domingo, 25 de noviembre de 2018

Panacea


Gracias a la investigación de las células madre descubrieron la píldora de la eterna juventud. El mecanismo que conseguía ralentizar el envejecimiento de nuestras células, y por lo tanto, alargar la vida del ser humano a casi el doble de lo normal. Una vez el medicamento pasó los pertinentes controles sanitarios, la pastilla comenzó a venderse como rosquillas. 

La natalidad descendió aún más, pues no había prisa en ser padre o madre y la longevidad no tardó en desestabilizar el sistema de pensiones. Los gobiernos trataron de buscar soluciones. Retrasar la edad de la jubilación y la más controvertida: la obligación de tener descendencia. Si querías cobrar tu prestación debías de mantener al menos un niño hasta la edad adulta.

Por supuesto, como suele ocurrir en estos casos, la pastilla no llegó a los países del tercer mundo, y no tardaron en crearse mafias que secuestraban niños para venderlos a los ricos del primer mundo y que así pudiesen acceder a su paga.

No tardaron en aparecer modificaciones en el código genético, modificaciones que en circunstancias normales causarían cáncer o la muerte, pero que no eran problemáticas por el uso de la pastilla. Pero estas modificaciones al ser genéticas pasaban a los hijos, que demasiado pequeños para tolerar el revolucionario medicamento morían sin que se pudiese evitar.

Lo que había llegado como la panacea, provocó la extinción del ser humano en la mayoría de los países ricos. 

21/06/2018

domingo, 11 de noviembre de 2018

Al final



Estaba sentado en el parque, al sol de la primavera, viendo al niño jugar en los columpios. Lo reclamó para que se acercara y darle la merienda. Bien sabía que el mejor regalo que le puede dar un abuelo a su nieto es la experiencia. Es por ello que le dijo... 

-  Cuando el tiempo se agota, es cuando nos damos cuenta de que hemos empleado la mayor parte de nuestro tiempo en cosas superficiales. Cuando hacemos balance en nuestra vida, no importa cuantos billetes tenemos en el banco, ni que alto hayamos llegado en la empresa a costa de los demás. Solo importa la impresión que hemos dejado en la gente que nos quiere, porque eso... perdurará después de que nos hayamos ido.

Seguramente su nieto no entendió casi nada de lo que le decía, pero algo si debía de haber calado pues sin decir nada, lo abrazó.

27/05/2018


Fuente imagen: https://www.uts.edu.au/about/uts-business-school/news/not-all-genetic-tests-should-be-publicly-funded-heres-why

domingo, 28 de octubre de 2018

Vital



¿Habéis conocido alguna vez a alguien que os diera la sensación de que vivía demasiado rápido? Yo conocí a alguien así. Un chaval al que conocí un día de campo, de inmediato congeniamos. Es más sentí admiración por lo incansable, por lo alegre, por su vitalidad. 

Tras unas horas jugando al balón con él, sentí que había hecho un amigo para toda la vida. De tal modo que me quise ir con él, en el coche de sus padres. Así también conocí donde vivía.

Pero como suele ocurrir a esas edades tan tempranas, mantener una amistad tan incipiente no es cosa nada fácil. Dependes mucho de tus padres, de si compartes o no colegio... en fin, de muchas cosas.

Pero nos buscábamos de vez en cuando por las calles. Si, era cuando los niños jugábamos en la calle. Subí alguna vez a su casa, jugábamos a un pequeño pinball que tenía. A él también le interesaba jugar conmigo y así tener una excusa para no ir a misa, tal y como lo obligaban sus padres.

Era muy incipiente en todo. Con él conocí a chicas con las que salir, cuando a mi aún se me hacía un poco extraño el sexo opuesto. Y como ya he dicho antes, los caminos de la vida nos volvieron a separar.

Un día gris. Cuando enterraban a un familiar mío, vi en unas lápidas más allá, la foto de alguien que había fallecido apenas unos pocos días antes. Si, mi amigo que vivía rápido. Me quedé consternado, cómo la muerte se podía llevar a alguien tan vital, tan alegre y tan joven.

24/07/2018

domingo, 21 de octubre de 2018

Clima



El ambiente se estaba tornando cada vez más frío. Pero ya estaba llegando a casa de su compañera de clase. Al menos allí se estaría calentito.

Ella era una chica de las inalcanzables, de las que siempre van con el tío más guay. Él, tímido que trataba de centrarse y no tener muchas expectativas.

Él ya llevaba el trabajo en la mano, dando por supuesto que lo iban al despachar con rapidez. Pero se equivocó. Ella lo invitó al pasar y a tomar un chocolate caliente.

Pasaron a su habitación y por la ventana vieron que empezaba a nevar. Él se preocupó y ella se rió con diversión al observar su rostro - Vaya, ahora no te puedes ir. Podrías tener un accidente.

Ella se acercó a su cuerpo y él comenzó a temblar, y no de frío precisamente. Se acercó al su oído y le susurró – Me gustan los malotes y tú eres demasiado bueno, pero... me consta que tienes una gran imaginación.

16/05/2018

domingo, 7 de octubre de 2018

Tiempos modernos



Acunar a ciclos. 

Periplos y odiseas.

Las luchas invisibles.

De lo irresistible que resiste.


Del dolor y lo complejo.

Brillar como una estrella fugaz.

Hoy por… Mañana por...

Tu rostro, mirar sin ojos.


Seco como el viento.

Duro como la marmita.

La esperanza del pozo.

Lluvia controvertida.


¿Renacer? Para morir.

¿Y el destino? Con una copa de vino.

¿Y el mañana? Dormido.

¿Y el amor? Bis.


05/04/2018

martes, 18 de septiembre de 2018

Escurridiza



Se había escondido en la grieta de una de esas enormes cajas de madera. Parecía un lugar calentito, una buena base de operaciones desde la que actuar. De pronto una mañana, su guarida, junto con el resto de la caja, comenzaron a zarandearse de un lado a otro ¡Qué mareo!

Por suerte no duró más que unos minutos, pero con el susto no saldría a ver que había pasado hasta la noche. Y así lo hizo. Había más gente de lo habitual, los humanos, eso no era nada bueno, o tal vez si, donde había humanos siempre había mucha comida.

En los días posteriores comenzó a sentir viento, frío, humedad… Por lo que se vio obligada a dejar la caja de madera y a internarse más allá.

Llegó a un lugar demasiado limpio, demasiado iluminado. No era nadie capaz de apreciar aquellas suntuosas escaleras tapizadas de rojo, las lamparas y demás cristalería de ensueño. Lo que si supo apreciar fueron los manjares de aquella infinita cocina. Por fin había encontrado un lugar calentito y con comida abundante.

Una noche sintió una vibración ¿Un terremoto tal vez? Bueno, no tenía mucha importancia, aunque todo se derrumbase, una cucaracha siempre era capaz de encontrar un agujero por el que salir. Con lo que no contó, es que en apenas dos horas, el mar hizo irrupción. No le dio tiempo ni de correr, de pronto se vio sumergida en la inmensidad del agua fría. La prensa no hablaría de ella, aunque se tratase, de otra de las víctimas del Titánic.

28/03/2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

Eclipse



Como otras veces, subió a la terraza del instituto. Era un lugar tranquilo, lejos del bullicio de las aulas. Pero esta vez se subió un poco más, a una segunda terraza donde habían unas antenas. Se acercó al borde. Y miró para abajo, se preguntó si sería una altura suficiente como para morir en la caída.

La vio en su imaginación. La sonrisa de la chica, el brillo de sus ojos, las pecas de su cara. Había estado dos meses dándole vueltas a si le pedía una cita, preguntándose que respondería al preguntarle, si quería salir con él. Cuando por fin se armó de valor ella le dijo… “No salgo con chicos del instituto” Fue un golpe duro, si. Pero no tanto como cuando la vio un mes después con otro compañero, mientras este la agarraba de la cintura y le daba un beso en los labios. Se quería morir.

Y aquí estaba, en lo alto de la azotea. Preguntándose como terminar con el sufrimiento por el corazón roto en pedazos. El terminar con todo de una forma fácil y rápida. Una ráfaga de viento movió su flequillo. Los pájaros volaron. Comenzó a hacer frío. Maldita sea, lo había olvidado, hoy había eclipse de sol. Las miradas de los alumnos comenzaban a elevarse. Al chico le dio vergüenza, gritarían algo si lo veían ahí. Y su acto íntimo se convertiría en algo público, lo último que deseaba. Se apartó de la borde, respiró, el corazón le latía a toda velocidad. En ese momento se dio cuenta de que esa chica no merecía tanto. Si no era ella, encontraría a otra que lo quisiera de verdad, tomó la decisión de luchar.

20/03/2018