas de encima.

Su respiración seguía siendo agitada, pero al menos ahora tenía un momento para reflexionar. Demasiadas incógnitas, nada parecía tener sentido y sintió como su cordura comenzaba a peligrar. Se pellizcó. No, no estaba durmiendo. Pero aquí en la bañera, rodeado de arañas y sus telas, tampoco hacía nada por mejorar su situación. Tenía que armarse de valor y salir ¿Pero cómo?

¡Toallas! ¡Y el albornoz, por supuesto! Cubría su cuerpo con todo eso y saldría corriendo ¿Al balcón? No, era un callejón sin salida. Mejor a la calle, allí alguien le podría ayudar. Contrataría a una de esas expresas de exterminación. Por lo demás le daba igual que lo viesen con ese atuendo ¡Lo importante era escapar!

Poco a poco fue revisando todo lo que se iba a poner, no quería arañas ocultas en sus prendas de protección. Luego se lo colocando todo, ocultando hasta su cabeza, a excepción de un espacio suficiente para poder ver.

Una vez hecho tomó aire, no se iba a detener por nada del mundo. Repasó mentalmente el recorrido antes de efectuarlo, no quería errores ni contratiempos. Finalmente se decidió a salir corriendo.

Los primeros pasos fueron fáciles. La puerta del aseo, el pasillo… Pero las telas se le iban acumulando encima, y las arañas también. Cuando por fin llegó a la puerta de su apartamento, ya tenía una buena cantidad de ellas encima, apenas podía ver.

Pero dentro de lo que cabe todo iba bien. Abrir la puerta le costó un poco. Bajó las escaleras corriendo, iba tan acelerado que no se dio cuenta de que el cinturón el albornoz se le había desatado. Este se enredó en sus pies. Trató de sujetarse de la barandilla pero ya era tarde. Su cuerpo llevaba el impulso de seguir adelante mientras sus pies se quedaban atrás.

Estando en el aire fue consciente del golpe que se iba a dar. Adelantó las manos para tratar de reducir el impacto. Al caer se le dobló la muñeca izquierda de forma dolorosa, luego se golpeó el hombro donde algo crujió, las rodillas también se llevaron golpe y finalmente cayó rodando por las escaleras.

Por suerte no se dio ningún golpe importante en la cabeza o el cuello. Se incorporó aturdido, en la caída había perdido la mayoría de sus prendas de protección. Le escocía el brazo y notaba como se le empezaba a hinchar. Pero le llamó la atención un extraño punto rojo en el centro del hinchazón.

Sintió un pinchazo en el pescuezo. No, eso no había sido del golpe. Luego otro en la pierna. Allí dirigió su mirada, a tiempo de ver como justo en ese lugar había una de esas malditas criaturas ¡Le estaban picando! El escozor se convirtió en una dolorosa quemazón.

Se la quitó de un manotazo. Con dolores avanzó hasta la puerta de la calle, la salvación estaba cerca, era inminente. Salió al exterior esperanzado, con la intención de respirar un aire no tan viciado. Pero allí le esperaba otra desagradable sorpresa. 

Toda la calle estaba igual que el interior de su casa, lleno de telarañas, por las fachadas, por los coches, incluso por las señales de tráfico. ¡Debía de estar así toda la maldita ciudad!

Sintió como se desvanecían al mismo tiempo sus esperanzas y sus fuerzas ¿Un desmayo? ¿Veneno tal vez? Ese fue su último pensamiento.

Agosto 2016 (aprox)

Fuente imagen: http://footage.framepool.com/es/shot/276970110-tierra-de-francisco-jose-oscuridad-artico-ventana-arquitectura