sábado, 18 de junio de 2011

Descenso a los infiernos (II)


Karina, que así se llamaba la muchacha se despertó con una ligera jaqueca, recordaba los hechos de la noche anterior como si de un sueño se tratara, pero la curiosidad hizo que con su camisón de raso blanco se acercara al pequeño aseo para mirarse en él.

Sus ojos azules interrogativos y levemente asustados se miraron a ellos mismos para sin más demora buscar algún signo en el cuello, contuvo el aliento, no parecía haber nada, una leve sonrisa apareció en su rostro hasta que dio con dos leves marcas en su cuello, podían se de algún mosquito, algún chinche quizás, la casa de su tío no estaba muy bien cuidada…

Una parte de ella trataba de convencerse que era algo casual, si, tenía que serlo, al fin y al cabo estaba bien, ya no se volvió a mirar en el espejo, se aseó con agua y se vistió para bajar de la buhardilla y saludar a su tío, le esperaba un largo día de limpieza.

Y así fue toda la mañana, le dolía la espalda ya al medio día, estaba fastidiada por tener que vivir con su tío tan descuidado, tenía sueños, de una vida acomodada ¿Y quien no? Va, esa vida es para los ricos y ella sólo había conocido la miseria, de pronto vino recuerdos de sus más tierna infancia, de cuando sus padres vivían, eso era la felicidad ¿No era un sueño? Con el tiempo todos los recuerdos parecen sueños.

Decidió tomarse la tarde libre y dar un paseo, desde que había llegado había sentido fascinación por el castillo que había arriba del monte ¿Otra vez con los sueños, Karina? En todo caso sería un bonito paseo, aliviaría su mente y sus piernas no tenían nada mejor que hacer, excepto limpiar y limpiar sin fin, tomó el camino de tierra monte arriba, el sol que ya había pasado de su punto más alto prodigaba su calor pero esto no fue impedimento.

Ya cerca del castillo que se vislumbraba majestuoso escuchó los cascos de un corcel que se aproximaba desde la parte baja de la colina, la chica prefirió no dar importancia a este hecho si siguió con su camino, el caballo ya cerca ralentizo su paso y el caballero que lo montaba reclamó su atención.

- Buenas tardes, señorita… - La chica, entrecerró los ojos e infló levemente sus mofletes antes de darse media vuelta – Karina, buenas tardes tenga usted – y volvió a emprender de nuevo su marcha el hombre joven vestía buena ropa y era apuesto, pero ella no era señorita de hablar con desconocidos.

- ¿Y a donde se dirige usted, señorita Karina? – insistió el caballero.

La joven apretó los puños de forma casi imperceptible y apresuró el paso – Estoy dando un paseo, quiero… visitar aquel castillo si no le importa.

El hombre que aún no se había presentado se rió – No, no me importa – Pero a paso lento seguía por detrás de la dama, para mayor crispación de esta, así no había quien visitara un castillo con tranquilidad.
- ¿¡Pero me tiene que estar siguiendo!? – dijo deteniéndose ahora en seco sin temor de enfrentarse al desconocido.

El hombre parecía seguir de muy buen humor, sin duda le hacía gracia el carácter de la muchacha – Bueno, está usted en mis tierras, de camino al lugar donde vivo ¿No es normal que sienta curiosidad?
Ahora el rostro de Karina cambió por completo, un gran sentimiento de vergüenza se apoderó de ella – Yo… ¡Lo siento! – Sumida en tal vergüenza salió del camino campo a través para regresar corriendo a la cabaña de su tío, no dejó de correr hasta llegar allí

2 comentarios:

  1. Una chica con caracter, esas son las mejores :D. Y él... mmmm tiene su cosa jajaj. Besitos.

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  2. Sep, un encanto de chica :P me estoy inspirando en una partida, una amiga llevaba a la chica y yo el resto de cosas, no se en que quedará este relato, tampoco quiero que sea igual ^^
    Gracias por pasarte Crisi ;) Besitos

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