domingo, 14 de mayo de 2017

Tejedor



Terence era un prolijo tejedor de mantas. Y trabajador. Día tras día, apenas paraba para descansar. Tejer es un trabajo que permite pensar, bueno, al menos cuando ya tienes cierta práctica, como era el caso que nos atañe.

Es por ello por lo que la mente de Terence estaba siempre en otra parte. A veces alguien le hablaba y no se enteraba hasta que no le gritaban. Se había ganado la fama de sordo, pero del oído estaba bien, el problema era que estaba ausente. 

El sonido de la agujas repiqueteaba como una musiquilla, hasta tenía ritmo, era relajante. Al margen de sus ausencias de pensamiento, era una persona afable, y bonachón. Por eso nadie comprendió que pudo ocurrir, cuando un día apareció muerto, en medio de un charco de sangre.

El comisario en persona acudió con presteza a investigar como podía haber ocurrido tan horrendo crimen. Examinó el escenario, buscó pistas, preguntó a los sospechosos, hasta que por fin declaró: - He examinado las pruebas y no me cabe duda. A última hora de ayer una de sus agujas enloqueció y se clavó en el corazón de Terence. Era visto que tanto tejer tenía que acabar mal.

22/11/2016

Fuente imagen: http://www.tricotlanfil.es/7-agujas-de-tejer

sábado, 29 de abril de 2017

Salida de emergencia



Se apagó la luz y comenzaron a sonar las alarmas. En una ocasión, hacía mucho tiempo, había realizado un simulacro de evacuación. Pero recordaba perfectamente que lo habían avisado, ahora era distinto, no cabía duda.

Con las luces de emergencia era más complicado, aunque la gente en principio reaccionó bien, sin pánico, aunque intuía que como él, con el corazón en un puño.

Se dirigieron a las escaleras más cercanas, allí la gente se comenzó a acumular al punto que llegaron a detenerse. Susurros, comentarios por la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo. Hasta el típico gracioso con la más disparatada de las hipótesis.

Por el momento no había humo, eso era bueno. Pero de pronto el suelo empezó a temblar. Se escucharon los primeros gritos – ¡Deprisa, salgan de prisa! - Comentó la primera persona al borde del pánico. Por suerte la cola empezó a moverse de nuevo. Lenta, pero mejor eso que estar parados. 

Tras unos agónicos minutos por fin se vio la luz de la puerta de salida, el exterior, el día. 

Pero en vez del día, se encontraron con unos focos que los alumbraban directamente cegándolos - ¡Circulen, no se detengan! ¡Sigan caminando, hay que dejar salir a los demás! ¡Circulen, no pasa nada, sigan caminando!

¿Pero quien hablaba? De pronto alguien le tomó del brazo y le hablaron directamente – Bien. Pero a la próxima se ha de esforzar más con los estudios. ¿Y sabe que traumatizó a su hermano? Ha de ser más empático. No debería haber rechazado aquella oferta de camarero, hubiese conocido a la mujer de su vida. En cambio ha ido de flor en flor… ¿Y profesionalmente? Mediocre, demasiado conformista, podría haber aspirado a más.

Tragó saliva, con la frente sudorosa dijo - ¿¡Pero que es esto!?

La voz carraspeó – Ah, cierto disculpe. Gracias por participar en el simulacro de vida humana, esperamos que haya disfrutado de la experiencia y…

21/11/2016

Fuente imagen: https://es.dreamstime.com/photos-images/muestra-de-la-salida-de-emergencia-que-brilla-intensamente-en-la-oscuridad.html

sábado, 22 de abril de 2017

Flecos



Era una chica de pelo largo y castaño, de veintipocos años. Con algunas marcas en el rostro de acné, pero pese a todo tenía la cara agradable. Se podía decir que era guapa, aunque no cumpliese los estereotipos de las revistas de moda. Desprendía ese aire de ser auténtica e inteligente, viva, perspicaz tal vez.

Lo más curioso era su ropa, normalmente siempre vestía igual. Chaqueta azul marino sobre un jersey de manga corta. Pantalones oscuros que le otorgaban a todo una semejanza a uniforme, sin llegar a serlo. Lo más característico sus zapatos. Azul marino con unos flecos en la parte delantera, sin calcetines. 

A veces podía variar alguna pieza de ropa, pero nunca los zapatos. Siempre los mismos zapatos que habían causado fijación en mí. 

Allí, siempre en el mismo vagón, en el metro de las 07:42. Un día, y otro y otro. Pasaban como las páginas de un libro. Caras de sueño y mis zapatos azul marino con flecos. No necesitaba alzar la mirada, me bastaba con buscar por el suelo aquellos zapatos para saber que todo estaba en orden. El mundo seguía su curso. Todo estaba bien.

De pronto, un buen día, hubo una turbulencia en el cosmos. Aquellos zapatos no estaban, levanté la mirada. No, no estaba la chica de la chaqueta, la que tenía cintas de colores en la mochila. Ni con chaqueta ni sin ella. No estaban sus zapatos y no estaba ella. Desperté, supuso una pequeña conmoción y me pregunté que habría sucedido.

Al día siguiente busqué los zapatos con preocupación, nada, ni rastro. Esto no hizo más que aumentar mi inquietud. 

Pasaron algunos días más. Siempre hay alguien nuevo, pero en el vagón, casi siempre son los mismos zapatos y zapatillas, una y otra vez. Hasta que de nuevo algo me llamó la atención. Una gruesa escayola se unió al festival de calzados. Levanté la mirada en busca de su propietario y el corazón me dio un brinco. Allí estaba aquella chaqueta azul marino con un jersey de color verde claro y unos ojos de similar color que se me quedaron mirando.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://muc1.framepool.com/es/search/tokyo+metro/

sábado, 8 de abril de 2017

¿Todos los hombres son iguales?



Aquella mujer tenía que ser mía, no me la podía quitar de la cabeza. Morena, de pelo largo que caía sobre sus hombros. Un vestido de noche, azul con adornos bordados en blanco nacarado, ceñido a su cuerpo que resaltaba sus curvas.

Con una sonrisa deslumbrante, y un maquillaje bien puesto y no excesivo, que resaltaba sus mejores facciones.

Me acerqué a ella con la intención de invitarla a cenar. Sabiendo que lo mejor vendría después. Cuando desnudase su cuerpo y besara su cuello, justo antes de estrangularla con una soga.

29/05/2016

Fuente imagen: http://www.expogourmetmagazine.com/n-/es/7320/la-mejor-copa-de-champagne-recomendada-por-los-cientificos

sábado, 25 de marzo de 2017

De letras


Como me ponen tus largos y bien puestos párrafos, el trazo grueso de tu letra. La dureza de tus adjetivos cuando expresas tus sentimientos.

Me derrites con tus descripciones y haces que siempre quiera más. Y el tacto, no hay nada como el tacto del papel. Capaz de dañar por filo, pero suave y rugoso a la vez por las caras.

Eres todo un regalo para la vista. Ansío tocarte, olerte, impregnarme de ti y a la vez que me hagas tuya y penetres en mi mente. Y es que, donde haya un buen libro, que se quite lo demás.

13/02/2015

Fuente imagen: https://plus.google.com/106218638101580813679/posts/2KRvqs5ySK3

domingo, 5 de marzo de 2017

El vil metal


No hay como apretarle las tuercas a un tipo. León era uno de los pringados: formal, de vida acomodada…Pero había cometido dos errores; el primero pedirme dinero, el segundo no devolvérmelo a tiempo.

No me suelo apiadar de la gente. Normalmente no me meto en esos berenjenales; o me pagas o te voy rompiendo los huesos uno a uno. Pero en este caso, con León, hice una excepción.

El chupatintas me contó que dentro de un par de días, donde trabajaba, ingresarían en caja el dinero de una importante transacción. Sin guardias. Tan solo una alarma y caja fuerte de tres al cuarto. Pan comido para dar un golpe fácil y rápido.

Y allí estaba yo, enfundado en un pasamontañas y frotándome las manos tras haber entrado por la ventana. Aunque sonase la alarma disponía de diez minutos hasta que llegase la pasma. Me dirigí sin perder más tiempo hasta donde me había dicho que estaría la caja. Escuché una sirena, pero era demasiado pronto para ser yo el causante, será otro su destino, debía de mantener los nervios a raya.

Entré en la habitación y allí solo vi una mesa de reuniones, unas cuantas sillas y un proyector - ¿Y la puñetera caja? - No había cuadros, no había… ¡Ah! Había un armario, me precipité sobre él. No me costó forzar la cerradura, pero no fue el dinero lo que vino a mí. Sino el cuerpo ensangrentado de un tipo, obeso con gafas. Embutido en el espacio que acababa de abrir.

¿Pero qué demonios? - Mientras la sirena se hacía más estruendosa y el coche policial se detenía justo debajo del edificio lo entendí. León. Ese maldito bastardo me había cargado el muerto.

14/11/2016

domingo, 19 de febrero de 2017

Desvelado



Empapado en sudor se despierta. Pero no es solo eso. El ruido. A través de la ventana se percibe una algarabía de personas ¿Qué demonios ocurre?

Se sienta en el borde de la cama y se frota la cara. Le duele la cabeza sutilmente. Mira la hora, las tres de la madrugada – Maldita sea – Piensa para sus adentros. A estas horas y ya desvelado.

Se dirige a la ventana y se asoma. Una “chiquillada”, en este caso, un tumulto de quince o veinte adolescentes en grupo, parecen discutir todos con todos.

En ese momento aparece un coche de la policía – Menos mal – Piensa de nuevo – Por una vez llegan sin que haya que llamarlos.

Pero aquel grupo de jóvenes no parecen sentirse impresionados por la aparición de los agentes de la ley, que siguen discutiendo a lo suyo.

El coche patrulla para delante de ellos y abre sus puertas. Para sorpresa del pobre alma desvelada, de allí salen... ¡Dos adolescentes vestidos de policía! ¿Acaso han robado el coche?

Tambaleándose se dirige al baño, necesita refrescarse la cara. Un zarpazo de agua, dos, al tercero se mira al espejo para ver reflejado como era su rostro con treinta años menos.

28/05/2016