domingo, 7 de octubre de 2018

Tiempos modernos



Acunar a ciclos. 

Periplos y odiseas.

Las luchas invisibles.

De lo irresistible que resiste.


Del dolor y lo complejo.

Brillar como una estrella fugaz.

Hoy por… Mañana por...

Tu rostro, mirar sin ojos.


Seco como el viento.

Duro como la marmita.

La esperanza del pozo.

Lluvia controvertida.


¿Renacer? Para morir.

¿Y el destino? Con una copa de vino.

¿Y el mañana? Dormido.

¿Y el amor? Bis.


05/04/2018

martes, 18 de septiembre de 2018

Escurridiza



Se había escondido en la grieta de una de esas enormes cajas de madera. Parecía un lugar calentito, una buena base de operaciones desde la que actuar. De pronto una mañana, su guarida, junto con el resto de la caja, comenzaron a zarandearse de un lado a otro ¡Qué mareo!

Por suerte no duró más que unos minutos, pero con el susto no saldría a ver que había pasado hasta la noche. Y así lo hizo. Había más gente de lo habitual, los humanos, eso no era nada bueno, o tal vez si, donde había humanos siempre había mucha comida.

En los días posteriores comenzó a sentir viento, frío, humedad… Por lo que se vio obligada a dejar la caja de madera y a internarse más allá.

Llegó a un lugar demasiado limpio, demasiado iluminado. No era nadie capaz de apreciar aquellas suntuosas escaleras tapizadas de rojo, las lamparas y demás cristalería de ensueño. Lo que si supo apreciar fueron los manjares de aquella infinita cocina. Por fin había encontrado un lugar calentito y con comida abundante.

Una noche sintió una vibración ¿Un terremoto tal vez? Bueno, no tenía mucha importancia, aunque todo se derrumbase, una cucaracha siempre era capaz de encontrar un agujero por el que salir. Con lo que no contó, es que en apenas dos horas, el mar hizo irrupción. No le dio tiempo ni de correr, de pronto se vio sumergida en la inmensidad del agua fría. La prensa no hablaría de ella, aunque se tratase, de otra de las víctimas del Titánic.

28/03/2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

Eclipse



Como otras veces, subió a la terraza del instituto. Era un lugar tranquilo, lejos del bullicio de las aulas. Pero esta vez se subió un poco más, a una segunda terraza donde habían unas antenas. Se acercó al borde. Y miró para abajo, se preguntó si sería una altura suficiente como para morir en la caída.

La vio en su imaginación. La sonrisa de la chica, el brillo de sus ojos, las pecas de su cara. Había estado dos meses dándole vueltas a si le pedía una cita, preguntándose que respondería al preguntarle, si quería salir con él. Cuando por fin se armó de valor ella le dijo… “No salgo con chicos del instituto” Fue un golpe duro, si. Pero no tanto como cuando la vio un mes después con otro compañero, mientras este la agarraba de la cintura y le daba un beso en los labios. Se quería morir.

Y aquí estaba, en lo alto de la azotea. Preguntándose como terminar con el sufrimiento por el corazón roto en pedazos. El terminar con todo de una forma fácil y rápida. Una ráfaga de viento movió su flequillo. Los pájaros volaron. Comenzó a hacer frío. Maldita sea, lo había olvidado, hoy había eclipse de sol. Las miradas de los alumnos comenzaban a elevarse. Al chico le dio vergüenza, gritarían algo si lo veían ahí. Y su acto íntimo se convertiría en algo público, lo último que deseaba. Se apartó de la borde, respiró, el corazón le latía a toda velocidad. En ese momento se dio cuenta de que esa chica no merecía tanto. Si no era ella, encontraría a otra que lo quisiera de verdad, tomó la decisión de luchar.

20/03/2018

domingo, 22 de julio de 2018

Suposiciones



- ¿Qué has hecho? - Le preguntó nada más entrar por la puerta. Era una de sus pocas amigas, que por cierto, pocas veces venía de visita.

- ¿Perdón? - Respondió confuso.

Puso con el dedo índice en su esternón - No te hagas el despistado. Ayer te vi en la parte de atrás de un coche de la policía. A saber que barbaridad has hecho.

El chico se puso a reír, aunque no en exceso – Bueno, “que me han hecho” más bien. Ayer me entraron a robar en casa. Fui a denunciarlo a la comisaría y los agentes tuvieron la amabilidad de llevarme a casa con ellos y así poder enseñarles los destrozos.

- Ah, vaya. Lo siento. Yo pensé que…

- ¿Que me había convertido en un delincuente?

- Metida de pata. Ya te dije que lo siento

El chico aprovechó para hacer leña del árbol caído – Claro y de paso venir a enterarte para luego poder cotillear con tus amigas.

- ¡No digas eso! - resopló – Bueno y qué ¿Encontraron huellas o algo?

- La verdad es que no. Pero si el cuerpo que guardaba en la nevera

- No tiene gracia. No sé como puedes estar de humor para eso.

- No, no la tiene. Intentaron detenerme y los tuve que matar.

- ¡Ya vale! Esta visto que ahora te quieres vengar. Ya hablaremos cuando de verdad te apetezca hacerlo. Adiós.

La chica se fue. El chico suspiró, necesitaba una cerveza, así que fue a por ella. Abrió el refrigerados y la cogió tras apartar un poco la cabeza que allí había – Joder, nadie me cree

16/03/2018

domingo, 1 de julio de 2018

Vecinos y X



Había pasado por una época en la que pensé que Charlotte era inalcanzable, que la había perdido para siempre. No era un típico caso de... “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” pues no necesitaba perderla para saber que aquella chica era la hostia.

Quizá por ello, cuando respondió a mi beso, se electrizó toda la piel de mi cuerpo – Lo siento – Murmuré de nuevo al terminar el beso y bizquear con los ojos al mirar los suyos tan de cerca.

No solo sentí que todo estaba bien, lo que sentí fue muy superior, fue la necesidad total y absoluta que tenía de ella, de hacerla mía, de poseerla y volverla a poseer infinidad de veces.

La besé de nuevo de forma apasionada, la subí a la mesa de la cocina y mis manos recorrieron sus muslos hasta su parte más íntima. Me mordí los labios antes de atacarla de nuevo, ya nada me podría parar. Hicimos el amor hasta el agotamiento, hasta que caí rendido en su cama y perdí la noción del tiempo y del espacio. 

Me despertaron las luces de un nuevo día. Llevaba ya unos minutos en el trance del despertar, pero con la sensación de sentirme fenomenal, cuando me di cuenta de que mi móvil estaba vibrando – Mierda el jefe – Charlotte se rió y yo volví de pronto al mundo real.

Me incorporé de un salto para buscar mi ropa a toda prisa, pero no encontraba los calzoncillos. Charlote suspiró y buscó en su cajón de la cómoda, me tendió una prenda que me resultaba familiar. Los calzoncillos que se agenció del tendedero un año atrás, aún los conservaba. Otro detalle de aquella loca chica que me hizo sonreír.

Fue entonces cuando me hizo aquella pregunta. Mi corazón latía fuerte pero con lenta cadencia – Si me deseas… - Pero me sonaron estúpidas mis propias palabras al oirlas. Ya tocaba tomar las riendas de mi vida, tomar lo que quería y que de forma tan dulce se me ofrecía, así que añadí: - Que demonios, no tengo ninguna intención de perderte de vista. Me vas a tener de okupa hasta que te hartes.

10/05/2018

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domingo, 24 de junio de 2018

Vecinos IX



Sus lágrimas me conmovieron y desgarraron mi alma. Aunque las tratase de disimular y las limpiara con rapidez. En mi caso, esconderse ya no era una opción. Charlotte tenía razón en que merecía una explicación y en ese momento entendí que quizá me había equivocado apartándome de ella, por lo visto no me había olvidado con la rapidez que yo esperaba.

No era nada agradable recordar de nuevo aquellos sucesos, pero me sentía en deuda, hoy si había un buen motivo para ello - Quedé con mis amigos. Para tomar unas copas, contarnos nuestras cosas, ya sabes. Recuerdo que estaba muy contento.… La noche fue pasando. De normal sé bien donde está mi límite y te juro que fue todo muy confuso. El caso es que cuando volvía para casa me despisté un momento, se me cruzó alguien en la calle y no me dio tiempo - Suspiró – Lo atropellé – Bajé la mirada mientras exhalaba aire.

- Lo peor fue no poder hacer nada durante aquellos minutos. Llegó la policía. Me hicieron el control de alcoholemia y me pasaba un poco del límite. 

- Charlotte, solo tuve tiempo de recoger mis cosas antes del juicio. Me condenaron a dos años y medio. Salí antes por buen comportamiento. ¿Cómo podía explicarte algo así? Estaba y sigo estando avergonzado, arrepentido, sé que algo así no tiene perdón ni excusa yo. Lo recuerdo constantemente, si pudiese volver el tiempo atrás...- Me quedé sin palabras

- Lo siento. Solo puedo decir que lo siento. Lamento mucho lo que pasó aquella noche y el no haber tenido el valor para decírtelo. No quería que me esperaras y… soy alguien que no te merece.

Tragué saliva. Tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago. No me atreví a mirarla a la cara. Lo mejor sería comenzar con lo que había venido a hacer, el trabajo solía ayudarme cuando me ofuscaba. Traté de buscar el destornillador dentro de la caja de herramientas, pero no atinaba con nada. Por fin di con él y me giré para comenzar a desatornillar el aparato. En ese momento sentí sus manos, su cuerpo, su abrazo.

Un escalofrío me recorrió por completo. Cerré los ojos. No podía ser… Escuché sus primeras palabras tras mis explicaciones y me giré para besarla. Busqué sus labios, su sabor y mientras mis lágrimas también resbalaban por mi mejilla, la abracé fuerte sin dejar de besarla.

04/05/2018

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domingo, 17 de junio de 2018

Vecinos VIII



Estaba paralizado delante de la puerta cuando mi jefe me lanzó un grito. Agaché la cabeza y entré para adentro, allí estaba ella, en la cocina.

Una de las cosas maravillosas que tiene el ser humano es la mirada. La de ella se me clavó en el alma, conectó de nuevo nuestros mundos y una sacudida de recuerdos y sentimientos me inundó. Pero solo fue un instante, pues no tardé en percibir el rencor, la ira.

No me atreví a pronunciar palabra alguna, solo deseaba que el tiempo pasara rápido. Mientras Fermín hacía sus comprobaciones – El enchufe está mal – No tardó en sentenciar.

- Si, está muy mal – Dijo ella mirándome a mi y achicando los ojos.

- Hay que cambiar el cable entero, hasta la fuente de alimentación – Dijo Fermín – Pero no hace falta que nos lo llevemos. Alain ¿Te encargas tú? Ve al taller a por el repuesto y dejas esto arreglado.

Increíble, no solo hacía falta volver sino que además debía de enfrentarme solo a esto. Por un momento me pareció que ella sonreía como satisfecha por algo.

- Claro – Dije con la voz queda y con las ganas de que me tragase la tierra.



Media hora más tarde volví a llamar al timbre. Me sudaban las manos. Charlotte abrió con ese vestidito primaveral de flores y con aquellos ojos que seguían clavados en mi – Te estaba esperando – Hizo una pequeña pausa antes de añadir muy mordaz... – Desde hace casi dos años.

Cerró su propia puerta conmigo dentro de casi un portazo. Y siguió increpándome por mi ausencia, sus frases caían sobre mi como latigazos. Lo triste es que no podía decir que razón no le faltara. Pero en su momento creí actuar de la mejor forma posible.

Seguramente paró al ver la profunda tristeza de mi rostro. Quizá esperaba una lucha, una discusión acalorada, liberar la ira ¿Tal vez pegarme?

- Tienes razón, te debo una explicación, pero tienes que saber que lo hice para que no me esperaras. Quería que fueras libre – Suspiré - ¿Te acuerdas la última vez que estuvimos aquí? Ocurrió justo al día siguiente, verás…

24/04/2018

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