martes, 15 de noviembre de 2011

Descenso a los infiernos (VIII)

Los amantes descansaron, abrazados sintiendo la respiración del otro, ninguno de los dos parecía atreverse a hablar, como si tan sólo un susurro pudiese romper la magia del momento.

- Nicolae… - Dijo finalmente ella - ¿Tenéis… Hay alguien más en tu vida? – Para disimular su temor comenzó a jugar con el pelo de él.

El hombre sonrió – Si… - hizo una pausa – Olaf, el mayordomo

La chica a la que se le congeló la respiración la emprendió con pequeños golpes sobre el pecho del conde – Sois estúpido… - pero ambos rieron de forma jovial.


Se asearon en el frío agua del arrollo y volvieron al palacio, de forma más calmada en esta ocasión, hubieron sonrisas y miradas cómplices, Olaf les esperaba con el fuego encendido caldeando las estancias para la noche.

Precisamente poco después del anochecer, mientras Nicolae y su invitada jugaban al ajedrez golpearon la puerta, este frunció el ceño pues no esperaba visitas, en pocos segundos se escucharon unos pasos que se aproximaban, un caballero como de unos diez años más que Nicolae en apariencia irrumpió en la estancia.

- ¡¿Hay alguna estancia libre la un…?! Vaya, vaya ¿Pero qué tenemos aquí? – Se interrumpió el mismo al ver a la muchacha - ¿Coleccionas cervatillos ahora? – Sonrió de forma un poco macabra, tanto que turbó a la mujer – Tengo que reconocer que tienes buen gusto, querido Nicolae…

El conde hinchó el pecho y se puso en pié, por su rostro se notaba que la visita no era bienvenida – Marcus… sabes lo que te aprecio, pero… no es un buen momento para visitas.

- ¿Cómo dices? – Le replicó totalmente sorprendido y como si no le hubiese escuchado bien

Nicolae suspiró – Ya me has oído – Noto como tiraban ligeramente de la manga, la muchacha trataba de llamar su atención – Por mi no lo hagas… - lo miraba suplicante – Además, ya casi ha anochecido…

El forastero comenzó a reír a carcajadas de tal forma que helaría la sangre a cualquiera, levantó la mano – Está bien… capto el mensaje, pero… eso no se le hace a alguien que te ha dado lo que yo, nos volveremos a ver Nicolae, nos volveremos a ver… - Y sin perder su sonrisa dio media vuelta y se marchó por donde había venido.