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Anestesia

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  Una operación nunca es plato de buen gusto. Cuanto la cosa implica anestesia general, siempre está ese “y si…” No hay operación exenta de riesgos, nunca entenderé a los que se operan alegremente y de manera frecuente para modificarse; como quien se cambia el avatar en un videojuego. Entiendo que hay casos y casos, pero cuando la cosa es simplemente por una baja autoestima… lo mejor sería trabajar la psique. Bueno, voy con la historia: El caso es que se encontraba en una habitación con más gente, cada uno en una camilla y todos mayores que él. La enfermera iba de aquí para allá poniendo vías y goteros. Y él… él estaba quedando para el final. Había un hombre que le cayó bien de inmediato, que intentó entablar conversación con los demás. Y es que la mayoría se encontraba con nervios, por lo que estaba por ven ir. - El médico me dijo que me operaban de “la triple”. La columna, la rodilla y… y… ya no me acuerdo, je, je, je, ya llevo varias operaciones en  pocos años… ¿Y a ti de q...

Algo extraño

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Era un caluroso día de Julio, unos se preparaban para ir a la playa, otros al trabajo antes de que llegaran sus merecidas vacaciones. Pero en el ambiente había algo extraño. Una sensación de que algo iba mal. Fue un niño el primero en darse cuenta – Mamá… ¿Dónde se han ido las sombras? - La mujer que tiraba ligeramente de la manos de su hijo para llevarlo al colegio, no le hizo caso. Pero el mendigo que estaba a la puerta del supermercado sí reparó en lo que dijo el pequeño. Levantó la mirada al cielo, y pudo comprobar que no estaba nublado, se veía el sol con claridad. Pero en cambio, no había sombras. - ¡Oh… fatalidad! ¡Es el fin del mundo! ¡El fin del mundo! - Comenzó a gritar. Un hombre con traje y corbata lo miró con desprecio y levantó la mano para pedir un taxi. Miró al suelo y comprobó que faltaba su sombra. Pero no solo eso, su mano poco a poco se estaba volviendo transparente, las casas, los vehículos. Todo parecía de cristal. Y en unos pocos segundos, donde estuvo el planeta...

Un buzón de los ochenta.

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  El mundo parecía transcurrir de forma más lenta. Cuando uno quería hablar con un amigo, iba a su casa. Igual hasta tocaba negociar con su madre por el telefonillo, para que lo dejara bajar. Tener una pelota era suficiente para hacer amigos, y si tenías un balón de reglamento, eras el rey. Si, a veces éramos un poco brutos y no todo era perfecto. ¿Quién de aquella época no ha vuelto algún día a casa con las rodillas ensangrentadas? Pero aprendías a socializar con los demás. Te daba el sol, el aire y hacías ejercicio sin necesidad de apuntarte a un gimnasio. Pero lo mejor… lo mejor era abrir el buzón de casa. Podías recibir la revista a la que estabas inscrito, un catálogo de discos y videojuegos, o una carta de un amigo por correspondencia.  En unas pocas páginas, alguien te contaba como le iba la vida, sus inquietudes y se interesaba por las tuyas.  Uno se afanada en responder rápido, pues en ese momento, se ponía en marcha la cuenta atrás para recibir respuesta; cosa q...

A la vuelta de la esquina

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  Basta con salirse del camino normal, para descubrir cosas nuevas. Y esto que parece una perogrullada, me resulta más fascinante de lo que parece. Cuando era un chaval, era uña y carne con mi bici. Me encantaba explorar, conocía casi todas las calles y los lugares cercanos, mi mundo se iba agrandando poco a poco. Luego… cambias, parece que descubrir cosas nuevas ha de significar irse a países lejanos, cuanto más lejos mejor. Hay que ver las 7 maravillas, y hacer check en cada una de ellas. Es… como tristemente se ha convertido casi todo hoy en día, una competición. Pero mi afición a caminar, me está haciendo volver a descubrir cosas nuevas y… a la vuelta de la esquina. Cascadas impresionantes a menos de una hora en coche, lugares que unen mar y montaña, parque naturales con fauna digna de un documental… Vuelvo a sentirme como ese chaval en bici. Vuelvo a lugares que no veía desde que iba con mis padres (no teníamos mucho, pero con mi padre era un no parar). A ir un poco más lejos ...

Primer amor

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  Juan salió del nido de repente al irse de Erasmus, a Oslo. Cambiar totalmente de ambiente le hizo bien. Pero, oh juventud divino tesoro; apareció el amor y le pilló totalmente desprevenido.  Ella, rubia de ojos azules. Él, pelo negro y de tez bronceada. Se veían exóticos mutuamente. Y a pesar de los escollo del idioma, congeniaron perfectamente. Los meses transcurrieron en una nube, un sueño que iba consumiendo las hojas del calendario con voraz apetito; y acercaban la relación, a un destino incierto. Aunque se podía respirar esa tensión agónica, evitaron hablar de ello hasta la última semana. Que si la distancia, que si son muchos kilómetros, que no tenemos dinero para viajar… Al final, y con todo el dolor del mundo, no hubo más remedio que cerrar la relación. Pocas cosas saben más amargas como aquel último beso en el aeropuerto. Ella con lágrimas en los ojos, él con un frío glaciar en su corazón. Y los años pasaron. Ahora Juan tiene cuarenta, está casado, y cosas del desti...

Aventura o temeridad

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  Viajar en los años ochenta, era una aventura. Me refiero a aquello de subirse al coche y conducir cientos de kilómetro por el país. Con un Seat 850 Especial. Con el motor en la parte de atrás, en verano, sin aire acondicionado y cargados de trastos… Más que una aventura, era un sufrimiento. Las carreteras distaban mucho de ser tan seguras y tan amplias como ahora. En la mayoría de ellas podías adelantar. Y con suerte había un carril intermedio, que era más peligroso que otra cosa. Sin airbags ni cinturones de seguridad. Aún se me encoje el corazón al pensarlo. Por supuesto, sin móviles, tablets, ni siquiera radio. Que o jugabas al veo veo o tratabas de echar una cabezadita. Era lo que había. El destino… para algunos la playa, para otros visitar a unos familiares lejanos, los monumentos de una ciudad… Al menos, no solía haber problemas para aparcar. Creo recordar que mi padre llegó a aparcar en el mismo casco antiguo de Toledo. ¡Y se quejó porque le costó un poco! Lo mejor… estar ...

Puente al pasado

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  Le llegó un mensaje a través de una red social. Resulta que hacía veinticinco años que había terminado la educación primaria. Y los antiguos compañeros alumnos, junto con la dirección del colegio, estaban organizando una cena conmemorativa. De forma automática su mente fue a aquellos años. Burlas, menosprecio, castigos físicos y psicológicos... Unos años que minaron su personalidad profundamente y la transformó. Mucho esfuerzo le había costado enderezar aquellos surcos. Tener la personalidad que realmente quería tener.  Fueron unos años en los que sí, hubo aprendizaje, pero no, no tuvo una buena educación. Y allí estaba, leyendo aquel mensaje. No le había ido mal en la vida, pero justo en ese momento estaba pasando un mal momento. Tanto en lo sentimental como en lo laboral.  Le preguntarían, se imaginó teniendo que dar explicaciones, siendo juzgado. Las miradas de condescendencia de otros que habían tenido más éxito. Ya había vivido eso en la infancia; niños de papá con...