jueves, 30 de junio de 2011

Descenso a los infiernos (III)

Llegó cansada y sudorosa a la cabaña de su tío y se le congeló el alma al ver un caballo atado a uno de los postes del porche, un caballo que reconoció pues hacía escasos minutos que lo acababa de ver, el del joven con el que se había encontrado por el camino.

Los últimos metros los hizo ya caminando y recuperando el aliento ¿Qué pretendía aquel hombre? ¿Que su tío la castigara? Una vez más apretó los puños, no tenía a donde ir, se metería en la cabaña con la intención de escabullirse y subir a la buhardilla, su pequeño escondite.

Pero al entrar en su casa su tío y el joven caballero conversaban en el salón  - Katerina, ven aquí, preséntate al noble, es el dueño es estas tierras – le dijo su tío nada más entró sin darle opción a escaparse. Cada vez más abochornada, y con la cabeza gacha se acercó – Me llamo katerina, mucho gusto, si me disculpan, llegó un poco sucia y necesito lavarme… - lo cual era cierto

- Katerina – Habló ahora el caballero – Ya que es nueva en el lugar he pensado que si su tío no tiene inconveniente mañana por la mañana podría pasar por aquí y enseñarle estas tierras – Miró a su tío y este levantó los hombros.

El rubor de las mejillas de la joven se disparó – ¿No me van a castigar? - pensó, el hombre era apuesto, pero, no era una propuesta muy habitual, algo que aceptaría una muchacha formal y educada, pero lejos de esto ser un problema, casi… había algo que… - Bueno… - dijo levantando apenas un poco los ojos – Ahora discúlpenme – y cual chiquilla, salió corriendo para subir al desván.

No fue a asearse de inmediato, se mantuvo callada tratando de escuchar de que se hablaba abajo, pero era imposible, tentada estuvo de bajar de nuevo los peldaños, pero la verían y ya había pasado suficiente vergüenza por hoy, pero no pasó mucho más hasta por fin escuchar la puerta, se acercó a la ventana a tiempo de ver como el joven se alejaba a galope tendido, ahora ya se podía asear tranquila.


...


Pasaron las horas y la noche llegó de nuevo, por un momento el encuentro con Joseph casi cayó en el olvido y regresó el recuerdo de lo que había sucedido anoche, aquella presencia, aquel ¿Sueño?


Se sorprendió a si misma deseando que se volviera a repetir aquella experiencia, dejó la ventana abierta, hacía calor y no albergaba miedo alguno, se tumbó en la cama, de lado, mirando en dirección a la fina cortina blanca que se movía ligeramente, esperando que algo interrumpiera la claridad que le concedía la luz de la luna.


Poco a poco y debido a esos perturbadores pensamientos comenzó a sentir calor en sus entrañas, la electricidad recorrió su piel – Ven… - susurró mirando a la ventana, se mordió el labio por no gemir más alto, arqueó su espalda y su placer estalló en mil matices.

viernes, 24 de junio de 2011

El gran momento


Es curioso que en características similares el frío con facilidad se apodera de tus huesos, aunque en esta ocasión es distinto, es un fin buscado, algo necesario y al mismo tiempo una nueva etapa en la vida.
Uno ha visto esa escena muchas veces, está nervioso se mueve de un lado a otro… en este caso no me dejaron entrar, se iba a emplear instrumentos y el procedimiento indicaba que me tocaba estar fuera.
Allí todo era mucho peor, no ver, no saber que pasaba dentro, había que contener a la mente para que no divagara por distintas catástrofes y posibilidades negativas.
No quieres ver a nadie, que nadie te vea, cada enfermera, cada médico que por allí pasaba te lo quedabas mirando como si fueran a decirte algo, pero nada, había que seguir esperando.
De pronto un sonido lejano ¿Es lo que creo que es? El corazón me da un vuelco, algo se alegra mi interior ¿Pero y si no es? Algo me dice que di que es, es los la cuarta o quinta vez que me levanto de la silla, aquel llanto… se pequeño llanto… ahora necesito mirar a alguien, anunciar que he escuchado el llanto.
Me acerco a la puerta, no, no puedo pasar, en ese momento la puerta se abre, me hacen pasar, me cuesta no comenzar a correr, llego a la sala, la mamá me mira sonriente, la miro sonriente, miro a aquella pequeña criatura, es curioso, nunca imaginé que ya estuviera con los ojos abiertos, ahora no lloraba, lo miraba todo con curiosidad y me pareció lo más bello del mundo.

sábado, 18 de junio de 2011

Descenso a los infiernos (II)


Karina, que así se llamaba la muchacha se despertó con una ligera jaqueca, recordaba los hechos de la noche anterior como si de un sueño se tratara, pero la curiosidad hizo que con su camisón de raso blanco se acercara al pequeño aseo para mirarse en él.

Sus ojos azules interrogativos y levemente asustados se miraron a ellos mismos para sin más demora buscar algún signo en el cuello, contuvo el aliento, no parecía haber nada, una leve sonrisa apareció en su rostro hasta que dio con dos leves marcas en su cuello, podían se de algún mosquito, algún chinche quizás, la casa de su tío no estaba muy bien cuidada…

Una parte de ella trataba de convencerse que era algo casual, si, tenía que serlo, al fin y al cabo estaba bien, ya no se volvió a mirar en el espejo, se aseó con agua y se vistió para bajar de la buhardilla y saludar a su tío, le esperaba un largo día de limpieza.

Y así fue toda la mañana, le dolía la espalda ya al medio día, estaba fastidiada por tener que vivir con su tío tan descuidado, tenía sueños, de una vida acomodada ¿Y quien no? Va, esa vida es para los ricos y ella sólo había conocido la miseria, de pronto vino recuerdos de sus más tierna infancia, de cuando sus padres vivían, eso era la felicidad ¿No era un sueño? Con el tiempo todos los recuerdos parecen sueños.

Decidió tomarse la tarde libre y dar un paseo, desde que había llegado había sentido fascinación por el castillo que había arriba del monte ¿Otra vez con los sueños, Karina? En todo caso sería un bonito paseo, aliviaría su mente y sus piernas no tenían nada mejor que hacer, excepto limpiar y limpiar sin fin, tomó el camino de tierra monte arriba, el sol que ya había pasado de su punto más alto prodigaba su calor pero esto no fue impedimento.

Ya cerca del castillo que se vislumbraba majestuoso escuchó los cascos de un corcel que se aproximaba desde la parte baja de la colina, la chica prefirió no dar importancia a este hecho si siguió con su camino, el caballo ya cerca ralentizo su paso y el caballero que lo montaba reclamó su atención.

- Buenas tardes, señorita… - La chica, entrecerró los ojos e infló levemente sus mofletes antes de darse media vuelta – Karina, buenas tardes tenga usted – y volvió a emprender de nuevo su marcha el hombre joven vestía buena ropa y era apuesto, pero ella no era señorita de hablar con desconocidos.

- ¿Y a donde se dirige usted, señorita Karina? – insistió el caballero.

La joven apretó los puños de forma casi imperceptible y apresuró el paso – Estoy dando un paseo, quiero… visitar aquel castillo si no le importa.

El hombre que aún no se había presentado se rió – No, no me importa – Pero a paso lento seguía por detrás de la dama, para mayor crispación de esta, así no había quien visitara un castillo con tranquilidad.
- ¿¡Pero me tiene que estar siguiendo!? – dijo deteniéndose ahora en seco sin temor de enfrentarse al desconocido.

El hombre parecía seguir de muy buen humor, sin duda le hacía gracia el carácter de la muchacha – Bueno, está usted en mis tierras, de camino al lugar donde vivo ¿No es normal que sienta curiosidad?
Ahora el rostro de Karina cambió por completo, un gran sentimiento de vergüenza se apoderó de ella – Yo… ¡Lo siento! – Sumida en tal vergüenza salió del camino campo a través para regresar corriendo a la cabaña de su tío, no dejó de correr hasta llegar allí

miércoles, 15 de junio de 2011

El corazón por la boca


Algo no marchaba bien, pero no desde hacía poco, desde hacía años, quizás venía siendo más consciente desde hace unos meses, pero plantear el problema no hacía más que chocáramos una y otra vez, en un círculo vicioso.
Aunque los motivos perecían cambiar o al menos había más de uno, a veces uno se deja llevar, cierra los ojos, hace como que no pasa nada y tira para delante.
Pero hace unos días decidí poner fin a la ceguera y plantear que las cosas no podían seguir así, la relación estuvo tan al borde del abismo que me vi más fuera que dentro, de pronto parecía que ella no quería arreglar las cosas, quizás por el temor de no repetir las mismas cosas una y otra vez.
Jamás me vi capaz de dar tanto, pero desde la óptica de lo que hay en juego parecía algo natural y es que cuando ya se ven los 40 de cerca, comenzar de nuevo da mucho vértigo.
La relación se había vuelto tan fría que era poco más que una amistad, al final, tras largas horas de incertidumbre y tristeza se comenzaron a dar unos pequeños pasos, ella parecía dispuesta a intentarlo sin prometer nada, yo desde el principio le dije que estaba más que dispuesto.
Me arrepiento de muchas cosas, cosas que no hice o hice mal, pero el pasado ya no está en mis manos. No se como evolucionarán las cosas, pero se que es mejor no cuestionar y en lugar de eso actuar o al menos intentarlo.

sábado, 11 de junio de 2011

Descenso a los infiernos


El calor era insoportable, un camisón y su ropa interior era su única ropa, la chica no paraba de dar vueltas y vueltas en la cama, por la ventana de la buhardilla se escuchaba el sonido de los grillos con su monótona canción y la luna brillaba en todo su esplendor riéndose del calor de los humanos.
Debido al ángulo de esta su luz se proyectaba en el interior de la habitación, la muchacha abrió los ojos a tiempo de ver como algo se interpuso en medio de esta luz por un momento, la chica se incorporó asustada.

- No es nada, debió de ser una lechuza – No obstante se incorporó, descalza y titubeante se acercó a la ventana, comenzó a soplar una ligera brisa que mecía con suavidad la fina tela blanca que hacía de cortina, cuando llegó allí, no había nada - ¿Qué esperabas encontrar estas en la buhardilla? ¿A un gigante? Va, estúpida.

Se dio media vuelta para regresar a la cama cuando de nuevo algo interrumpió la luz de la luna, esta vez se le heló la sangre, en la pared del fondo una sombra humanoide y no era la suya, era de algo más grande, pero esto no fue lo único que ocurrió, notó como un calor interno se propagaba desde su vientre hasta el resto de su cuerpo, produciéndole una excitación fuera de control.

- ¿Quién eres? – Preguntó asustada e incapaz de moverse, solo hubo una risa macabra por respuesta, la madera del suelo justo detrás de ella crujió, se le erizó el bello de la piel y se le escapó un pequeño gemido sin poder evitarlo - ¿Qué quieres de mí? – insistió.

Por respuesta unos labios se posaron en su cuello, sus piernas comenzaron a temblar ¿Miedo? ¿Placer? ¿Ambas cosas tal vez? Abrió los labios como para decir algo más pero sólo se escapó el aire de sus labios – Ah… - unas fuertes y masculinas manos se posaron en sus pechos, sus pezones reaccionaron al instante y su excitación aumentó.

Los latidos de su corazón iban a más, seguro que el propietario de aquellas manos podía sentir su corazón desbocado, el cuerpo de la criatura se pegó al de la muchacha, esta pudo notar sus pectorales y un poco por encima de su trasero algo entró en contacto con su camisón, no hacía falta tener mucha experiencia para saber de que se trataba aquello.

Sin poder controlarse comenzó a frotarse contra él, se sentía como una hembra en celo, nunca se había sentido tan excitada y ni siquiera había podido ver el rostro del extraño.

- Al menos dime tu nombre – Suplicó, la masculina criatura pellizcó su sensible piel y de nuevo se rió – Puedes llamarme "amo" pues ahora me perteneces.

De pronto se levantó un torbellino de viento, su cuerpo quedó liberado, la criatura había desaparecido, ella se quedó con la excitación y un pequeñísimo hilillo de sangre procedente de un par de pequeñas heridas en su cuello.

¿Continuará?

jueves, 9 de junio de 2011

El primer beso

Diablo y diablesa lo tenían todo preparado, era una encerrona, Blanca llama a Roland – Ven, ven aquí
Roland con su andar distraído se acerca, le alegra que le llame la chica, a su edad y es la primera vez que una chica se fija en él o al menos que lo percibe de forma tan directa.
- Mira ¿ves? No pasa nada se juntan los labios y ya está – Diablesa besa a diablo, su chico, de forma superficial – Ahora vosotros
Roland se pone rojo como un tomate - ¡Va! – lo jalean, él levanta los hombros y mira a Blanca el corazón totalmente debocado nunca ha besado a una chica.
Una vez más la chica toma la iniciativa se acerca y posa sus labios en los de él, le saben cálidos y extraños, es agradable aunque no vio miles de lucecitas de colores – Ya está ¿A que no pasa nada? – Le pregunta blanca, Roland sonríe y niega con la cabeza.


Supongo que es cierto que siempre se recuerda el primer beso, aunque hayamos renacido tantas veces que no seamos nosotros mismos, aunque la memoria sea engañosa, ahí queda.