lunes, 15 de agosto de 2011

Descenso a los infiernos (VI)


Después de preparadas unas cestas bien atadas las cargaron en el caballo, para la dama sacó una yegua hermosísima, de color pardo.

- ¿Os ayudo a montarla? – Preguntó el conde

- Si, por favor – Dijo la muchacha – Y no vayáis tan rápido

Pero nada más hacerlo esta espoleó su montura saliendo velozmente camino arriba, el conde que en un primer momento se quedó sorprendido rompió a reír entendiendo que la muchacha le había tomado el pelo.

Negó con la cabeza y subió a su caballo en persecución de la dama que lo hacía realmente bien, este no le dio alcance hasta que esta bajó la marcha - ¿Dónde habéis aprendido a montar?

- En París, mis tíos trabajaban en un casa cuidando caballos, desde pequeña me dejaban montar alguno de vez en cuando – Dijo orgullosa

Ahora el caballero guió la marcha a paso normal, los caballos agradecerían también el pequeño descanso, finalmente llegaron junto a un arrollo de cristalina agua, un paraje muy bonito y verde, descabalgó y ató al animal a un árbol - ¿Qué os parece el lugar?

- No está mal – Dijo la muchacha que seguía con actitud algo orgullosa

- ¡¿No está mal?! ¿Cómo que mis tierras no están mal? – Comenzó a hacerle cosquilla a Karina en la cintura, esta que realmente no era una persona orgullosa se rió por las cosquillas y porque había hecho de rabiar al conde.

El hombre la tubo que bajar del caballo pues apunto estuvo de caerse y acabó en sus brazos, las risas cesaron, se miraron a los ojos, Karina lo miró a los labios y el conde la acabó besando, un beso suave al principio pero que acabó siendo apasionado, se separaron con la respiración agitada – Será mejor que… comamos - dijo Nicolae