sábado, 17 de diciembre de 2011

Amor

El Amor, con la A en mayúscula, no es casualidad.

¿Qué somos? Cada uno de nosotros, el individuo encerrado en si mismo, me gusta pensar que somos polvo de estrellas, como dijo aquel inquieto hombre, realmente si lo somos, somos parte de un todo o así me gusta pensarlo.

Estamos en un mismo barco que va a la deriva, somos unas historias cortas que pasan de persona en persona, de padres a hijos, entre amantes, entre amigos…

Y siempre a vueltas con el Amor, con mayúscula, con la maravillosa sensación de tener a alguien pendiente de ti, con la sensación de compartir lo máximo, el tiempo, la vida…

El Amor, tanto se ha escrito sobre él, algunos en su provecho, otros marcados o ahogados por él.

El Amor, de una forma u otra, sin él para mi no tiene sentido la vida, pero ¿Y de las formas de Amar? A la pareja, a la familia, al amigo… del amor secreto, del amor prohibido, del amor eterno y del amor reconocido, del amor fraterno y del amor perdido…

Amor…

domingo, 11 de diciembre de 2011

Descenso a los infiernos (IX)

El pequeño incidente quedó olvidado, nada volvió a perturbar la paz de la pareja que pasaron la noche amándose en los aposentos del conde.

Al día siguiente por la tarde decidieron dar un nuevo paseo a caballo, la muchacha tenía necesitad de saber más y más de las posesiones de su anfitrión, todo iba con normalidad hasta que…

Iban al trote, despacio, Nicolae primero y la dama lo seguí de cerca, algo impreciso, una sombra apareció de repente y derribo al caballero.

- ¡Nicolae! – Karina bajó alterada y veloz del caballo para preocuparse por el estado de su amante, desgraciadamente este se había golpeado con una piedra y sangraba por la sien - ¡Nicolae responde! ¡Por favor! - Sus ojos ya se inundaban de lágrimas cuando la misma cosa la golpeó a ella, perdió el conocimiento.

Cuando recuperó la conciencia se dio cuenta que estaba de pié contra el tronco de un árbol, pero no se podía mover, le dolía la espalda, y la cadera, no habían cuerdas, pero si cuerpo no le respondía, algo la retenía así. La invadió una sensación de pánico, en su campo de visión apareció una persona, era Marcus… ¿Quién sino? Lucía una sonrisa macabra y se acercó a ella.

- Hola de nuevo… no te tomes esto como algo personal, al menos no contra ti… pero creo que Nicolae ha perdido un poco el norte y es mi forma de que vuelva al sendero que le corresponde – Soltó una risotada que helaba la sangre

Relájate y disfruta, esto va a ser divertido, sonrió y le vio unos colmillos exageradamente largos, la mano del hombre bajó y pellizcó los pezones de la muchacha.

- ¡No! ¡Detente! ¡Bastardo! ¿Dónde está? ¿Qué has hecho con él? – de nuevo los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas y grito cuando aquel ser desgarró la parte superior de su vestido - ¡Noooooooooo! – Iba a ser violada por un desconocido, comenzó a sollozar sin poder hacer nada.

La muchacha que solo podía mover la cabeza se giró a un lado para no mirarlo de y pronto… Se escuchó otro golpe, el hombre que iba a poseerla desapareció de su vista, fue lanzado lejos debido a que alguien le había hecho frente, fue algo muy rápido no lo suficiente como para que no pudiese percibir que se trataba de Nicolae, su conde.
 
En ese momento recuperó la movilidad, pero estaba demasiado débil, su cuerpo se deslizó hacia abajo apoyada contra el tronco, respirando con dificultad – Nicolae… - Alcanzó a decir y se desvaneció

martes, 15 de noviembre de 2011

Descenso a los infiernos (VIII)

Los amantes descansaron, abrazados sintiendo la respiración del otro, ninguno de los dos parecía atreverse a hablar, como si tan sólo un susurro pudiese romper la magia del momento.

- Nicolae… - Dijo finalmente ella - ¿Tenéis… Hay alguien más en tu vida? – Para disimular su temor comenzó a jugar con el pelo de él.

El hombre sonrió – Si… - hizo una pausa – Olaf, el mayordomo

La chica a la que se le congeló la respiración la emprendió con pequeños golpes sobre el pecho del conde – Sois estúpido… - pero ambos rieron de forma jovial.


Se asearon en el frío agua del arrollo y volvieron al palacio, de forma más calmada en esta ocasión, hubieron sonrisas y miradas cómplices, Olaf les esperaba con el fuego encendido caldeando las estancias para la noche.

Precisamente poco después del anochecer, mientras Nicolae y su invitada jugaban al ajedrez golpearon la puerta, este frunció el ceño pues no esperaba visitas, en pocos segundos se escucharon unos pasos que se aproximaban, un caballero como de unos diez años más que Nicolae en apariencia irrumpió en la estancia.

- ¡¿Hay alguna estancia libre la un…?! Vaya, vaya ¿Pero qué tenemos aquí? – Se interrumpió el mismo al ver a la muchacha - ¿Coleccionas cervatillos ahora? – Sonrió de forma un poco macabra, tanto que turbó a la mujer – Tengo que reconocer que tienes buen gusto, querido Nicolae…

El conde hinchó el pecho y se puso en pié, por su rostro se notaba que la visita no era bienvenida – Marcus… sabes lo que te aprecio, pero… no es un buen momento para visitas.

- ¿Cómo dices? – Le replicó totalmente sorprendido y como si no le hubiese escuchado bien

Nicolae suspiró – Ya me has oído – Noto como tiraban ligeramente de la manga, la muchacha trataba de llamar su atención – Por mi no lo hagas… - lo miraba suplicante – Además, ya casi ha anochecido…

El forastero comenzó a reír a carcajadas de tal forma que helaría la sangre a cualquiera, levantó la mano – Está bien… capto el mensaje, pero… eso no se le hace a alguien que te ha dado lo que yo, nos volveremos a ver Nicolae, nos volveremos a ver… - Y sin perder su sonrisa dio media vuelta y se marchó por donde había venido.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Descenso a los infiernos (VII)

Comieron con el sonido del agua del riachuelo de fondo, era una comida ligera pero todo estaba apetitoso.

Cuando ya habían dado buena cuenta de todo apoyó su cabeza en el hombro del conde que comenzó a pasar sus dedos por la larga cabellera de la muchacha.

- Es extraño, tengo la sensación de que os conozco de algo o de cómo si os conociera de siembre.

El conde encantado de tenerla así respondió – quien sabe, quizás fuimos parientes en otra vida – y añadió – a veces me siento muy sólo, como si fuera preso de mi palacio

La profundidad de estas últimas palabras la hicieron estremecer, posó su mano en la rasposa mejilla de Nicolae y elevó la cabeza hasta que sus labios suaves como la brisa se posaron en los ardientes de él.

Bastó ese pequeño gesto para que ella soltara un ligerísimo gemido que vibró en la sensible piel del hombre despertando su contenida pasión.

En segundos la pareja rodaba por la hierba, sus bocas se necesitaban de forma ansiosa, se mordían, sus lenguas se mezclaban mientras la ropa iba volando por los aires de un lado a otro, no estaba claro si era pasión o una lucha.

Desprovistos de toda ropa el conde miró a su presa, ambos respiraban agitados y ella se aferraba a sus brazos de los que no podía ni quería escapar – Hazme tuya… - su cálido aliento rozó el rostro de su amante que dio por buenas sus palabras y con si inhiesto miembro se internó en el ya húmedo sexo que la muchacha que lo acogió como pudo.

- ¡Ah…! – Karina boqueó, buscó la mirada de aquel hombre y besó sus labios de nuevo, flexionó las piernas y sus tobillos se cerraron en torno a las posaderas de él, como si no le quisiera dejar escapar.

Él comenzó a mover sus caderas, primero despacio y luego cada vez más rápido, jadeaba sin cesar mirando a los ojos de su “victima” – Ya eres mía… - dijo como pudo y aumentó aun mas el ritmo, las caderas de ambos ya chocaban produciendo un seductor sonido y el placer que se proporcionaban ambos era enorme – Vamos, vamos, vamos…

Empujaba hacia arriba buscando el máximo placer para ella, los gemidos cada vez más elevados se perdían en la profundidad del bosque, hasta que ambos acabaron gritando bien fuerte, alcanzaron el orgasmo de forma simultánea, ella no protestó, clavó sus uñas en la espalda de su amante al tiempo que arqueaba su cuerpo sintiendo como se derramaba en su interior - ¡Nicolae!
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Pido disculpas por lo que tardé en publicar, perdí un poco la motivación, a ver si vuelvo a encaminar, saludos y gracias.

lunes, 15 de agosto de 2011

Descenso a los infiernos (VI)


Después de preparadas unas cestas bien atadas las cargaron en el caballo, para la dama sacó una yegua hermosísima, de color pardo.

- ¿Os ayudo a montarla? – Preguntó el conde

- Si, por favor – Dijo la muchacha – Y no vayáis tan rápido

Pero nada más hacerlo esta espoleó su montura saliendo velozmente camino arriba, el conde que en un primer momento se quedó sorprendido rompió a reír entendiendo que la muchacha le había tomado el pelo.

Negó con la cabeza y subió a su caballo en persecución de la dama que lo hacía realmente bien, este no le dio alcance hasta que esta bajó la marcha - ¿Dónde habéis aprendido a montar?

- En París, mis tíos trabajaban en un casa cuidando caballos, desde pequeña me dejaban montar alguno de vez en cuando – Dijo orgullosa

Ahora el caballero guió la marcha a paso normal, los caballos agradecerían también el pequeño descanso, finalmente llegaron junto a un arrollo de cristalina agua, un paraje muy bonito y verde, descabalgó y ató al animal a un árbol - ¿Qué os parece el lugar?

- No está mal – Dijo la muchacha que seguía con actitud algo orgullosa

- ¡¿No está mal?! ¿Cómo que mis tierras no están mal? – Comenzó a hacerle cosquilla a Karina en la cintura, esta que realmente no era una persona orgullosa se rió por las cosquillas y porque había hecho de rabiar al conde.

El hombre la tubo que bajar del caballo pues apunto estuvo de caerse y acabó en sus brazos, las risas cesaron, se miraron a los ojos, Karina lo miró a los labios y el conde la acabó besando, un beso suave al principio pero que acabó siendo apasionado, se separaron con la respiración agitada – Será mejor que… comamos - dijo Nicolae

viernes, 29 de julio de 2011

Refresco de limón

El otro día recordé el sabor de un refresco de limón muy frío y la máquina del tiempo me transportó años atrás.

Siempre era uno de los mejores día del año, las fiestas patronales de mi pequeña ciudad, ya desde la mañana había que vestirse con “ropa de domingo” aún me río cuando me veo en fotos.

Dos procesiones, la primera por la mañana, a la que iba a mirar como comenzaba hasta que no aguantaba más y me entraba el ansia de irme a los recreativos, el pequeño vicio que tenía yo entonces, tanto era así que algún año me perdí hasta los fueros artificiales del final, el gran momento, el que me ponía y a veces aún lo consigue ponerme los pelos de punta.

Luego la comida, pollo asado, Dios que bueno, luego un ratito de descanso y a prepararse para la segunda procesión, mi padre era una de las personas que levaban a la virgen durante un tramo, había que ir con mi madre al lugar de inicio, un lugar donde se apelotonaba bastante gente ya que era bonito ver los bailes desde allí.

Recuerdo un año en la que se me acercó una chiquita que debía de tener como dos o tres años más que yo, nos pusimos a hablar, de vez en cuando me soltaba alguna palabra en francés, lo hacía a propósito y no me quería decir que me había dicho, me decía que cuando tuviera novio se lo llevaría a francia para casarse allí xD Que mala es la inocencia y que inmaduro, que de la vergüenza la niña me daba miedo y eso que era bastante guapa xD Recuerdo que me perseguía por el lugar y yo le huía xD

Mi padre comenzaba a llevar a la virgen y yo me iba con mi madre a tomarme un helado, para hacer algo de tiempo, después nos acercábamos al lugar donde mi padre acudiría, que antes de eso yo iba detrás de la procesión hasta el nuevo lugar de los relevos.

Un año un hombre disminuido psíquico la emprendió a golpes conmigo con un periódico, sin mediar palabra xD Huí despavorido xD

En el lugar de los relevos había una casa donde los participantes podían beber algo fresquito, mi padre, prácticamente un héroe a mis ojos, me daba a elegir y mi elección siempre era un refresco de limón que estaba helado como la nieve.

sábado, 23 de julio de 2011

Descenso a los infiernos (V)

Su cuerpo ya era pálido de normal, pero sus brazos se volvieron más blancos aún con la presión que ejercía al abrazar a aquel hombre, se sentía bien así, le daba seguridad, era fuerte y tenía el vientre duro y bien formado, no aflojó sus brazos hasta sentir que iban al trote.

Entonces salió su naturaleza salvaje - ¡¿Era necesario ir tan rápido?! Me habéis asustado y ahora me tendré que hacer de nuevo el pelo – dijo enfurruñada

El hombre sonrió, bajó del caballo y le tendió la mano – Lo siento, trataré de compensaros - la muchacha lo miró aún enojada pero aceptó su mano para bajar, estaban delante del castillo, de ese al que se dirigía el otro día, la verdad es que estaba muy bien cuidado.

- Creo que aún no me he presentado, soy el conde Nicolae Craciun – Katerina lo miró con desconfianza ¿Se suponía que tenía que hacer alguna clase de reverencia? ¡Ja! Pues que esperara de pie, se llevó las manos al pelo para hacerse una cola como pudo

- ¿Querías conocer el castillo? Venid, os lo enseñaré por dentro – Se acercaron a la puerta, esta se abrió como por arte de magia, pero es que había alguien allí, un sirviente que debía de haber escuchado el caballo – Buenos días ¿La señorita comerá aquí? – Preguntó el engalanado mayordomo, el conde se quedó pensativo – Preparad comida para dos, pero seguramente comamos fuera

Ante los ojos de la muchacha se descubrió una hermosa estancia, realmente parecía un palacio, azulejos hermosos de color blanco y negro como un tablero de ajedrez, paredes con relieve y objetos que parecían valiosos así como cuadros, y  mientras miraba el caballero se acercó para susurrarle – Estáis más hermosa con el cabello suelto – esta fingió no haberle oído, pero sus mejillas si que se fueron tornando de color carmesí.

Le fue enseñando las distintas estancias y se sintió como de visita en un museo, no creía posible que alguien pudiera vivir en un lugar así, pero de todo lo que más le impresionó fue un jardín interior, había una fuente con agua, y exóticos árboles y plantas, olía maravillosamente bien.

Nicolae lo notó y llamó al mayordomo para que les trajeran unas bebidas mientras descansaban un poco en el jardín - ¿Y bien que os parece? – La muchacha clavó los ojos en los suyos y ya le habló más calmada – Estoy impresionada, no me lo imaginaba tan bien cuidado ¿Es de herencia suya?

- Más o menos – Respondió – Supongo que así podría decirse – Se puso la mano en la barbilla - ¿Sabéis montar a caballo? – Sonrió al recordar algo y añade – Al trote si queréis, iremos con un caminito montaña arriba desde donde hay una buena vista de todas las tierras de alrededor

Llegaron las bebidas y eso le dio tiempo a Katerina para pensar, aunque no había mucho en que hacerlo, todo esto era como una aventura y no entraba entre las posibilidades perderse algo y con lo del caballo… quizás pudiera sorprender al conde, tenía un as en la manga.

martes, 19 de julio de 2011

De menciones y dedicatorias

Anoche me premió mi chikitina de los blogs “Cris*” que ya me explicarás si lo del asterisco es un besito o que es jajajaj Bueno, ha sido una sorpresa y un honor enorme encontrarme mencionado, ¡Ya formo parte de su blog! Yupiiiiii jajajajaj
Te aprecio mucho guapa.




Reglas:
1: Dejar un comentario en la entrada donde te dan el premio.

2: Responder las preguntas.
A) ¿Por qué te creaste un blog?
Pues… la bichita que me ha premiado tiene gran parte de culpa jeje Me gustaba escribir, eso ya lo traía puesto de otros lares pero nunca me había decidido a crear un blog, por un lado contar experiencias personales desde el “economato” xD y por otro compartir mis historias ficticias con la gente tan maja que hay por aquí.

B) "Hay dos tipos de personas: los que están pensando en dejar su blog y los que están pensando en hacerse uno" ¿Qué piensas de esa frase?
Bueno, de todo hay en las viñas del señor, cada uno que piense lo que quiera jajaja

C) ¿Cuánto tiempo tienes en Blogger?
Un mes y diez días, soy un bebé jajaja

D) ¿Piensas abandonar Blogger algún día?
Pues… Cuando me canse o nadie me haga caso xD Esto lo hago por placer, si algún día me comienza costar lo dejaré, pero seguiré leyendo a mi gentecilla, que no se me preocupen ^^

E) ¿Por qué te gusta escribir?
Ummm Me gusta que me lean y comenten mis paranoias

F) ¿Cuáles son las 5 cosas que más te gustan hacer? Por orden.
Hablar con amigos. (Llámese chatear etc)
Jugar.
Dormir.
Viajar.
Sexo.
( Aunque el orden no lo tengo muy claro xD )

3: Dedicarlo a quien quieras.


Bueno, estos son mis seguidores, estoy encantado con cada uno de ellos ¡Gracias por estar ahí!

lunes, 18 de julio de 2011

Descenso a los infiernos (IV)

Despertó nerviosa, en su mente sólo una cosa, hoy venía el noble, solo de pensarlo le hacía sentir su corazón acelerado,  se levantó de un salto y cruzó cuadro palabras con su padre y cogió un cubo para llenarlo en la fuerte.

Con los pies descalzos pues le encantaba la sensación de pisar la hierba apresuró el paso, el agua estaba helada a estas horas, bebió un poco de ella y a la vuelta vio un corcel negro que galopaba hacia la casa, si no se daba prisa llegaría antes que ella y aún no se había cambiado.

Entró en la casa casi con sólo medio contenido del cubo pues se había salido el resto por la carrera cuando llegó el caballo, seguro que la vio entrar pero al noche no le dio tiempo ni a cruzar media palabra con ella.

Llegó de nuevo a su habitación con su pecho hinchándose y deshinchándose con rapidez, al menos tenía agua para asearse, tras lavarse un poco se puso su mejor vestido, un poco viejo y desgastado, pero algo decente con lo que presentarse y una vez estuvo todo listo bajó conteniendo el aliento.

El caballero estaba tomando un té que le había preparado su tío, la miró mientras descendía por las escaleras con una ligera sonrisa en los labios – Estáis hermosa esta mañana – le dijo de forma amable

- Gracias… - la muchacha ruborizándose un poco bajó la mirada y se sentó en una silla con las piernas juntas, el hombre era atractivo, pero ella no debía fantasear con esas cosas ¿Pero a que había venido? ¿Y si lo que pretendía era hacerle daño? A un hombre con tanto poder no le resultaría salir impune, un escalofrío recorrió su espalda.

Al poco el señor se levantó y se dirigió a su tío – Bueno, no se preocupe que estará bien conmigo, recuerde lo que ayer hablamos

La mucha levanto su mirada interrogativa en dirección a su tío que se limitó a sentir al caballero con rostro bastante neutro, ¿Seguro que no tenía motivos para estar asustada? Antes de poder hacerse muchas más preguntas el visitante le tendió la mano y la acompañó hasta el caballo - ¿Sabes subir? – La muchacha frinció el ceño su subió con bastante habilidad para sorpresa de este, rió con dulzura y montó también, por delante de la muchacha.
 
El caballo salió despedido a galope tendido, Katerina tuvo que rodear y agarrase fuerte a la cintura del joven que vio comenzar a pasar los árboles con gran rapidez a su alrededor, hasta tuvo que apretar los dientes en algún momento de pánico.

viernes, 8 de julio de 2011

Una historia del pasado


Era una noche muy señalada, una en la que la gente sale a divertirse y pasarlo bien, desde el primer momento me encontraba un poco ido, como si mi cabeza tratara de escapar de mi cuerpo, estaba espeso y todo era un poco borroso.

Sin hacer mucho caso a esto la noche avanzó, habían algunas risas, trataba de pasarlo bien, era lo que tocaba, luego me entró un nudo en el estómago, no es la primera vez que me pasa antes de que suceda algo malo y eso que no creo en supercherías, esto si lo dije en voz alta de eso me acuerdo perfectamente.

Más tarde vino el enfado, uno de esos tontos que tengo, bueno, hace años, cuando esto ocurrió los tenía con más frecuencia, más incontrolables, por suerte la edad le ayuda a mejorar uno. Ella salió a hablar con un amigo y yo me enfadé porque no me avisó, menuda estupidez por mi parte.

Dejó de hablarme, comencé a sentirme mucho peor, la noche se torció de forma irremediable y aún no lo sabía pero para siempre.

Sonaron unas canciones románticas, de esas que hablan francés con tintes erótico-amorosas, nunca me supieron tan amargas unas canciones, aún cuando las escucho recuerdo aquel momento.

Traté de comunicarme, de disculparme, todo intento fue inútil, y lo que debía de ser una noche divertida se convirtió en una lenta tortura.

Al día siguiente vino a verme, se disculpó y cortó conmigo, fue el punto y final a una relación, algo que ya debía de estar sopesando, no me quedó otra que aceptar y aunque en los días siguientes traté de buscar soluciones y tras barajar la posibilidad de mantener una amistad que me era imposible, la historia quedó para siempre en el pasado.

jueves, 30 de junio de 2011

Descenso a los infiernos (III)

Llegó cansada y sudorosa a la cabaña de su tío y se le congeló el alma al ver un caballo atado a uno de los postes del porche, un caballo que reconoció pues hacía escasos minutos que lo acababa de ver, el del joven con el que se había encontrado por el camino.

Los últimos metros los hizo ya caminando y recuperando el aliento ¿Qué pretendía aquel hombre? ¿Que su tío la castigara? Una vez más apretó los puños, no tenía a donde ir, se metería en la cabaña con la intención de escabullirse y subir a la buhardilla, su pequeño escondite.

Pero al entrar en su casa su tío y el joven caballero conversaban en el salón  - Katerina, ven aquí, preséntate al noble, es el dueño es estas tierras – le dijo su tío nada más entró sin darle opción a escaparse. Cada vez más abochornada, y con la cabeza gacha se acercó – Me llamo katerina, mucho gusto, si me disculpan, llegó un poco sucia y necesito lavarme… - lo cual era cierto

- Katerina – Habló ahora el caballero – Ya que es nueva en el lugar he pensado que si su tío no tiene inconveniente mañana por la mañana podría pasar por aquí y enseñarle estas tierras – Miró a su tío y este levantó los hombros.

El rubor de las mejillas de la joven se disparó – ¿No me van a castigar? - pensó, el hombre era apuesto, pero, no era una propuesta muy habitual, algo que aceptaría una muchacha formal y educada, pero lejos de esto ser un problema, casi… había algo que… - Bueno… - dijo levantando apenas un poco los ojos – Ahora discúlpenme – y cual chiquilla, salió corriendo para subir al desván.

No fue a asearse de inmediato, se mantuvo callada tratando de escuchar de que se hablaba abajo, pero era imposible, tentada estuvo de bajar de nuevo los peldaños, pero la verían y ya había pasado suficiente vergüenza por hoy, pero no pasó mucho más hasta por fin escuchar la puerta, se acercó a la ventana a tiempo de ver como el joven se alejaba a galope tendido, ahora ya se podía asear tranquila.


...


Pasaron las horas y la noche llegó de nuevo, por un momento el encuentro con Joseph casi cayó en el olvido y regresó el recuerdo de lo que había sucedido anoche, aquella presencia, aquel ¿Sueño?


Se sorprendió a si misma deseando que se volviera a repetir aquella experiencia, dejó la ventana abierta, hacía calor y no albergaba miedo alguno, se tumbó en la cama, de lado, mirando en dirección a la fina cortina blanca que se movía ligeramente, esperando que algo interrumpiera la claridad que le concedía la luz de la luna.


Poco a poco y debido a esos perturbadores pensamientos comenzó a sentir calor en sus entrañas, la electricidad recorrió su piel – Ven… - susurró mirando a la ventana, se mordió el labio por no gemir más alto, arqueó su espalda y su placer estalló en mil matices.

viernes, 24 de junio de 2011

El gran momento


Es curioso que en características similares el frío con facilidad se apodera de tus huesos, aunque en esta ocasión es distinto, es un fin buscado, algo necesario y al mismo tiempo una nueva etapa en la vida.
Uno ha visto esa escena muchas veces, está nervioso se mueve de un lado a otro… en este caso no me dejaron entrar, se iba a emplear instrumentos y el procedimiento indicaba que me tocaba estar fuera.
Allí todo era mucho peor, no ver, no saber que pasaba dentro, había que contener a la mente para que no divagara por distintas catástrofes y posibilidades negativas.
No quieres ver a nadie, que nadie te vea, cada enfermera, cada médico que por allí pasaba te lo quedabas mirando como si fueran a decirte algo, pero nada, había que seguir esperando.
De pronto un sonido lejano ¿Es lo que creo que es? El corazón me da un vuelco, algo se alegra mi interior ¿Pero y si no es? Algo me dice que di que es, es los la cuarta o quinta vez que me levanto de la silla, aquel llanto… se pequeño llanto… ahora necesito mirar a alguien, anunciar que he escuchado el llanto.
Me acerco a la puerta, no, no puedo pasar, en ese momento la puerta se abre, me hacen pasar, me cuesta no comenzar a correr, llego a la sala, la mamá me mira sonriente, la miro sonriente, miro a aquella pequeña criatura, es curioso, nunca imaginé que ya estuviera con los ojos abiertos, ahora no lloraba, lo miraba todo con curiosidad y me pareció lo más bello del mundo.

sábado, 18 de junio de 2011

Descenso a los infiernos (II)


Karina, que así se llamaba la muchacha se despertó con una ligera jaqueca, recordaba los hechos de la noche anterior como si de un sueño se tratara, pero la curiosidad hizo que con su camisón de raso blanco se acercara al pequeño aseo para mirarse en él.

Sus ojos azules interrogativos y levemente asustados se miraron a ellos mismos para sin más demora buscar algún signo en el cuello, contuvo el aliento, no parecía haber nada, una leve sonrisa apareció en su rostro hasta que dio con dos leves marcas en su cuello, podían se de algún mosquito, algún chinche quizás, la casa de su tío no estaba muy bien cuidada…

Una parte de ella trataba de convencerse que era algo casual, si, tenía que serlo, al fin y al cabo estaba bien, ya no se volvió a mirar en el espejo, se aseó con agua y se vistió para bajar de la buhardilla y saludar a su tío, le esperaba un largo día de limpieza.

Y así fue toda la mañana, le dolía la espalda ya al medio día, estaba fastidiada por tener que vivir con su tío tan descuidado, tenía sueños, de una vida acomodada ¿Y quien no? Va, esa vida es para los ricos y ella sólo había conocido la miseria, de pronto vino recuerdos de sus más tierna infancia, de cuando sus padres vivían, eso era la felicidad ¿No era un sueño? Con el tiempo todos los recuerdos parecen sueños.

Decidió tomarse la tarde libre y dar un paseo, desde que había llegado había sentido fascinación por el castillo que había arriba del monte ¿Otra vez con los sueños, Karina? En todo caso sería un bonito paseo, aliviaría su mente y sus piernas no tenían nada mejor que hacer, excepto limpiar y limpiar sin fin, tomó el camino de tierra monte arriba, el sol que ya había pasado de su punto más alto prodigaba su calor pero esto no fue impedimento.

Ya cerca del castillo que se vislumbraba majestuoso escuchó los cascos de un corcel que se aproximaba desde la parte baja de la colina, la chica prefirió no dar importancia a este hecho si siguió con su camino, el caballo ya cerca ralentizo su paso y el caballero que lo montaba reclamó su atención.

- Buenas tardes, señorita… - La chica, entrecerró los ojos e infló levemente sus mofletes antes de darse media vuelta – Karina, buenas tardes tenga usted – y volvió a emprender de nuevo su marcha el hombre joven vestía buena ropa y era apuesto, pero ella no era señorita de hablar con desconocidos.

- ¿Y a donde se dirige usted, señorita Karina? – insistió el caballero.

La joven apretó los puños de forma casi imperceptible y apresuró el paso – Estoy dando un paseo, quiero… visitar aquel castillo si no le importa.

El hombre que aún no se había presentado se rió – No, no me importa – Pero a paso lento seguía por detrás de la dama, para mayor crispación de esta, así no había quien visitara un castillo con tranquilidad.
- ¿¡Pero me tiene que estar siguiendo!? – dijo deteniéndose ahora en seco sin temor de enfrentarse al desconocido.

El hombre parecía seguir de muy buen humor, sin duda le hacía gracia el carácter de la muchacha – Bueno, está usted en mis tierras, de camino al lugar donde vivo ¿No es normal que sienta curiosidad?
Ahora el rostro de Karina cambió por completo, un gran sentimiento de vergüenza se apoderó de ella – Yo… ¡Lo siento! – Sumida en tal vergüenza salió del camino campo a través para regresar corriendo a la cabaña de su tío, no dejó de correr hasta llegar allí

miércoles, 15 de junio de 2011

El corazón por la boca


Algo no marchaba bien, pero no desde hacía poco, desde hacía años, quizás venía siendo más consciente desde hace unos meses, pero plantear el problema no hacía más que chocáramos una y otra vez, en un círculo vicioso.
Aunque los motivos perecían cambiar o al menos había más de uno, a veces uno se deja llevar, cierra los ojos, hace como que no pasa nada y tira para delante.
Pero hace unos días decidí poner fin a la ceguera y plantear que las cosas no podían seguir así, la relación estuvo tan al borde del abismo que me vi más fuera que dentro, de pronto parecía que ella no quería arreglar las cosas, quizás por el temor de no repetir las mismas cosas una y otra vez.
Jamás me vi capaz de dar tanto, pero desde la óptica de lo que hay en juego parecía algo natural y es que cuando ya se ven los 40 de cerca, comenzar de nuevo da mucho vértigo.
La relación se había vuelto tan fría que era poco más que una amistad, al final, tras largas horas de incertidumbre y tristeza se comenzaron a dar unos pequeños pasos, ella parecía dispuesta a intentarlo sin prometer nada, yo desde el principio le dije que estaba más que dispuesto.
Me arrepiento de muchas cosas, cosas que no hice o hice mal, pero el pasado ya no está en mis manos. No se como evolucionarán las cosas, pero se que es mejor no cuestionar y en lugar de eso actuar o al menos intentarlo.

sábado, 11 de junio de 2011

Descenso a los infiernos


El calor era insoportable, un camisón y su ropa interior era su única ropa, la chica no paraba de dar vueltas y vueltas en la cama, por la ventana de la buhardilla se escuchaba el sonido de los grillos con su monótona canción y la luna brillaba en todo su esplendor riéndose del calor de los humanos.
Debido al ángulo de esta su luz se proyectaba en el interior de la habitación, la muchacha abrió los ojos a tiempo de ver como algo se interpuso en medio de esta luz por un momento, la chica se incorporó asustada.

- No es nada, debió de ser una lechuza – No obstante se incorporó, descalza y titubeante se acercó a la ventana, comenzó a soplar una ligera brisa que mecía con suavidad la fina tela blanca que hacía de cortina, cuando llegó allí, no había nada - ¿Qué esperabas encontrar estas en la buhardilla? ¿A un gigante? Va, estúpida.

Se dio media vuelta para regresar a la cama cuando de nuevo algo interrumpió la luz de la luna, esta vez se le heló la sangre, en la pared del fondo una sombra humanoide y no era la suya, era de algo más grande, pero esto no fue lo único que ocurrió, notó como un calor interno se propagaba desde su vientre hasta el resto de su cuerpo, produciéndole una excitación fuera de control.

- ¿Quién eres? – Preguntó asustada e incapaz de moverse, solo hubo una risa macabra por respuesta, la madera del suelo justo detrás de ella crujió, se le erizó el bello de la piel y se le escapó un pequeño gemido sin poder evitarlo - ¿Qué quieres de mí? – insistió.

Por respuesta unos labios se posaron en su cuello, sus piernas comenzaron a temblar ¿Miedo? ¿Placer? ¿Ambas cosas tal vez? Abrió los labios como para decir algo más pero sólo se escapó el aire de sus labios – Ah… - unas fuertes y masculinas manos se posaron en sus pechos, sus pezones reaccionaron al instante y su excitación aumentó.

Los latidos de su corazón iban a más, seguro que el propietario de aquellas manos podía sentir su corazón desbocado, el cuerpo de la criatura se pegó al de la muchacha, esta pudo notar sus pectorales y un poco por encima de su trasero algo entró en contacto con su camisón, no hacía falta tener mucha experiencia para saber de que se trataba aquello.

Sin poder controlarse comenzó a frotarse contra él, se sentía como una hembra en celo, nunca se había sentido tan excitada y ni siquiera había podido ver el rostro del extraño.

- Al menos dime tu nombre – Suplicó, la masculina criatura pellizcó su sensible piel y de nuevo se rió – Puedes llamarme "amo" pues ahora me perteneces.

De pronto se levantó un torbellino de viento, su cuerpo quedó liberado, la criatura había desaparecido, ella se quedó con la excitación y un pequeñísimo hilillo de sangre procedente de un par de pequeñas heridas en su cuello.

¿Continuará?

jueves, 9 de junio de 2011

El primer beso

Diablo y diablesa lo tenían todo preparado, era una encerrona, Blanca llama a Roland – Ven, ven aquí
Roland con su andar distraído se acerca, le alegra que le llame la chica, a su edad y es la primera vez que una chica se fija en él o al menos que lo percibe de forma tan directa.
- Mira ¿ves? No pasa nada se juntan los labios y ya está – Diablesa besa a diablo, su chico, de forma superficial – Ahora vosotros
Roland se pone rojo como un tomate - ¡Va! – lo jalean, él levanta los hombros y mira a Blanca el corazón totalmente debocado nunca ha besado a una chica.
Una vez más la chica toma la iniciativa se acerca y posa sus labios en los de él, le saben cálidos y extraños, es agradable aunque no vio miles de lucecitas de colores – Ya está ¿A que no pasa nada? – Le pregunta blanca, Roland sonríe y niega con la cabeza.


Supongo que es cierto que siempre se recuerda el primer beso, aunque hayamos renacido tantas veces que no seamos nosotros mismos, aunque la memoria sea engañosa, ahí queda.