domingo, 25 de junio de 2017

Vecinos IV


Escuché los pasos que indicaban que volvía a entrar en la habitación y con ellos un olor a café. Me arrebujé de nuevo en las sábanas. Me encontraba de lado por lo que le daba la espalda. Aún debía de quedar ese espacio libre por donde me había pellizcado el trasero, un punto débil en la solida defensa que me ofrecía la ropa de cama.

Estaba de lado por lo que no le vi la cara. Pero sentí su peso hundir el colchón y su calor cuando se pegó a mi espalda. Mis ojos se entornaron y traté de mirar por el rabillo del ojo, pero no alcancé a verlo bien.

Entonces me digo aquello y sonreí cómplice. Me sentía temerosa y al mismo tiempo dichosa. Curiosa mezcla. Sentí sus labios acariciar mi cuello. Entrecerré más mis ojos, mis defensas se estaban desmoronando.

Por alguna razón me acordé de sus calzoncillos, los que no le devolví. Ahora serían un trofeo… un trofeo robado. Una de sus manos se encargó de devolverme al presente, estaba tratando de averiguar, con la mano, mi talla de sujetador. Me removí nerviosa. Y por fin me di media vuelta para mirarlo a los ojos.

Traté de poner cara seria, ligeramente enojada. Él se asustó un poco por mi reacción pero entonces no pude más y me entró la risa tonta. Me estiré sobre la cama como una gata y mis brazos se enroscaron en torno a su cuello. Busqué su boca y lo besé. Me acordé de su sabor de anoche, ahora con menos alcohol y más… “él”. Lo miré y le hice un par de caídas de pestañas. Reí de nuevo, había dejado atrás aquel temor. Prefería tener la sartén por el mango, literal y figuradamente.

Me mordí el labio y lo empujé para terminar encima de él. A horcajadas. Miré a su entrepierna, lo miré a él levantando una ceja. Comencé a frotarme, provocándolo para ver hasta donde era capaz de llegar. Y como no, reaccionó. En sus brazos me podía manejar con facilidad. Quedé de nuevo debajo, se colocó entre mis piernas y no tardé en sentirlo dentro.

Me agarré a sus hombros y un gemido se escapó de mi boca. Al mismo tiempo una especie de silbido se escuchó a lo lejos. Dijo algo de la cafetera, a lo que le repliqué – Ni se te ocurra parar ahora – Y… no me decepcionó.

Él – pinchar aquí -

Junio 2017

domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III



Leer a ella primero... -pinchar aquí-

Me miró un poco raro, de reojo mientras pasó junto a mi. Sonreí al percibir su decisión al entrar en mi casa, aunque me pareció notarla temblar. Mientras yo cerraba la puerta, ella se descalzó e inspeccionó el salón con la mirada. Prácticamente con la única luz del televisor. Será mejor darle de beber antes de que se dé cuenta del desastre que soy, pensé antes de decir – ¿Te pongo una copa ?

Ni esperé respuesta, fui a la cocina a por otro vaso. El instinto me llevó a mirar a la ventana de mi vecina, ahora a oscuras, su propietaria ahora estaba en mi casa. Desde aquí recordé sus pechos desnudos, recordé... Escuché que me llamaba - ¡Voy! 

Pasé fugazmente por el baño, y me puse colonia de la buena en abundancia. A ver si así compensaba un poco, el hecho de que no me hubiese preparado para la ocasión. Volví al salón y en nuestros gaznates cayeron algunas copas más. Al cabo de unas horas, me comenzaba a notar espeso y no quise tomar más. Ella se tomó aún otra. 

Ninguno de los dos le hacía caso al televisor. Me consideraba con facilidad para llevar la iniciativa en la conversación, y es por ello, que sin que se diese cuenta, comenzamos a hablar de temas íntimos, picantes. La finalidad estaba clara, aumentar su libido.

La chica resultó ser maja, pero sobretodo estaba buena. Acabamos sentados en el suelo, ella en postura un tanto indecorosa, pero no me iba a quejar. Ansiaba poder acariciar con mis dedos, lo que de tanto en tanto acariciaba con la mirada.

Aproveché un momento de risas, con una de mis exageraciones, para sellar sus labios con un beso. Era el momento crucial, donde te abofetean o triunfas. No percibí el latigazo en mi mejilla así que o estaba anestesiado por la bebida o… Si, sentí en mi boca un gemido ahogado. Esto ya no había quien lo parase.

Mis manos recorrieron sus muslos y levantaron su vestido para alcanzar… Sonreí mientras la besaba de nuevo, al apreciar que no llevaba sujetador. Ambos parecíamos tener prisa por despojar al otro de su ropa. No sé ella, pero a mi, no llegaba la hora de poder recorrer su piel.

Una vez en pelotas la llevé en brazos hasta mi cama. Allí la dejé tumbada, amasé sus pechos, los besé, mis labios bajaron por su vientre y cuando se fueron acercando a su pubis… escuché un sonido extraño. Alcé la mirada por encima de su cuerpo y me di cuenta de que se había dormido. Miré de nuevo su sexo y de nuevo su rostro – No… joder…

Me aguanté la tentación y las ganas. No quería que me acusaran de violación o algo así, la tele está llena de mierdas de esas. Resoplé y me fui al baño para darme una ducha fría, mañana sería otro día, y quien sabe...

Junio 2017

domingo, 11 de junio de 2017

Vecinos II


De vez en cuando me regalo un fin de semana. Cuarenta y ocho horas de no hacer nada. Bueno, siempre hay algo que hacer o uno moriría de hambre. Pero si con el teléfono móvil aparcado, televisión encendida y que impere la ley del mínimo esfuerzo. Una vez al mes, es algo que te recarga las pilas.

Uno de mis pecados es automedicarme con un par de copas y aprovechar esa falsa euforia que provocan. Quizá para no pensar demasiado en las cosas que me faltan. O quizá, simplemente, para pasarlo bien.

Iba a por la segunda “Clonk, clonk” sonaron los hielos en el fondo del vaso. Entonces escuché algo que me llamó la atención. Es curiosa la acústica del patio, que hace que lo de enfrente se oiga todo. Me quedé quieto y afiné el oído. ¿Sollozos, lamentos? Me acerqué a la ventana.

Allí estaba aquel gato, seguro que ya se le había escapado de nuevo a la del tercero. Debía de estar en celo o algo. Me fijé en el interior de la ventana de enfrente. Allí estaba la vecina. Vestida, es lo primero que lamenté. Lo que desde aquí no podría apreciar, era si habían lágrimas, pero si la escuché sorber por la nariz, de lo que deduje que la que maullaba, quiero decir, la que lloraba era ella. Fue solo un momento ya que desapareció de mi ángulo de visión.

Aún sigo sin saber muy bien porqué lo hice. Bueno, seguramente la primera de las copas me dio un empujoncito. Agarré una de las flores que me trajo mi madre en su última visita. Siempre me trae alguna cosa. Insiste en el que el piso es soso y que faltan detalles. - Paparruchas - me digo yo. Pero me toca aceptarlas por no hacerle un feo. Además, cuando vuelve, si no lo ve, se siente ofendida.

Total. Agarré la flor, la colgué del tendedero con un par de pinzas y corrí el hilo para acercarla hasta su ventana. Me quedé mirando mi obra maestra y pensé - Muy bien, listo. ¿Y si no se le ocurre tender hasta dentro de dos días? Verá un puto tallo marchito y pensará que tiene un vecino que está mal de la regadera. Vale, pues carraspearé para llamar su atención... No. Cantaré... peor. Joder, pues lo dejo estar, y si mañana aún está la flor en el mismo sitio, la recojo y aquí no ha pasado nada.

Me sonreí a mi mismo y seguí con mi conversación interior – Ya sabía yo que eres un tipo listo. Ala, al sofá y a relajarse un rato – Cogí la bebida y marché en dirección a la poltrona.

Unas minutos después “Ding, dong” Sonó el timbre. Me quedé mirando en dirección a la puerta desde mi posición, plantándome que hacer. Al final me puse una camiseta y me acerqué a la puerta para abrir.

Tuve que parpadear dos veces. Aquí delante de la puerta estaba la vecina. Llevaba un vestido negro, ajustado que marcaba todas sus curvas. La mayor parte de sus piernas también quedaban al descubierto más abajo.

“¿Todo esto por la flor?” Pensé mientras sonreía. Pero tenía algo tintineante en las manos, mis llaves. La sonrisa se me borró un poco – Ah… ¿Y el cartel de pueden pasar a robar también lo he dejado fuera? - Miré mi puerta desde afuera, para dar más énfasis a la broma que brotó de mis labios con facilidad. Como si eso fuese a mejorar la situación. Ella hecha un pincel y yo un desastre. Aún así había algo misterioso en su mirada.

Se quedó parada. Con una copa me atrevía a hacer alguna cosa, con dos ya no tenía frenos - ¿Quieres entrar y tomarte una copa?

Comenzó a balbucear alguna excusa, pero yo insistí. Se miró el reloj y… Joder, aceptó.

06/06/2017

Ella... - pinchar aquí -

jueves, 1 de junio de 2017

Vecinos



Llevaba unos meses en este piso. No era gran cosa, tenía lo justo, pero al menos era mío. Por fin libre de mis padres. Nadie que me pidiera explicaciones por llegar a las tantas. Donde poder traerme una chica si tenía suerte el sábado. O simplemente devolver agarrado a la taza del WC y pasar así la resaca.

Una de las cosas curiosas, era el tendedero. Surcaba los aires del patio interior. Una cuerda verde, que iba desde la ventana de mi cocina a… la ventana del piso de enfrente. No sabía si era lo normal, pero desde luego no era de mi agrado colgar los gayumbos a la vista de todos. Tampoco podía elegir, era eso o dejarlos mojados en cualquier parte. Así que nada, simplemente esperaba que cada uno fuese a lo suyo, como viene siendo normal en cualquier ciudad que se precie.

Es curioso las cosas que ocurren con lo de tender. A veces se me cae alguna pinza al vacío, de inmediato miro abajo esperando no haberle dado a nadie en la cabeza. Traumatismo por pinza ¿Os lo imagináis? No, es imposible que ocurra algo así, pero mi mente se monta unas películas que no veas.

Hace unas semanas me desaparecieron unos calzoncillos. Estaban tendidos, con dos pinzas como siempre. Cuando fui a recogerlos, simplemente ¡Habían desaparecido! Primero pensé que tal vez una ráfaga de viento ¡¿Pero pinzas y todo?! Eso no podía ser, me hizo sospechar de la vecina de enfrente, con la que comparto cuerda. Pero si era así ¿Por qué no me los había devuelto? Lo que no iba hacer era llamar a su puerta y decirle – Perdona ¿Tienes mis gayumbos? - Seguramente me tomaría por un pervertido o a saber. Bueno, tal vez hayan ido a parar a donde los calcetines desparejados, al Triángulo de las Bermudas, o a un lugar mejor. Tal vez haya un cielo para los calzoncillos. Pobres, seguro que se lo merecen.

Estaba fregando los platos cuando por el rabillo del ojo me pareció ver algo, mi vista se fijó en la ventana de la vecina. No sabía mucho de ella, solo de cruzarnos alguna vez por la escalera. Estaba buena, nada espectacular, pero agradable a la vista y se intuía bajo su ropa un cuerpecillo delgadito pero apetecible. Pero tenía pinta de tener novio. No me preguntéis como lo sé, tal vez un sexto sentido, o simplemente que las tías con carita dulce siempre tienen novio. Lo que si vi bastante bien es que estaba en ropa interior, su piel era blanquita y... joder, como no fijarse.

Entonces se quedó quieta y mirando en mi dirección. Mierda, me ha pillado. Traté de hacerme el despistado y apagué la luz. Aun con el estropajo en la manos de fregar los platos. Me volví a asomar, más que nada para constatar si aún seguía allí o no. Ya no estaba, pero oí la ducha.

Me relajé un poco y volví a los platos. No sé porqué pero seguí a oscuras, con la única luz que entraba por la ventana. Bueno, tal vez si se porqué ¿Para mirarla de nuevo sin que me viese?

Terminé la tarea y fui a secarme las manos, en ese momento vi algo que me dejó con la boca abierta. Allí estaba, de perfil, con una toalla en la cabeza y... ¿¡Nada más!? Sonreí. Me excité pensando en que lo había hecho para que la viera. Una vecina exhibicionista, eso molaba.

Fue solo un instante, pero digno de ser inmortalizado. Al día siguiente me preguntaría si no habría sido todo un sueño. Un sueño que no conseguía quitarme de la cabeza.

Ella... - pinchar aquí -

domingo, 28 de mayo de 2017

Se cierne



Se sobrevenía sobre la ciudad. Majestuoso, inmenso, colosal. Capaz de estremecer a cualquiera que lo viera en vivo y en directo. 

Habría destrozos materiales, heridos, tal vez muertes. Si, seguramente las habría. Nada podría frenar el avance de tamaño fenómeno. Con aquella forma de embudo iba engullendo el mar y pronto tocaría tierra, pobre de aquel que le pillara en medio. Su forma blanquecina se transformaría en marrón y aumentaría su tamaño. Chozas, animales y personas comenzaron a volar por los aires.

Hera sonrió complacida, todo era de su gusto. Enarcó una ceja y miró a su esposo - ¿Veis porqué no tenéis que encapricharos de ninguna humana? Lo hago por vuestro bien. He de recordaros de continuo la mortalidad de vuestras elegidas. Los humanos son tan… volátiles – Rió su propia gracia.

Noviembre 2016

Fuente imagen: http://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/fotos-meteorologia-foto/fotos-nubes-tormenta___3902

domingo, 14 de mayo de 2017

Tejedor



Terence era un prolijo tejedor de mantas. Y trabajador. Día tras día, apenas paraba para descansar. Tejer es un trabajo que permite pensar, bueno, al menos cuando ya tienes cierta práctica, como era el caso que nos atañe.

Es por ello por lo que la mente de Terence estaba siempre en otra parte. A veces alguien le hablaba y no se enteraba hasta que no le gritaban. Se había ganado la fama de sordo, pero del oído estaba bien, el problema era que estaba ausente. 

El sonido de la agujas repiqueteaba como una musiquilla, hasta tenía ritmo, era relajante. Al margen de sus ausencias de pensamiento, era una persona afable, y bonachón. Por eso nadie comprendió que pudo ocurrir, cuando un día apareció muerto, en medio de un charco de sangre.

El comisario en persona acudió con presteza a investigar como podía haber ocurrido tan horrendo crimen. Examinó el escenario, buscó pistas, preguntó a los sospechosos, hasta que por fin declaró: - He examinado las pruebas y no me cabe duda. A última hora de ayer una de sus agujas enloqueció y se clavó en el corazón de Terence. Era visto que tanto tejer tenía que acabar mal.

22/11/2016

Fuente imagen: http://www.tricotlanfil.es/7-agujas-de-tejer

sábado, 29 de abril de 2017

Salida de emergencia



Se apagó la luz y comenzaron a sonar las alarmas. En una ocasión, hacía mucho tiempo, había realizado un simulacro de evacuación. Pero recordaba perfectamente que lo habían avisado, ahora era distinto, no cabía duda.

Con las luces de emergencia era más complicado, aunque la gente en principio reaccionó bien, sin pánico, aunque intuía que como él, con el corazón en un puño.

Se dirigieron a las escaleras más cercanas, allí la gente se comenzó a acumular al punto que llegaron a detenerse. Susurros, comentarios por la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo. Hasta el típico gracioso con la más disparatada de las hipótesis.

Por el momento no había humo, eso era bueno. Pero de pronto el suelo empezó a temblar. Se escucharon los primeros gritos – ¡Deprisa, salgan de prisa! - Comentó la primera persona al borde del pánico. Por suerte la cola empezó a moverse de nuevo. Lenta, pero mejor eso que estar parados. 

Tras unos agónicos minutos por fin se vio la luz de la puerta de salida, el exterior, el día. 

Pero en vez del día, se encontraron con unos focos que los alumbraban directamente cegándolos - ¡Circulen, no se detengan! ¡Sigan caminando, hay que dejar salir a los demás! ¡Circulen, no pasa nada, sigan caminando!

¿Pero quien hablaba? De pronto alguien le tomó del brazo y le hablaron directamente – Bien. Pero a la próxima se ha de esforzar más con los estudios. ¿Y sabe que traumatizó a su hermano? Ha de ser más empático. No debería haber rechazado aquella oferta de camarero, hubiese conocido a la mujer de su vida. En cambio ha ido de flor en flor… ¿Y profesionalmente? Mediocre, demasiado conformista, podría haber aspirado a más.

Tragó saliva, con la frente sudorosa dijo - ¿¡Pero que es esto!?

La voz carraspeó – Ah, cierto disculpe. Gracias por participar en el simulacro de vida humana, esperamos que haya disfrutado de la experiencia y…

21/11/2016

Fuente imagen: https://es.dreamstime.com/photos-images/muestra-de-la-salida-de-emergencia-que-brilla-intensamente-en-la-oscuridad.html