domingo, 1 de julio de 2018

Vecinos y X



Había pasado por una época en la que pensé que Charlotte era inalcanzable, que la había perdido para siempre. No era un típico caso de... “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” pues no necesitaba perderla para saber que aquella chica era la hostia.

Quizá por ello, cuando respondió a mi beso, se electrizó toda la piel de mi cuerpo – Lo siento – Murmuré de nuevo al terminar el beso y bizquear con los ojos al mirar los suyos tan de cerca.

No solo sentí que todo estaba bien, lo que sentí fue muy superior, fue la necesidad total y absoluta que tenía de ella, de hacerla mía, de poseerla y volverla a poseer infinidad de veces.

La besé de nuevo de forma apasionada, la subí a la mesa de la cocina y mis manos recorrieron sus muslos hasta su parte más íntima. Me mordí los labios antes de atacarla de nuevo, ya nada me podría parar. Hicimos el amor hasta el agotamiento, hasta que caí rendido en su cama y perdí la noción del tiempo y del espacio. 

Me despertaron las luces de un nuevo día. Llevaba ya unos minutos en el trance del despertar, pero con la sensación de sentirme fenomenal, cuando me di cuenta de que mi móvil estaba vibrando – Mierda el jefe – Charlotte se rió y yo volví de pronto al mundo real.

Me incorporé de un salto para buscar mi ropa a toda prisa, pero no encontraba los calzoncillos. Charlote suspiró y buscó en su cajón de la cómoda, me tendió una prenda que me resultaba familiar. Los calzoncillos que se agenció del tendedero un año atrás, aún los conservaba. Otro detalle de aquella loca chica que me hizo sonreír.

Fue entonces cuando me hizo aquella pregunta. Mi corazón latía fuerte pero con lenta cadencia – Si me deseas… - Pero me sonaron estúpidas mis propias palabras al oirlas. Ya tocaba tomar las riendas de mi vida, tomar lo que quería y que de forma tan dulce se me ofrecía, así que añadí: - Que demonios, no tengo ninguna intención de perderte de vista. Me vas a tener de okupa hasta que te hartes.

10/05/2018

Pincha aquí para leerla a ella.

domingo, 24 de junio de 2018

Vecinos IX



Sus lágrimas me conmovieron y desgarraron mi alma. Aunque las tratase de disimular y las limpiara con rapidez. En mi caso, esconderse ya no era una opción. Charlotte tenía razón en que merecía una explicación y en ese momento entendí que quizá me había equivocado apartándome de ella, por lo visto no me había olvidado con la rapidez que yo esperaba.

No era nada agradable recordar de nuevo aquellos sucesos, pero me sentía en deuda, hoy si había un buen motivo para ello - Quedé con mis amigos. Para tomar unas copas, contarnos nuestras cosas, ya sabes. Recuerdo que estaba muy contento.… La noche fue pasando. De normal sé bien donde está mi límite y te juro que fue todo muy confuso. El caso es que cuando volvía para casa me despisté un momento, se me cruzó alguien en la calle y no me dio tiempo - Suspiró – Lo atropellé – Bajé la mirada mientras exhalaba aire.

- Lo peor fue no poder hacer nada durante aquellos minutos. Llegó la policía. Me hicieron el control de alcoholemia y me pasaba un poco del límite. 

- Charlotte, solo tuve tiempo de recoger mis cosas antes del juicio. Me condenaron a dos años y medio. Salí antes por buen comportamiento. ¿Cómo podía explicarte algo así? Estaba y sigo estando avergonzado, arrepentido, sé que algo así no tiene perdón ni excusa yo. Lo recuerdo constantemente, si pudiese volver el tiempo atrás...- Me quedé sin palabras

- Lo siento. Solo puedo decir que lo siento. Lamento mucho lo que pasó aquella noche y el no haber tenido el valor para decírtelo. No quería que me esperaras y… soy alguien que no te merece.

Tragué saliva. Tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago. No me atreví a mirarla a la cara. Lo mejor sería comenzar con lo que había venido a hacer, el trabajo solía ayudarme cuando me ofuscaba. Traté de buscar el destornillador dentro de la caja de herramientas, pero no atinaba con nada. Por fin di con él y me giré para comenzar a desatornillar el aparato. En ese momento sentí sus manos, su cuerpo, su abrazo.

Un escalofrío me recorrió por completo. Cerré los ojos. No podía ser… Escuché sus primeras palabras tras mis explicaciones y me giré para besarla. Busqué sus labios, su sabor y mientras mis lágrimas también resbalaban por mi mejilla, la abracé fuerte sin dejar de besarla.

04/05/2018

Pincha aquí para leerla a ella.

domingo, 17 de junio de 2018

Vecinos VIII



Estaba paralizado delante de la puerta cuando mi jefe me lanzó un grito. Agaché la cabeza y entré para adentro, allí estaba ella, en la cocina.

Una de las cosas maravillosas que tiene el ser humano es la mirada. La de ella se me clavó en el alma, conectó de nuevo nuestros mundos y una sacudida de recuerdos y sentimientos me inundó. Pero solo fue un instante, pues no tardé en percibir el rencor, la ira.

No me atreví a pronunciar palabra alguna, solo deseaba que el tiempo pasara rápido. Mientras Fermín hacía sus comprobaciones – El enchufe está mal – No tardó en sentenciar.

- Si, está muy mal – Dijo ella mirándome a mi y achicando los ojos.

- Hay que cambiar el cable entero, hasta la fuente de alimentación – Dijo Fermín – Pero no hace falta que nos lo llevemos. Alain ¿Te encargas tú? Ve al taller a por el repuesto y dejas esto arreglado.

Increíble, no solo hacía falta volver sino que además debía de enfrentarme solo a esto. Por un momento me pareció que ella sonreía como satisfecha por algo.

- Claro – Dije con la voz queda y con las ganas de que me tragase la tierra.



Media hora más tarde volví a llamar al timbre. Me sudaban las manos. Charlotte abrió con ese vestidito primaveral de flores y con aquellos ojos que seguían clavados en mi – Te estaba esperando – Hizo una pequeña pausa antes de añadir muy mordaz... – Desde hace casi dos años.

Cerró su propia puerta conmigo dentro de casi un portazo. Y siguió increpándome por mi ausencia, sus frases caían sobre mi como latigazos. Lo triste es que no podía decir que razón no le faltara. Pero en su momento creí actuar de la mejor forma posible.

Seguramente paró al ver la profunda tristeza de mi rostro. Quizá esperaba una lucha, una discusión acalorada, liberar la ira ¿Tal vez pegarme?

- Tienes razón, te debo una explicación, pero tienes que saber que lo hice para que no me esperaras. Quería que fueras libre – Suspiré - ¿Te acuerdas la última vez que estuvimos aquí? Ocurrió justo al día siguiente, verás…

24/04/2018

Pincha aquí para leerla a ella.

domingo, 10 de junio de 2018

Vecinos VII


Esperaba que no me hubiese visto. El caso es que no saqué provecho del resto de la noche y lo de relajarme ni de coña. Hasta mi colega me notó raro. Le dije que no me encontraba bien y que me marcharía pronto. En realidad deseaba salir corriendo de allí. Así que en cuanto terminamos de cenar pagamos y nos despedimos, sin hacer sobremesa y sin atreverme a mirar las caras de los clientes del local.  

Me envolvió de nuevo la soledad. Nada más llegar a casa cogí el calendario lo rompí en pedazos y lo tiré a la basura. Pero en contra de lo que pensaba, no me sirvió para sentirme mejor. De haber tenido alcohol en casa me habría emborrachado, mañana saldría a comprar una botella. Ahora, esta noche, estaba seguro que no iba a pegar ojo. Charlotte, lo que pudo ser y no fue, jamás encontraría a otra igual.

Así lo hice al día siguiente, pero Fermín me podía llamar para algún trabajo, y ya tenía suficiente con el sueño como para encima ir bebido. Dejé la botella en la mesa de la cocina, hacía casi dos años que no bebía ni gota. Y ahora… (sonó mi teléfono)

Al menos trabajar evitaría darle más vueltas a la cabeza. Y si no, se encargaría de ello mi dolor de espalda. El trabajo es salud, decía uno de mis jefes cabrones. Solo eso me hizo sonreír, una sonrisa amarga.

Acudí a casa de mi colega que me esperaba ya abajo junto a la furgoneta - ¿Estás mejor? - Me preguntó. Como sabía que iba a notar mis ojeras le respondí – Una mala noche, pero estoy bien para currar – Cargué la caja de herramientas y me subí como copiloto.

Aparcó. Menuda casualidad también, en esta calle que tan bien conocía. Pero no hice preguntas. Fermín miró su busca, donde tenía anotadas las direcciones, y comenzó a caminar hasta pararse en un portal. EL PORTAL. Mierda - ¿Es aquí? - Lo miré

Asintió con la cabeza – ¿No has cogido la caja de herramientas? Que tío, anda vuelve a por ella. Te espero arriba. 

Me temblaban las piernas. Volví sobre mis pasos a por la caja y de nuevo al portal. Fermín ya no estaba, pero la puerta estaba abierta. Recé para que no fuese su vivienda. Tal vez incluso que fuese la mía, pero la de ella no. Comencé a subir por las escaleras, hasta encontrar una puerta abierta, SU PUERTA.

18/04/2018

Pincha aquí para leerla a ella.

domingo, 3 de junio de 2018

Vecinos VI




Capítulo 2. Un año después

Miré por casualidad el calendario, el día que había quedado con Fermín. Y era eso lo que me llamaba la atención de la fecha ¿No? 

Pues no. El 1 de Junio me sonaba por algo más. Hace un año… Joder. Parecía que había pasado un siglo, pero fue hace un año cuando conocí a Charlotte, la loca vecina de enfrente. Me sorprendí a mi mismo con una sonrisa en la boca y un dolor agudo en las entrañas. 

Ahora estaba sin piso y había vuelto a casa de mi madre con toda la vergüenza que eso suponía para mi. Aunque estaba fuera de esa casa todo el tiempo que podía, convivir con ella no era fácil. 

En este tiempo también me despidieron y ahora tenía un trabajo precario. Conocí a un electricista que necesitaba un aprendiz. Aunque en realidad me quería para cargar electrodomésticos y llevarlos hasta su taller.  Me callé que tenía una ingeniería y que posiblemente supiese más de electricidad que ese tío. Pero en mis circunstancias, uno aprende a no tener amor propio y la boca cerrada. Un sueldo es un sueldo y había que agarrarse a lo que fuera como un clavo ardiendo.

Tenía la sensación de ir como un zombie por la vida. Con lo bien que estaba yo antes, y ahora mi vida había dado un vuelco mucho más grande de lo que jamás habría podido imaginar. De pronto, todo se había vuelto complicado.

Esta noche intentaría olvidar mi dolor de espalda. Mi colega me había dicho que esta noche su mujer trabajaba en el turno de noche y a él le apetecía salir. No es que me apeteciera demasiado, pero necesitaba un poco de distracción.

Me picaban los ojos. Había estado mirando ese calendario sin parpadear. 1 de Junio. Charlotte. La de los pezones y la mirada desafiante. La ladrona de calzoncillos. Suspiré.

Fui al baño a hacerme el pelo y lavarme la cara. Me miré al espejo, entre la barba y las arrugas que me habían salido en los ojos ahora parecía tener diez años más. “Deja de hablarte así” me recriminé a mi mismo en pensamientos.

Hacía calor para llevar cazadora así que sin más salí a la calle, al restaurante en el que habíamos quedado. Esperé pacientemente su llegada en una de las mesas y le pedí un vaso de agua del grifo al camarero que me miró raro. Pero me dio igual, solo me faltaba un camarero exigente. En fin…

Por fin llegó Fermín. Pedimos y me comenzó a hablar de sus cosas. Yo por algún motivo no lograba centrarme en la conversación. Fue en ese momento la vi entrar al restaurante. Su presencia iluminó todo el local. Maldita coincidencia… ¡¿Y precisamente hoy?! Parece una puta broma del destino.

Apoyé mi cara en la mano, ocultando parte de ella. Traté de dedicar toda la atención en mi colega, mientras sentí mi corazón completamente desbocado.

12/04/2018


Fuente imagen: https://www.officer.com/home/article/10232918/surviving-law-enforcement

domingo, 27 de mayo de 2018

Envite



Este era la tercera tentativa del grupo. Si no lo intentaban en esta ocasión, más valía que se fueran para casa. El cansancio ya estaba haciendo mella en sus cuerpos, pero parecía que esta vez el tiempo les iba a dar una tregua.

Salieron temprano del campamento para aprovechar bien el día. Mirar la cima, ya había perdido casi todo el encanto, en cambio no el magnetismo que siempre producía. Cada paso en la nieve costaba un gran esfuerzo. Pero era lo de siempre. ¿Se trataba de un reto contra la montaña o contra uno mismo?

El camino de huellas había quedado casi borrado por completo por la última tormenta, había que extremar la precaución. La mirada en los pies, aunque eso les privara de disfrutar de los mejores paisajes. Quizá por eso no lo vieron venir. Cuando el cabeza de grupo levantó la mirada, quedó tan sobrecogido que tardó en gritar.

Aquella nube que no era nube, blanca, majestuosa que se agrandaba a pasos agigantados. Unos doscientos metros por encima, comenzaba a precipitarse un gran alud sobre ellos. El último órdago que les arrojaba la montaña y del que difícilmente podrían salir.

11/03/2018

domingo, 20 de mayo de 2018

Ofuscado



Si, reconozco que estaba desesperado. Que cuando todo va mal durante un tiempo, me ofusco, todo se ve negro.

Primero fue el empleo. Después de trabajar varios meses sin contrato, a la calle. Luego fue mi pareja, las preocupaciones, los problemas pasaron factura y me dejó. Finalmente mi casa, al no poder hacer frente al pago me la embargaban.

Así que por eso salté de un vigésimo piso. Muerte segura. Unos segundos de angustia y el final. Pero algo sucede a mitad caída. 

En mi bolsillo teléfono se pone a sonar. ¿Y si es para algún empleo nuevo? ¿Y si es mi mujer que quiere volver conmigo? ¿Y si es de mi banco que aceptan negociar las condiciones de mi hipoteca? Demasiado tarde para comprobarlo. Es el fin.

03/03/2018