domingo, 17 de diciembre de 2017

Interjecciones artísticas


- Ummm – Dijo con las manos en la espalda, mientras miraba el cuadro en la galería.

Inmediatamente se acercó otro señor – Ajá… -  Una de sus manos fue a la barbilla, mientras asentía con la cabeza

La tercera persona no tardó en acudir. Y como dice la frase: ya formaron multitud. - Uf – Exclamó impresionado.

Ya casi toda la gente de la exposición se congregaba delante de la obra. Entonces hizo acto de presencia el pintor, que se acercó alarmado por lo que vio - ¡Eeeh! - Sacó un pañuelo que agitó en el aire. En ese momento, la cucaracha por fin salió del lienzo y correteó buscando refugio por otros lares. El bichito, por un momento había sido parte integrante de una obra de arte.

19/09/2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

El elefante rosa



Stephen, era adicto a las drogas, al alcohol, al tabaco y también a las mujeres. 

No ganaba lo suficiente para pagarse todos los vicios, así que tenía que dedicarse al trapicheo. Hoy, tenía un encargo. No se trataba de lo habitual, llevar un paquete del punto A al punto B. Lo de hoy era más… sucio. Dar un toque de advertencia a un tipo. “El toque” consistía en romperle un par de dedos.

Allí en local El Elefante Rosa, en una de las mesas, lo localizó. Parecía estar escribiendo algo. Entonces lo entendió, le iba a dar donde más le dolía, en la herramienta con la que se ganaba la vida. Seguramente pudiese seguir escribiendo con sus otros ocho dedos, pero… va. A Stephen que más le daba, no le pagaban para pensar.

Se acercó a aquel tipejo. Sin mediar palabra, con una mano le agarró del brazo, con la otra un par de sus dedos y tiró de ellos hacia arriba hasta que hicieron Chrracckk Am parrrtttirrr dhe ennttoncees ssskeguro quee ua noo porddria essscibir dan biennn. El imbieccin hambiaa rezcibudo lo syo.

15/09/2017

Fuente imagen: https://pixabay.com/es/elefante-rosa-animales-297205/

domingo, 3 de diciembre de 2017

Inventos


Inventos Inc era la empresa de moda en casi todo el mundo. Te subscribías, pagabas una cuota, y cada mes sin falta, te mandaban algo por paquete postal ¿El qué? Ahí estaba la gracia, nunca sabías que te iban a mandar. Pero mal no se les debía de dar cuando la gente hablaba tan bien de esta empresa. Simplemente pasado unos días calificabas del uno al diez si te había gustado.

Hoy llegó mi paquete. Como era habitual solo ponía el membrete de la empresa y mi dirección nada más.

Sentí el cosquilleo en mis dedos. Lo llevé a la mesa del salón, lo sopesé, no me atreví a agitarlo por si estropeaba el interior. Tras un suspiro me decidí a abrirlo. Papel marrón aséptico, forma cuadrada.

En el interior una caja cuadrada, claro era obvio. La cuestión es que... era como de plástico, no vi como abrir aquello ¿Ya está? ¿Esto era todo? ¿Un cubo de plástico cuadrado? ¿Y si que había alguna forma de abrirlo?

Probé a apretar con los dedos, los laterales, las esquinas... nada. Me quedé mirando el objeto con cara de consternación. No podía ser... menudo desengaño. Un timo. Decidí dejarlo allí y seguir con mis cosas.

Al cabo de un rato algo me llamó la atención por el rabillo del ojo. Una luz. Me giré, y me quedé pasmado al ver que el cubo había comenzado a refulgir. Acerqué la mano para comprobar si estaba caliente no.

- Joder... - Susurré – Al menos sirve para hacer luz – Me lo llevé a la cocina y seguí fregando los cacharros, quería tenerlo cerca y comprobar si había alguna otra transformación. Y así fue, al cabo de unos minutos comenzó a vibrar – Esto era alucinante, pero me comenzó a preocupar. ¿De verdad era seguro?

Dejé lo que estaba haciendo, me senté junto al cubo, como quien mira el televisor. Habría que tener paciencia. Y sí, mi actitud dio sus resultados. Se escuchó una voz femenina salir del objeto - Inicio de la cuenta atrás. Diez, nueve, ocho...

Me alarmé ¡La cuenta atrás para qué! ¿Iba a explotar, a despegar, a hacer algo? No supe qué hacer, no iba a arrojarlo por la ventana ¿O sí? No, le podría caer a alguien a la cabeza. Me levanté – siete, seis, cinco...

No me atreví a tocarlo, las manos me sudaban, me alejé. Me quedé junto al marco de la puerta - Cuatro, tres, dos...

Bueno, pase lo que pase ya es tarde para huir – uno... - Entrecerré los ojos

- El sistema ha sido armado. No mueva el producto o hará detonación. Para desactivarlo tiene que conseguir que se subscriban diez personas más a Inventos Inc, antes de diez días. Gracias por su colaboración.

29/10/2017

Fuente imagen: http://www.dressityourself.co.uk/hire/packages.html

domingo, 26 de noviembre de 2017

Un viejo amigo



- ¡Roberto! ¡Cuanto tiempo! ¿Cómo te va? Joder… como pasa el tiempo. Se te nota en las arrugas. ¿La vida no pasa en balde eh? Ja, ja, ja Pero tío… ¿Qué ha pasado con tu pelo? Con esa melenaza que tenías, me acuerdo de cuando te ponías gomina y presumías de ella ¿Y esa barriga que te ha salido? La cervecita ¿Eh? Ja, ja, ja. Joder macho ¿Ya no llevas el anillo de casado? ¿Y esos críos son tuyos? ¿¡Tres!? ¿Y ese bastón? ¿Acaso también estás jodido de la espal…? ¡Eh… espera! Donde demonios vas con el bastón. ¡Esperaaaaaaaa! -

14/09/2017

domingo, 19 de noviembre de 2017

De sol a sol



Juan Enriquez trabajaba con tesón en el campo, mimaba sus arbolitos y les realizaba todos los cuidados necesarios. La poda en el crudo invierno. Los riegos de primavera. Los tratamientos en el caluroso verano. Y la dura pero gratificante recolección de frutos en otoño.

Todo eso cambió el día en el que al llegar como cada mañana en su bicicleta, se encontró con su casita de aperos abierta. Se le cayó el alma al suelo. De sus herramientas no quedaba nada. Solo un martillo doblado y oxidado. 

Aquello era un desastre total para la ajustada economía de Juan. Le costaría una fortuna tratar de conseguir de golpe las mochila de pulverizar, las azadas el pico… y un largo etcétera que se había comprado a lo lo largo de los años y que ahora se habían esfumado de un plumazo.

Se sentó en el suelo y allí se echó a llorar. Ni los ángeles, ni ningún ser divino, se apiadó del pobre y trabajador Juan. Que se preguntaba, porqué había sido castigado de aquella forma. 

Al hombre ya no le quedaba familia, el campo era su hijo, al que ahora se veía incapaz de mantener. Tuvo que vender el campo. Y como ocurre en estos casos, cuando lo que te llena el alma desaparece, el cuerpo se marchita. Juan murió un mes mas tarde. 

12/09/2017

domingo, 12 de noviembre de 2017

La nota


“...Si quiere volver a verla, ingrese la cantidad en la cuenta 
indicada”

Así finalizaba la nota. La arrugó, maldijo algo ininteligible y la arrojó al suelo.

No habían palabras para describir la angustia que sentía. Tenía el estómago revuelto, con ganas de devolver. Pero es que ahora solo dependía de él mismo. Acostumbrado a tener su apoyo, ahora tenía que hacerse el ánimo. No había alternativa.

¿De dónde iba a sacar tanto? Sus cuentas no es que fuesen abundantes precisamente. Pensó en hacer alguna barbaridad, en infringir la ley. Pero no, hacerlo sería ponerse a su mismo nivel. Sintió vértigo, la iba a perder. 

Puso la televisión con intención de distraerse, pero su mente estaba en otro lado. No se centraba en nada. Miró de nuevo aquel papel arrugado del suelo. Tal vez se le escapó algo, tal vez hubiese algún resquicio. Recuperó el papel, lo leyó de nuevo, no, no había nada a lo que poderse agarrar.

“Estimado cliente, el próximo 31 de diciembre finaliza el periodo gratuito de prueba de nuestro canal de pago por visión. Nuestra emisión le espera. Si quiere volver a verla, ingrese la cantidad en la cuenta indicada”

08/09/2017

domingo, 5 de noviembre de 2017

El final de la cuenta atrás


Había llegado el gran día. Para lo que me había estado preparando tanto tiempo. El culmen de mi carrera profesional.

Habría muchas personas pendientes de mi, a través de sus televisiones. Estaba previsto que la cuenta atrás sería el momento más visto de la televisión en muchos años. 

Me vestirían, me ayudarían y sería tratado como un bebé en brazos de su madre. Pero aquí cada uno tiene su misión. Y yo, por supuesto, también tenía la mía. 

Avanzo lento, me colocan en el habitáculo. Sonrío, esto va a ser genial. El día más feliz de mi vida. El día en el que yo, el asesino en serie más famoso del mundo, sería ejecutado en la cámara de gas.

05/09/2017

Fuente imagen: http://www.pczeros.net/2011/05/reloj-cuenta-regresiva-para-blogger.html

domingo, 29 de octubre de 2017

El árbol de la vida


Hay momentos en los que claramente decides tu futuro. ¿Ciencias o Letras? ¿Universidad o Trabajo? ¿Chica rubia o chica morena? 

Cada uno de estos caminos, abre a su vez muchos más, como las ramas de un árbol. O mejor aún, como sus raíces. Que se entierran en el suelo en busca de agua y nutrientes.

Todo esto, todas las decisiones de nuestro pasado definieron cómo y quiénes somos. ¿Y si pudieses hablar a tu “yo” de hace veinte años? ¿Cambiarías algo? ¿Te enviarías algún mensaje? 

El caso es que no se puede. Hasta que no inventen la máquina del tiempo. Pero siempre nos quedará aquello de… ¿Y si hubiese escogido distinto? Tal vez ahora sería millonario, o más feliz, o tal vez estaría ya a dos metros bajo tierra. 

A veces… Estas decisiones no son tan evidentes. Y son las que más duelen. ¿Y si le hubiese llamado para decir “Te quiero”? ¿Y si le hubiese dicho que no saliera de casa aquel día? 

El árbol, el árbol algún día acabará viejo y seco. El árbol morirá, dejando en su silueta, en las grietas de su corteza, el recuerdo de lo vivido ¿Y lo mejor? Lo mejor es que sus hojas secas abonaron la tierra, su oxígeno dio aire fresco a la mañana. Y su sombra y su tronco cobijaron a multitud de seres ¿Lo sabe el árbol?

04/09/2017

domingo, 22 de octubre de 2017

En el hospital



Solo se escucha un pitido de vez en cuando. También el sonido de la máquina que te ayuda a respirar. Rodeado de tubos y cables. Es… desgarrador verte con todo eso enchufado al cuerpo.

Cojo tu mano, la acaricio. No estoy segura de que puedas sentir la mía, ni de si me escuchas. Una lágrima resbala por mi mejilla. No las puedo contener, a esa la siguen otras. Me río de forma estúpida al recordar que nunca me gustó que me vieses llorar. Y aquí estoy. Daría cualquier cosa porque estuvieras bien.

Ahora, ahora que no puedo hablar contigo, me gustaría decirte tantas cosas… Me gustaría que estuvieras bien para darte tantas caricias… Dime ¿Estás ahí? Poso mi mano cerca de tu corazón, cierro los ojos. Te oigo, tu corazón aún me habla. 

Miro hacia la puerta, no hay nadie.  Me acerco a ti. A tus labios. Te beso. Ese beso que siempre me negaste, nunca quisiste pasar de una amistad. Y aquí estoy, la única que te ha amado de verdad. Velando tu inconsciente cuerpo en esta habitación del hospital. Siempre te amaré.

01/09/2017

Fuente imagen: http://www.infosalus.com/asistencia/noticia-extubaciones-nocturnas-pacientes-uci-asociadas-mayor-mortalidad-20160519071833.html

domingo, 15 de octubre de 2017

En la fría Navidad



Aquel año aprendió lo frías que podían ser las Navidades. Y eso que al principio no lo parecían.

Risas, amigos, el amor… Todo parecía un sueño hasta que de pronto se torció. Un gesto sin importancia acabó en enfado, el enfado que podría haber quedado en nada, se convirtió en silencio. En distancia. La amargura no tardó en hacer acto de presencia.

La noche que tenía que haber sido de risas se convirtió en el más grande de lo nudos en el estómago. Ya nada podía salvar la noche, solo quedaba dormir.

A la mañana siguiente recibió una llamada. Para hablar. Era lo justo, él estaba dispuesto a disculparse. Ella insistió en ir a su encuentro. Él aceptó. En cuanto vio su rostro, supo que no pintaba bien. Cara desmaquillada y de haber dormido poco. Se preparó para la fatal noticia.

Puso cara de compungido - ¿Si? - Y esperó la sentencia mortal.

Ella suspiró. Lo miró a los ojos, con lágrimas al borde de sus párpados. Le dijo… - Estoy embarazada 

30/08/2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Un segundo



Su madre sermoneándole, es su primer recuerdo. Tan borroso como una vieja fotografía que se deshace en las manos, convirtiéndose en polvo. 

Acariciando a un perrito. Momento en el que confiado con su padre, visita a sus familiares. El olor a naftalina de la ropa de su abuela. 

Travesuras con su primo. Incluso alguna gamberrada. Ruborizarse por la mirada de una chica. 

El primer orgasmo. El primer amor. Un beso bajo la lluvia. Cuando la lluvia no importa, es que algo especial ocurre. 

El frío que cala los huesos en el hospital. El peor vestirse, negra ropa y negra el alma por el luto. 

Las campanas de la boda. El llorar de un niño. Ilusión y viajes. Gritos y llantos. Alma desgarrada. 

Un nuevo amor. Retos y superación. Encontrarse a uno mismo. 

Las canas, el frío en los huesos, no perder la ilusión.

Los nietos, la familia, las charlas al sol del invierno, la compañía.

Y ahora en el lecho de muerte, sonríe al ver todo esto pasar ante sus ojos. ¿Cómo no hacerlo? Tan preocupado que estaba por este momento, creyendo que sería amargo… Y ahora se da cuenta, satisfecho, que no fue una vida perfecta, pero fue la suya. Digna, y puede decirse que… Mereció la pena.

29/08/2017

lunes, 2 de octubre de 2017

Femme Fatale



Una mano femenina se posó en su hombro. Se giró para verla. Portaba uno de esos sombreros enormes, negros, con un velo que cubría su rostro. Al otro lado: una peca, unos labios con mucho carmín y una afilada sonrisa. De la que es conocedora del poder que ejerce a cuanto rodea. Tan frágil, y a la vez tan poderosa.

Un largo vestido negro, ajustado a su sinuosa silueta marcaba todas sus curvas, hasta las más pequeñas. Existen acantilados menos peligrosos.

El detective se estremeció. Consciente de que no podría ofrecer resistencia alguna. Por ella vendería su alma al diablo, esperó en silencio, sin aliento.

A ella pareció agradarle la visible turbación que causó en el hombre. Su sonrisa se amplió. Entreabrió los labios, pestañeó – Detective – Dijo al fin, con voz seductora - ¿No se acuerda de mi? Lo visité el año pasado, en el hospital – Aguardó unos segundos antes de seguir hablando – Me dijo que tenía que solucionar ciertos asuntos, que necesitaba más tiempo antes de entregarse a mi... 

La mujer levantó su velo, acarició el rostro del hombre. Sus labios eran tan atrayentes… - Ya no puedo esperar más - Lo besó. Como dos enamorados, como quien ya conoce a la perfección al otro y unen sus almas en ese gesto tan íntimo.

El detective no hizo nada por resistirse, y aunque había comprendido, se entregó totalmente. Aquel beso que le quitaba el aliento. Y vaya que se lo quitó, su corazón quedó paralizado y su cuerpo inerte cayó al suelo.

28/08/2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

Diario de a bordo



Día 14

Llevamos dos semanas atrapados en el hielo del ártico. Se nos acaban los víveres. Ya no sabemos que hacer.

Al menos el propio navío nos ofrece refugio. Pero nuestra situación es desesperada. Los compañeros han comenzado a escribir cartas de despedida. Se despiden de sus familiares, con la esperanza de que algún día nos encuentren, y aunque muertos, puedan saber de nuestro final.

Supongo que estas letras son mi despedida. Soy el capitán y el peso de la responsabilidad me ahoga. No me han echado nada en cara. Pero no puedo evitar pensar, que tal vez, con un rumbo distinto, todo hubiese sido distinto.

Tengo una pistola, y la habría usado para quitarme la vida. Pero no quiero fallar a los míos, dejarlos colgados sin luchar. El capitán ha de ser siempre el último en abandonar el barco. No puedo fallar a los míos.


Día 19

Hemos encontrado el cuerpo de Fer. Fue tan insensato de salir solo para intentar cazar algún oso polar. Pobre, al menos ya descansa en paz.


Día 23

Rob y Sal han caído en una grieta. Iban atados con una cuerda, pero el peso de uno arrastró al otro. Oímos lamentos de uno de ellos, pero no tenemos modo de rescatarlo. En mi mente aún oigo los gritos, creo que me voy a volver loco.


Día 24

Los gritos han cesado. Descansen en paz.


Día 27

Me siento agotado. Ya casi no tengo fuerzas para escribir. Tan sólo quedamos Jua y yo. Vamos a echar a suertes quien se suicida. El otro comerá su carne. Pero no puedo permitir que él pierda. Voy a usar la pistola, llegó el momento, estoy preparado. Espero que me perdone mi familia y que Dios se apiade de mi alma. Ojalá Jua tenga una oportunidad.

...
...

Jefe de operación de rescate.

Encontramos el navío. Los restos mortales del capitán en su camarote. Presenta una herida de bala en la cabeza. En la bodega el cuerpo de Jua, se ahorcó con una cuerda. Por lo visto ambos se suicidaron para ayudar al otro, desconociendo la decisión del otro. Si tan solo hubiesen resistido un día más...

10/08/2017

domingo, 17 de septiembre de 2017

La soledad


La soledad, la soledad. Que fácil se escribe, pero que difícil es entender en profundidad su significado. Me río yo de los que dicen que se sienten solos entre la multitud ¡Dadme esa multitud a mi! Ojala la tuviese para no volverme loco. Creedme si os digo, que me bastarían cinco minutos para entablar amistad con alguien. ¿Acaso no buscamos todos lo mismo?

La soledad. Después de haber pasado por amigos imaginarios, haber tenido conversaciones conmigo mismo ¿Qué me queda? Solo la locura. Hablo con todo, con las piedras, con las plantas, con el mar. ¿Me creeríais si os digo que el mar habla? ¡Ya lo creo! Ruge cuando está enfadado, tiembla de frío cuando llueve y susurra pícaro cuando está en calma.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. He perdido la noción del tiempo. ¿Acaso no estuve aquí una eternidad? ¿Y el destino? El destino es cruel. Hoy he recibido una carta, venía dentro de una botella, el mensaje que contenía lo mandó algún naufrago hace años. Ojala pudiese ayudarle. Ojala pudiese comunicarle con él y decirle, que no se moleste en escribir con su propia sangre. Que esa botella le sería cruelmente devuelta unos años después.

07/06/2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

Historias incompletas


Un señor por la calle, paseando un perro. Nada raro ¿Verdad? ¿Y si te digo que al día siguiente, a la misma hora, hace lo mismo? Menos aún, debe de ser su rutina. Como este, podía dar muchos ejemplos, gente que a la misma hora hace lo mismo. Como un instante congelado en sus vidas.

Un pobre rebuscando en los contenedores de la basura. Una mujer que a duras penas puede levantar la persiana de una tienda para comenzar a preparar las cosas. Un grupo de señoras mayores que tratan los temas más sórdidos en el mismo vagón del metro. No era nada difícil enterarse que todas trabajaban como limpiadoras, y una de ellas, bajaba siempre en la misma estación, antes que las demás.

Hasta el día que se me olvidó poner el despertador y salí disparado de la cama, hacía tarde al trabajo. Lo que no esperaba encontrarme, era con la continuación de aquellas historias. Esos instantes congelados eran más bien películas que se repetían una y otra vez.

Me encontré con el señor que paseaba el perro en el parque, donde lo soltó, para que el animalito estirase las patas. 

El pobre del contenedor, que salía de la tienda que había abierto la mujer, con una cartón de vino barato. 

Pero lo más extraño, es que vi a la señora mayor que bajaba antes, esperando el metro en sentido inverso, de vuelta. Aquello me dejó intrigado, pero ahí quedó la cosa, almacenado en algún rincón de mi memoria.

No fue hasta unos meses después, el día en el que el sótano en el que trabajo quedó inundado y nos mandaron a casa, cuando vi la tercera parte de aquella historia. La misma señora, la que hacía unos minutos venía hablando de las ganas que tenía de que fuera viernes y lo duro que es el trabajo de limpiar. Hablando con otras señoras, de las ganas que tenía de que fuera viernes y de lo duro que es trabajar... en un almacén de frutas.

14/05/2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

Un día de playa



Los veranos eran sinónimo de playa. En aquella época íbamos con unos familiares, mis tíos y uno de mis primos. Al ser de la misma edad, me juntaba bastante con él. Ambos adolescentes, con eso lo digo todo, mil y una tropelías hicimos.

Aquel día fuimos a una playa no muy bonita, tenía alguna algas y se creaban muchos charcos en la arena. Pero era una playa bastante desconocida para nosotros y eso la hacía atractiva. En general, a mi primo y a mi, nos gustaba explorar y desaparecer de la vista de nuestros padres.

No recuerdo que estábamos haciendo, ni quien de los dos los vio primero. Pero si bastante bien lo que ocurrió después. A unos cincuenta metros mar adentro había un par de niños, de la mitad de nuestra edad, agitando las manos en el aire. Pero no parecía real, debía de tratarse de una broma, estas cosas solo se ven por la tele. Miramos alrededor y no vimos a nadie más adulto o nadie que se hubiese dado cuenta. Nos miramos los dos y con eso bastó.

Teníamos la playa y el mar muy conocido y para nosotros la distancia no era nada del otro mundo. Al llegar nadando, nos dimos cuenta de que no era una broma y los niños no hacía pié. Cada uno de nosotros se encargó de ayudar a uno de ellos, creo recordar que hablaban en otro idioma. Cuando llegamos a la arena soltaron unas palabras debían de ser de agradecimiento y los perdimos de vista. 

No hubo ni aplausos, ni felicitaciones, ni nadie más que presenciase aquello. Siempre me quedará la duda de que habría ocurrido si no hubiésemos estado allí. Pero mejor no saberlo, por dentro ambos quedamos satisfechos y con eso basta. Quizá y solo quizá, puede que sea de lo mejor que hayan hecho esos gamberros adolescentes que entonces éramos.

Marzo 2017


martes, 29 de agosto de 2017

Mensaje


Le cambió la cara por completo. Cuando lo sintió vibrar, su rostro frío y serio se transformó en  sonriente. Con un brillo especial, como con luz propia. No se había sentido así desde la primera vez que se enamoró.

Había recibido otro mensaje, de él. Miró el teléfono móvil como quien mira con cariño a un bebé. Sus dedos impacientes se afanaron en responder. Se sentía nerviosa y con la respiración acelerada. El texto que escribió rezaba “¿Esas fueron sus ultimas palabras? Ya no volverá a hablar ese canalla, buen trabajo”

14/12/2016


sábado, 19 de agosto de 2017

Estación de paso



Bueno, ando de regreso de a poco. Tenía mono de actualizar mi blog, así que adelanté mi entrada. Tengo ganas de escribir, de crear historias, las vacaciones me están cargando las pilas. 

Estación de paso

Llegó a la estación un tren que lo dejó con la boca abierta. Verde oscuro, con una franja amarilla que lo cruzaba por la mitad. Hacía décadas que no veía uno así. Además era precioso, estaba tan cuidado que parecía nuevo.

Subió y siguió disfrutando. Tenía una sensación de retorno a la infancia. Con aquellos asientos de cuero marrón, las plataformas en medio de los vagones, las ventanillas que se podían bajar...

Recordó cuando se podía fumar en ellos. Era bastante molesto pero formaba parte de aquello ¡Hasta en los reposa brazos había un cenicero!

Tomó asiento y sintió crujir el cuero bajo su trasero. Al poco, una extraña mujer se sentó enfrente.

- ¿Impresionado? - Le dijo

Por un momento dudó si le preguntaba a él, pero claro, allí no había nadie más – La verdad es que si ¿Usted ya sabía que iba a venir uno de estos? - Le comentó refiriéndose al tren.

La mujer esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza – Claro, hemos hecho todo esto pensando en usted

- ¿Perdón? - Preguntó confundido.

- Lamento que tenga que enterarse así, pero normalmente buscamos un recuerdo agradable y tranquilizador en la memoria del fallecido para su marcha al más allá -

09/12/2016

Fuente imagen: https://www.trenvista.net/videos/de-espana/page/2/

domingo, 16 de julio de 2017

Primera visita con mi forense


No es cierto que la vida se apague al detenerse el corazón. Pero tampoco hay túnel, ni hay luz al fondo, y por desgracia tampoco angelitos que te lleven a las puertas de San Pedro.

Solo hay... paz, calma. Es como ver el mundo a través de un cristal empañado. El espíritu o alma, flota a unos centímetros del cuerpo, eso si lo acertaron algunos. ¿Y ahora? Pues no ha mucho que hacer, solo contemplar lo que sucede. 

Recuerdo mis últimos días, el estress, los dolores de cabeza ¡Qué ganas de complicarse la vida? ¿Todo para esto? Para qué… eh… ¿Qué sucedió? Sé que iba por la calle, con mi maletín, con las prisas y el café ardiendo aún en la garganta. De pronto una mano con pañuelo, cubrieron mi boca y nariz. Luego ya nada, hasta ahora.

Escucho la puerta. Una luz se enciende. Entra un señor con una bata blanca ¿Un medico? No… debe de ser el forense. Ah. Tal vez él me pueda aclarar lo sucedido, voy a prestar atención a ver si me entero.

Retira la sábana, mi cuerpo queda descubierto. Por Dios, se me ve todo, que me cubran un poco… En fin, la pérdida de dignidad que uno tiene que aguantar. Coge una herramienta ¿Eso es una sierra? ¡Está loco! ¿No irá a hacer…? ¡Oh no! ¡No puedo mirar! Creo que voy a…

Uff, menos mal que ya no tengo estómago. Prácticamente me ha abierto en dos. Ahora coge una pinzas y algo parecido a un bisturí. Corta algo.

- Aquí está -

¿Qué? ¿Qué es lo que está?

- Lo que cuesta encontrar unos riñones sanos. Cincuenta mil por cada uno. Cien mil por el corazón. Je, je, je con este incauto me voy a forrar, mereció la pena el riesgo de cargárselo

¡No es un forense! ¡Es… mi asesino! ¡¡Es mi asesino!!

12/07/2017

Este es el fruto de aceptar el reto de mi amiga que se autodenomina "guadiana" jajaja Bueno, espero que el resultado sea digno :) Aprovecho para comentar que bajo la persiana del blog hasta finales de agosto o principios de septiembre. Una pausa necesitada para ver si refresco ideas, despejo mente y bueno, disfruto un poco. ¡Feliz verano a todos! :D

Fuente imagen: https://spanish.alibaba.com/product-detail/led-operation-theater-ceiling-lights-operated-led-ceiling-light-led-operation-theatre-light-60199962240.html

domingo, 9 de julio de 2017

Desconocidos


Se decidió a ir a aquel encuentro con desconocidos. Tal vez era una salida a la soledad. Ya se sabe, gente por las calles, gente por todas partes… pero al mismo tiempo cuanta soledad.

Desde el primer momento sintió que allí no encajaba. Uno que parecía muy gamberro otro que parecía un bicho raro, muy refinado. Entonces llegaron las mujeres y la situación en vez de mejorar empeoró aún más. Moscones y Don Juanes lanzados a la conquista y las mujeres se dejaban adorar. 

El ambiente entre risas, distaba mucho de ser agradable, era más bien era agresivo. La noche se fue prolongando y las mujeres dieron largas a todos, hasta los que creían que iban a triunfar. Pero de todos ellos nadie regresó a casa, yo los libré de su soledad y sufrimiento. Ahora hacen compañía a las flores del cementerio.

05/12/2016

domingo, 2 de julio de 2017

Vecinos V y último.


La vida no es una rueda. La vida es una espiral que gira cada vez más rápido, hasta que acabas en el hoyo. Es por ello, que hay que aprovechar las cosas buenas que te ofrece la vida, y a veces, las mejores vienen como por casualidad.

Descubrir a Charlotte fue una de esas cosas. Podría haberme mudado a otro piso, o podríamos habernos mantenido como vecinos distantes. Pero la chispa había saltado, el pequeño milagro había ocurrido. Y desde entonces nuestros encuentros se volvieron frecuentes, pero casi como casuales. Lo bueno es que no había nada pactado o forzado. Las cosas fluían.

Con cierta frecuencia compartimos piso. Ya no sé donde tengo la ropa. Que si los calzoncillos están en el suyo, los pantalones en el mío. Sonrío al ver aparecer un sujetador debajo de mi cama o cuando se vuelve a su piso vestida con una de mis camisetas.

Pero lo que no me pasó desapercibido ni confuso, fueron “aquellos” calzoncillos. Al verlos supe de inmediato que eran mi famosa prenda desaparecida. Mientras ataba cabos en mi cabeza la miré. Ella bajó la vista… ¿Ruborizada? Me hizo tanta gracia y la vi tan mona, que en ese momento me di cuenta de lo que sentía por ella. Pero la pregunta era ¿Charlotte sentiría lo mismo? Lo dudaba, no daba muestras de ello.

Una mañana me llamó para desayunar. Hizo aquel gesto de recogerse el pelo que alzaba sus puntiagudos pechos al cielo. Ese gesto que marcaba sus pezones a través de su ropa. De una camiseta que rezaba “Puedo satisfacer todos sus vicios” – Joder… - Murmuré ante dicha visión y acudí raudo a su encuentro.

Besos, caricias, pero sobretodo miradas cómplices. Me propuso un plan y pensé “Mierda, justo esta tarde” Puse una excusa. Estar con ella estaba bien, pero me sentía emocionado con lo que había pensado hacer. Tiempo habría para ir a una exposición de esas. Por contra le dije de quedar esta noche, cuando ya estaría libre, y esta vez fue ella la que rechazó. En fin, resignación.

Horas más tarde, en el centro comercial, cuando iba a recoger lo que había encargado, me quedé pensando. ¿Se habría decepcionado cuando le dije que no podía? Me hubiese gustado verle la cara cuando abriese el paquete, pero tuve uno de mis impulsos y le mandé una foto con lo que le iba a comprar, antes de que lo envolvieran.


domingo, 25 de junio de 2017

Vecinos IV


Escuché los pasos que indicaban que volvía a entrar en la habitación y con ellos un olor a café. Me arrebujé de nuevo en las sábanas. Me encontraba de lado por lo que le daba la espalda. Aún debía de quedar ese espacio libre por donde me había pellizcado el trasero, un punto débil en la solida defensa que me ofrecía la ropa de cama.

Estaba de lado por lo que no le vi la cara. Pero sentí su peso hundir el colchón y su calor cuando se pegó a mi espalda. Mis ojos se entornaron y traté de mirar por el rabillo del ojo, pero no alcancé a verlo bien.

Entonces me digo aquello y sonreí cómplice. Me sentía temerosa y al mismo tiempo dichosa. Curiosa mezcla. Sentí sus labios acariciar mi cuello. Entrecerré más mis ojos, mis defensas se estaban desmoronando.

Por alguna razón me acordé de sus calzoncillos, los que no le devolví. Ahora serían un trofeo… un trofeo robado. Una de sus manos se encargó de devolverme al presente, estaba tratando de averiguar, con la mano, mi talla de sujetador. Me removí nerviosa. Y por fin me di media vuelta para mirarlo a los ojos.

Traté de poner cara seria, ligeramente enojada. Él se asustó un poco por mi reacción pero entonces no pude más y me entró la risa tonta. Me estiré sobre la cama como una gata y mis brazos se enroscaron en torno a su cuello. Busqué su boca y lo besé. Me acordé de su sabor de anoche, ahora con menos alcohol y más… “él”. Lo miré y le hice un par de caídas de pestañas. Reí de nuevo, había dejado atrás aquel temor. Prefería tener la sartén por el mango, literal y figuradamente.

Me mordí el labio y lo empujé para terminar encima de él. A horcajadas. Miré a su entrepierna, lo miré a él levantando una ceja. Comencé a frotarme, provocándolo para ver hasta donde era capaz de llegar. Y como no, reaccionó. En sus brazos me podía manejar con facilidad. Quedé de nuevo debajo, se colocó entre mis piernas y no tardé en sentirlo dentro.

Me agarré a sus hombros y un gemido se escapó de mi boca. Al mismo tiempo una especie de silbido se escuchó a lo lejos. Dijo algo de la cafetera, a lo que le repliqué – Ni se te ocurra parar ahora – Y… no me decepcionó.

Él – pinchar aquí -

Junio 2017

domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III



Leer a ella primero... -pinchar aquí-

Me miró un poco raro, de reojo mientras pasó junto a mi. Sonreí al percibir su decisión al entrar en mi casa, aunque me pareció notarla temblar. Mientras yo cerraba la puerta, ella se descalzó e inspeccionó el salón con la mirada. Prácticamente con la única luz del televisor. Será mejor darle de beber antes de que se dé cuenta del desastre que soy, pensé antes de decir – ¿Te pongo una copa ?

Ni esperé respuesta, fui a la cocina a por otro vaso. El instinto me llevó a mirar a la ventana de mi vecina, ahora a oscuras, su propietaria ahora estaba en mi casa. Desde aquí recordé sus pechos desnudos, recordé... Escuché que me llamaba - ¡Voy! 

Pasé fugazmente por el baño, y me puse colonia de la buena en abundancia. A ver si así compensaba un poco, el hecho de que no me hubiese preparado para la ocasión. Volví al salón y en nuestros gaznates cayeron algunas copas más. Al cabo de unas horas, me comenzaba a notar espeso y no quise tomar más. Ella se tomó aún otra. 

Ninguno de los dos le hacía caso al televisor. Me consideraba con facilidad para llevar la iniciativa en la conversación, y es por ello, que sin que se diese cuenta, comenzamos a hablar de temas íntimos, picantes. La finalidad estaba clara, aumentar su libido.

La chica resultó ser maja, pero sobretodo estaba buena. Acabamos sentados en el suelo, ella en postura un tanto indecorosa, pero no me iba a quejar. Ansiaba poder acariciar con mis dedos, lo que de tanto en tanto acariciaba con la mirada.

Aproveché un momento de risas, con una de mis exageraciones, para sellar sus labios con un beso. Era el momento crucial, donde te abofetean o triunfas. No percibí el latigazo en mi mejilla así que o estaba anestesiado por la bebida o… Si, sentí en mi boca un gemido ahogado. Esto ya no había quien lo parase.

Mis manos recorrieron sus muslos y levantaron su vestido para alcanzar… Sonreí mientras la besaba de nuevo, al apreciar que no llevaba sujetador. Ambos parecíamos tener prisa por despojar al otro de su ropa. No sé ella, pero a mi, no llegaba la hora de poder recorrer su piel.

Una vez en pelotas la llevé en brazos hasta mi cama. Allí la dejé tumbada, amasé sus pechos, los besé, mis labios bajaron por su vientre y cuando se fueron acercando a su pubis… escuché un sonido extraño. Alcé la mirada por encima de su cuerpo y me di cuenta de que se había dormido. Miré de nuevo su sexo y de nuevo su rostro – No… joder…

Me aguanté la tentación y las ganas. No quería que me acusaran de violación o algo así, la tele está llena de mierdas de esas. Resoplé y me fui al baño para darme una ducha fría, mañana sería otro día, y quien sabe...

Junio 2017

domingo, 11 de junio de 2017

Vecinos II


De vez en cuando me regalo un fin de semana. Cuarenta y ocho horas de no hacer nada. Bueno, siempre hay algo que hacer o uno moriría de hambre. Pero si con el teléfono móvil aparcado, televisión encendida y que impere la ley del mínimo esfuerzo. Una vez al mes, es algo que te recarga las pilas.

Uno de mis pecados es automedicarme con un par de copas y aprovechar esa falsa euforia que provocan. Quizá para no pensar demasiado en las cosas que me faltan. O quizá, simplemente, para pasarlo bien.

Iba a por la segunda “Clonk, clonk” sonaron los hielos en el fondo del vaso. Entonces escuché algo que me llamó la atención. Es curiosa la acústica del patio, que hace que lo de enfrente se oiga todo. Me quedé quieto y afiné el oído. ¿Sollozos, lamentos? Me acerqué a la ventana.

Allí estaba aquel gato, seguro que ya se le había escapado de nuevo a la del tercero. Debía de estar en celo o algo. Me fijé en el interior de la ventana de enfrente. Allí estaba la vecina. Vestida, es lo primero que lamenté. Lo que desde aquí no podría apreciar, era si habían lágrimas, pero si la escuché sorber por la nariz, de lo que deduje que la que maullaba, quiero decir, la que lloraba era ella. Fue solo un momento ya que desapareció de mi ángulo de visión.

Aún sigo sin saber muy bien porqué lo hice. Bueno, seguramente la primera de las copas me dio un empujoncito. Agarré una de las flores que me trajo mi madre en su última visita. Siempre me trae alguna cosa. Insiste en el que el piso es soso y que faltan detalles. - Paparruchas - me digo yo. Pero me toca aceptarlas por no hacerle un feo. Además, cuando vuelve, si no lo ve, se siente ofendida.

Total. Agarré la flor, la colgué del tendedero con un par de pinzas y corrí el hilo para acercarla hasta su ventana. Me quedé mirando mi obra maestra y pensé - Muy bien, listo. ¿Y si no se le ocurre tender hasta dentro de dos días? Verá un puto tallo marchito y pensará que tiene un vecino que está mal de la regadera. Vale, pues carraspearé para llamar su atención... No. Cantaré... peor. Joder, pues lo dejo estar, y si mañana aún está la flor en el mismo sitio, la recojo y aquí no ha pasado nada.

Me sonreí a mi mismo y seguí con mi conversación interior – Ya sabía yo que eres un tipo listo. Ala, al sofá y a relajarse un rato – Cogí la bebida y marché en dirección a la poltrona.

Unas minutos después “Ding, dong” Sonó el timbre. Me quedé mirando en dirección a la puerta desde mi posición, plantándome que hacer. Al final me puse una camiseta y me acerqué a la puerta para abrir.

Tuve que parpadear dos veces. Aquí delante de la puerta estaba la vecina. Llevaba un vestido negro, ajustado que marcaba todas sus curvas. La mayor parte de sus piernas también quedaban al descubierto más abajo.

“¿Todo esto por la flor?” Pensé mientras sonreía. Pero tenía algo tintineante en las manos, mis llaves. La sonrisa se me borró un poco – Ah… ¿Y el cartel de pueden pasar a robar también lo he dejado fuera? - Miré mi puerta desde afuera, para dar más énfasis a la broma que brotó de mis labios con facilidad. Como si eso fuese a mejorar la situación. Ella hecha un pincel y yo un desastre. Aún así había algo misterioso en su mirada.

Se quedó parada. Con una copa me atrevía a hacer alguna cosa, con dos ya no tenía frenos - ¿Quieres entrar y tomarte una copa?

Comenzó a balbucear alguna excusa, pero yo insistí. Se miró el reloj y… Joder, aceptó.

06/06/2017

Ella... - pinchar aquí -

jueves, 1 de junio de 2017

Vecinos



Llevaba unos meses en este piso. No era gran cosa, tenía lo justo, pero al menos era mío. Por fin libre de mis padres. Nadie que me pidiera explicaciones por llegar a las tantas. Donde poder traerme una chica si tenía suerte el sábado. O simplemente devolver agarrado a la taza del WC y pasar así la resaca.

Una de las cosas curiosas, era el tendedero. Surcaba los aires del patio interior. Una cuerda verde, que iba desde la ventana de mi cocina a… la ventana del piso de enfrente. No sabía si era lo normal, pero desde luego no era de mi agrado colgar los gayumbos a la vista de todos. Tampoco podía elegir, era eso o dejarlos mojados en cualquier parte. Así que nada, simplemente esperaba que cada uno fuese a lo suyo, como viene siendo normal en cualquier ciudad que se precie.

Es curioso las cosas que ocurren con lo de tender. A veces se me cae alguna pinza al vacío, de inmediato miro abajo esperando no haberle dado a nadie en la cabeza. Traumatismo por pinza ¿Os lo imagináis? No, es imposible que ocurra algo así, pero mi mente se monta unas películas que no veas.

Hace unas semanas me desaparecieron unos calzoncillos. Estaban tendidos, con dos pinzas como siempre. Cuando fui a recogerlos, simplemente ¡Habían desaparecido! Primero pensé que tal vez una ráfaga de viento ¡¿Pero pinzas y todo?! Eso no podía ser, me hizo sospechar de la vecina de enfrente, con la que comparto cuerda. Pero si era así ¿Por qué no me los había devuelto? Lo que no iba hacer era llamar a su puerta y decirle – Perdona ¿Tienes mis gayumbos? - Seguramente me tomaría por un pervertido o a saber. Bueno, tal vez hayan ido a parar a donde los calcetines desparejados, al Triángulo de las Bermudas, o a un lugar mejor. Tal vez haya un cielo para los calzoncillos. Pobres, seguro que se lo merecen.

Estaba fregando los platos cuando por el rabillo del ojo me pareció ver algo, mi vista se fijó en la ventana de la vecina. No sabía mucho de ella, solo de cruzarnos alguna vez por la escalera. Estaba buena, nada espectacular, pero agradable a la vista y se intuía bajo su ropa un cuerpecillo delgadito pero apetecible. Pero tenía pinta de tener novio. No me preguntéis como lo sé, tal vez un sexto sentido, o simplemente que las tías con carita dulce siempre tienen novio. Lo que si vi bastante bien es que estaba en ropa interior, su piel era blanquita y... joder, como no fijarse.

Entonces se quedó quieta y mirando en mi dirección. Mierda, me ha pillado. Traté de hacerme el despistado y apagué la luz. Aun con el estropajo en la manos de fregar los platos. Me volví a asomar, más que nada para constatar si aún seguía allí o no. Ya no estaba, pero oí la ducha.

Me relajé un poco y volví a los platos. No sé porqué pero seguí a oscuras, con la única luz que entraba por la ventana. Bueno, tal vez si se porqué ¿Para mirarla de nuevo sin que me viese?

Terminé la tarea y fui a secarme las manos, en ese momento vi algo que me dejó con la boca abierta. Allí estaba, de perfil, con una toalla en la cabeza y... ¿¡Nada más!? Sonreí. Me excité pensando en que lo había hecho para que la viera. Una vecina exhibicionista, eso molaba.

Fue solo un instante, pero digno de ser inmortalizado. Al día siguiente me preguntaría si no habría sido todo un sueño. Un sueño que no conseguía quitarme de la cabeza.

Ella... - pinchar aquí -

domingo, 28 de mayo de 2017

Se cierne



Se sobrevenía sobre la ciudad. Majestuoso, inmenso, colosal. Capaz de estremecer a cualquiera que lo viera en vivo y en directo. 

Habría destrozos materiales, heridos, tal vez muertes. Si, seguramente las habría. Nada podría frenar el avance de tamaño fenómeno. Con aquella forma de embudo iba engullendo el mar y pronto tocaría tierra, pobre de aquel que le pillara en medio. Su forma blanquecina se transformaría en marrón y aumentaría su tamaño. Chozas, animales y personas comenzaron a volar por los aires.

Hera sonrió complacida, todo era de su gusto. Enarcó una ceja y miró a su esposo - ¿Veis porqué no tenéis que encapricharos de ninguna humana? Lo hago por vuestro bien. He de recordaros de continuo la mortalidad de vuestras elegidas. Los humanos son tan… volátiles – Rió su propia gracia.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/fotos-meteorologia-foto/fotos-nubes-tormenta___3902

domingo, 14 de mayo de 2017

Tejedor



Terence era un prolijo tejedor de mantas. Y trabajador. Día tras día, apenas paraba para descansar. Tejer es un trabajo que permite pensar, bueno, al menos cuando ya tienes cierta práctica, como era el caso que nos atañe.

Es por ello por lo que la mente de Terence estaba siempre en otra parte. A veces alguien le hablaba y no se enteraba hasta que no le gritaban. Se había ganado la fama de sordo, pero del oído estaba bien, el problema era que estaba ausente. 

El sonido de la agujas repiqueteaba como una musiquilla, hasta tenía ritmo, era relajante. Al margen de sus ausencias de pensamiento, era una persona afable, y bonachón. Por eso nadie comprendió que pudo ocurrir, cuando un día apareció muerto, en medio de un charco de sangre.

El comisario en persona acudió con presteza a investigar como podía haber ocurrido tan horrendo crimen. Examinó el escenario, buscó pistas, preguntó a los sospechosos, hasta que por fin declaró: - He examinado las pruebas y no me cabe duda. A última hora de ayer una de sus agujas enloqueció y se clavó en el corazón de Terence. Era visto que tanto tejer tenía que acabar mal.

22/11/2016

Fuente imagen: http://www.tricotlanfil.es/7-agujas-de-tejer

sábado, 29 de abril de 2017

Salida de emergencia



Se apagó la luz y comenzaron a sonar las alarmas. En una ocasión, hacía mucho tiempo, había realizado un simulacro de evacuación. Pero recordaba perfectamente que lo habían avisado, ahora era distinto, no cabía duda.

Con las luces de emergencia era más complicado, aunque la gente en principio reaccionó bien, sin pánico, aunque intuía que como él, con el corazón en un puño.

Se dirigieron a las escaleras más cercanas, allí la gente se comenzó a acumular al punto que llegaron a detenerse. Susurros, comentarios por la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo. Hasta el típico gracioso con la más disparatada de las hipótesis.

Por el momento no había humo, eso era bueno. Pero de pronto el suelo empezó a temblar. Se escucharon los primeros gritos – ¡Deprisa, salgan de prisa! - Comentó la primera persona al borde del pánico. Por suerte la cola empezó a moverse de nuevo. Lenta, pero mejor eso que estar parados. 

Tras unos agónicos minutos por fin se vio la luz de la puerta de salida, el exterior, el día. 

Pero en vez del día, se encontraron con unos focos que los alumbraban directamente cegándolos - ¡Circulen, no se detengan! ¡Sigan caminando, hay que dejar salir a los demás! ¡Circulen, no pasa nada, sigan caminando!

¿Pero quien hablaba? De pronto alguien le tomó del brazo y le hablaron directamente – Bien. Pero a la próxima se ha de esforzar más con los estudios. ¿Y sabe que traumatizó a su hermano? Ha de ser más empático. No debería haber rechazado aquella oferta de camarero, hubiese conocido a la mujer de su vida. En cambio ha ido de flor en flor… ¿Y profesionalmente? Mediocre, demasiado conformista, podría haber aspirado a más.

Tragó saliva, con la frente sudorosa dijo - ¿¡Pero que es esto!?

La voz carraspeó – Ah, cierto disculpe. Gracias por participar en el simulacro de vida humana, esperamos que haya disfrutado de la experiencia y…

21/11/2016

Fuente imagen: https://es.dreamstime.com/photos-images/muestra-de-la-salida-de-emergencia-que-brilla-intensamente-en-la-oscuridad.html

sábado, 22 de abril de 2017

Flecos



Era una chica de pelo largo y castaño, de veintipocos años. Con algunas marcas en el rostro de acné, pero pese a todo tenía la cara agradable. Se podía decir que era guapa, aunque no cumpliese los estereotipos de las revistas de moda. Desprendía ese aire de ser auténtica e inteligente, viva, perspicaz tal vez.

Lo más curioso era su ropa, normalmente siempre vestía igual. Chaqueta azul marino sobre un jersey de manga corta. Pantalones oscuros que le otorgaban a todo una semejanza a uniforme, sin llegar a serlo. Lo más característico sus zapatos. Azul marino con unos flecos en la parte delantera, sin calcetines. 

A veces podía variar alguna pieza de ropa, pero nunca los zapatos. Siempre los mismos zapatos que habían causado fijación en mí. 

Allí, siempre en el mismo vagón, en el metro de las 07:42. Un día, y otro y otro. Pasaban como las páginas de un libro. Caras de sueño y mis zapatos azul marino con flecos. No necesitaba alzar la mirada, me bastaba con buscar por el suelo aquellos zapatos para saber que todo estaba en orden. El mundo seguía su curso. Todo estaba bien.

De pronto, un buen día, hubo una turbulencia en el cosmos. Aquellos zapatos no estaban, levanté la mirada. No, no estaba la chica de la chaqueta, la que tenía cintas de colores en la mochila. Ni con chaqueta ni sin ella. No estaban sus zapatos y no estaba ella. Desperté, supuso una pequeña conmoción y me pregunté que habría sucedido.

Al día siguiente busqué los zapatos con preocupación, nada, ni rastro. Esto no hizo más que aumentar mi inquietud. 

Pasaron algunos días más. Siempre hay alguien nuevo, pero en el vagón, casi siempre son los mismos zapatos y zapatillas, una y otra vez. Hasta que de nuevo algo me llamó la atención. Una gruesa escayola se unió al festival de calzados. Levanté la mirada en busca de su propietario y el corazón me dio un brinco. Allí estaba aquella chaqueta azul marino con un jersey de color verde claro y unos ojos de similar color que se me quedaron mirando.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://muc1.framepool.com/es/search/tokyo+metro/

sábado, 8 de abril de 2017

¿Todos los hombres son iguales?



Aquella mujer tenía que ser mía, no me la podía quitar de la cabeza. Morena, de pelo largo que caía sobre sus hombros. Un vestido de noche, azul con adornos bordados en blanco nacarado, ceñido a su cuerpo que resaltaba sus curvas.

Con una sonrisa deslumbrante, y un maquillaje bien puesto y no excesivo, que resaltaba sus mejores facciones.

Me acerqué a ella con la intención de invitarla a cenar. Sabiendo que lo mejor vendría después. Cuando desnudase su cuerpo y besara su cuello, justo antes de estrangularla con una soga.

29/05/2016

Fuente imagen: http://www.expogourmetmagazine.com/n-/es/7320/la-mejor-copa-de-champagne-recomendada-por-los-cientificos

sábado, 25 de marzo de 2017

De letras


Como me ponen tus largos y bien puestos párrafos, el trazo grueso de tu letra. La dureza de tus adjetivos cuando expresas tus sentimientos.

Me derrites con tus descripciones y haces que siempre quiera más. Y el tacto, no hay nada como el tacto del papel. Capaz de dañar por filo, pero suave y rugoso a la vez por las caras.

Eres todo un regalo para la vista. Ansío tocarte, olerte, impregnarme de ti y a la vez que me hagas tuya y penetres en mi mente. Y es que, donde haya un buen libro, que se quite lo demás.

13/02/2015

Fuente imagen: https://plus.google.com/106218638101580813679/posts/2KRvqs5ySK3

domingo, 5 de marzo de 2017

El vil metal


No hay como apretarle las tuercas a un tipo. León era uno de los pringados: formal, de vida acomodada…Pero había cometido dos errores; el primero pedirme dinero, el segundo no devolvérmelo a tiempo.

No me suelo apiadar de la gente. Normalmente no me meto en esos berenjenales; o me pagas o te voy rompiendo los huesos uno a uno. Pero en este caso, con León, hice una excepción.

El chupatintas me contó que dentro de un par de días, donde trabajaba, ingresarían en caja el dinero de una importante transacción. Sin guardias. Tan solo una alarma y caja fuerte de tres al cuarto. Pan comido para dar un golpe fácil y rápido.

Y allí estaba yo, enfundado en un pasamontañas y frotándome las manos tras haber entrado por la ventana. Aunque sonase la alarma disponía de diez minutos hasta que llegase la pasma. Me dirigí sin perder más tiempo hasta donde me había dicho que estaría la caja. Escuché una sirena, pero era demasiado pronto para ser yo el causante, será otro su destino, debía de mantener los nervios a raya.

Entré en la habitación y allí solo vi una mesa de reuniones, unas cuantas sillas y un proyector - ¿Y la puñetera caja? - No había cuadros, no había… ¡Ah! Había un armario, me precipité sobre él. No me costó forzar la cerradura, pero no fue el dinero lo que vino a mí. Sino el cuerpo ensangrentado de un tipo, obeso con gafas. Embutido en el espacio que acababa de abrir.

¿Pero qué demonios? - Mientras la sirena se hacía más estruendosa y el coche policial se detenía justo debajo del edificio lo entendí. León. Ese maldito bastardo me había cargado el muerto.

14/11/2016

domingo, 19 de febrero de 2017

Desvelado



Empapado en sudor se despierta. Pero no es solo eso. El ruido. A través de la ventana se percibe una algarabía de personas ¿Qué demonios ocurre?

Se sienta en el borde de la cama y se frota la cara. Le duele la cabeza sutilmente. Mira la hora, las tres de la madrugada – Maldita sea – Piensa para sus adentros. A estas horas y ya desvelado.

Se dirige a la ventana y se asoma. Una “chiquillada”, en este caso, un tumulto de quince o veinte adolescentes en grupo, parecen discutir todos con todos.

En ese momento aparece un coche de la policía – Menos mal – Piensa de nuevo – Por una vez llegan sin que haya que llamarlos.

Pero aquel grupo de jóvenes no parecen sentirse impresionados por la aparición de los agentes de la ley, que siguen discutiendo a lo suyo.

El coche patrulla para delante de ellos y abre sus puertas. Para sorpresa del pobre alma desvelada, de allí salen... ¡Dos adolescentes vestidos de policía! ¿Acaso han robado el coche?

Tambaleándose se dirige al baño, necesita refrescarse la cara. Un zarpazo de agua, dos, al tercero se mira al espejo para ver reflejado como era su rostro con treinta años menos.

28/05/2016

viernes, 3 de febrero de 2017

Comportamiento extraño



En el tren de cercanías los pasajeros se prepararon para bajar en la primera estación, una de las más concurridas. La gente se pone en pie y se congrega delante de las puertas. El tren se detiene. Unos miran a otros de reojo para ver quien es el encargado de pulsar el botón de apertura de las puertas. Tras este breve y cotidiano momento incómodo, uno pulsa el botón y... Las puertas no se abren.

Unos se miran a otros, lo pulsan más veces, nada. ¿Fallará la puerta? No sería la primera vez... Miran en dirección al otro extremo del vagón, donde están las otras puertas. Pero desde allí la mirada es devuelta con la misma expresión de incertidumbre.

El tren se pone en marcha de nuevo. Unos se ríen, otros protestan. Una señora, de forma decidida recorre el pasillo hasta delante de la puerta de la cabina del maquinista. Llama con los nudillos. Es extraño, pero desde el otro lado se oye música y parece que a alto volumen, desde luego que no suele ser habitual.

La señora insiste, aporrea la puerta con más insistencia – ¡Oiga! ¡No se han abierto las puertas! ¿No ha visto que no ha bajado nadie? - Levanta la voz con tono de reproche. 

Entonces, aunque nadie responde en la cabina, el tren reduce la velocidad y se detiene. Justo al entrar en un túnel. Afuera está todo oscuro. Las puertas se abren sin que nadie pulse el botón, pero allí no hay andén ni parece el lugar apropiado.

- ¿Pero qué hace? ¿No pretenderá que bajemos aquí? - Prosigue la misma mujer.

El tren se pone en marcha de nuevo, ahora con las puertas abiertas. La gente se asusta un poco. Los que estaban cerca de las puertas se desplazan a zonas más seguras. El viento, fruto de la velocidad, circula por todo el vagón despeinando a pasajeros y haciendo volar los apuntes de un estudiante. Se escuchan los primeros gritos.

- ¡Oiga! ¡Se ha vuelto loco! ¡Pare! ¡Pare inmediatamente! - La mujer que se comunica con el maquinista está evidentemente alterada.

El tren da un brusco frenazo. Algunos de los que están de pie, pierden el equilibrio y se van al suelo. La gente está a borde del pánico. El tren se encuentra de nuevo detenido, ahora en medio del túnel. Ya a nadie le hace gracia y algunos comienzan a estar tentados de bajar. Dudando si será más seguro apearse en el túnel que permanecer en el tren.

- Ya sé, ya sé – Dice de pronto una niña que lo ha observado todo desde las primeras filas. Acercándose a la puerta del maquinista dice – Cierre las puertas, llévenos a la siguiente estación y ábralas allí.

Ante el asombro de todos comienza a ocurrir tal y como la niña lo ha dicho.

Al por fin llegar a la estación, la gente se prepara para bajar en tropel a poner una reclamación o incluso una denuncia. En cuanto aparece el anden se encuentran con fotógrafos y gente trajeada. ¿Ya se habrán enterado de lo ocurrido? ¿Tan rápido? Pero al abrirse las puertas se dan cuenta de un cartel colgado en lo alto “Inauguración de los trenes automáticos sin conductor”

06/03/2016