sábado, 25 de marzo de 2017

De letras


Como me ponen tus largos y bien puestos párrafos, el trazo grueso de tu letra. La dureza de tus adjetivos cuando expresas tus sentimientos.

Me derrites con tus descripciones y haces que siempre quiera más. Y el tacto, no hay nada como el tacto del papel. Capaz de dañar por filo, pero suave y rugoso a la vez por las caras.

Eres todo un regalo para la vista. Ansío tocarte, olerte, impregnarme de ti y a la vez que me hagas tuya y penetres en mi mente. Y es que, donde haya un buen libro, que se quite lo demás.

13/02/2015

Fuente imagen: https://plus.google.com/106218638101580813679/posts/2KRvqs5ySK3

domingo, 5 de marzo de 2017

El vil metal


No hay como apretarle las tuercas a un tipo. León era uno de los pringados: formal, de vida acomodada…Pero había cometido dos errores; el primero pedirme dinero, el segundo no devolvérmelo a tiempo.

No me suelo apiadar de la gente. Normalmente no me meto en esos berenjenales; o me pagas o te voy rompiendo los huesos uno a uno. Pero en este caso, con León, hice una excepción.

El chupatintas me contó que dentro de un par de días, donde trabajaba, ingresarían en caja el dinero de una importante transacción. Sin guardias. Tan solo una alarma y caja fuerte de tres al cuarto. Pan comido para dar un golpe fácil y rápido.

Y allí estaba yo, enfundado en un pasamontañas y frotándome las manos tras haber entrado por la ventana. Aunque sonase la alarma disponía de diez minutos hasta que llegase la pasma. Me dirigí sin perder más tiempo hasta donde me había dicho que estaría la caja. Escuché una sirena, pero era demasiado pronto para ser yo el causante, será otro su destino, debía de mantener los nervios a raya.

Entré en la habitación y allí solo vi una mesa de reuniones, unas cuantas sillas y un proyector - ¿Y la puñetera caja? - No había cuadros, no había… ¡Ah! Había un armario, me precipité sobre él. No me costó forzar la cerradura, pero no fue el dinero lo que vino a mí. Sino el cuerpo ensangrentado de un tipo, obeso con gafas. Embutido en el espacio que acababa de abrir.

¿Pero qué demonios? - Mientras la sirena se hacía más estruendosa y el coche policial se detenía justo debajo del edificio lo entendí. León. Ese maldito bastardo me había cargado el muerto.

14/11/2016