sábado, 18 de enero de 2014

El gato

Nuevo relato nacido para el taller de relatos. Decir que tomé el mando del Taller de Relatos y ahora lo coordino yo. No tiene más que asegurarme de que siga existiendo y que implica la pérdida de parte de mi tiempo en organizar las cosas. Pero me siento motivado con la escritura y creo que puede merecer la pena. Al menos por un tiempo.

En el presente texto, debo de confesar que me inspiré en un cortometraje que vi hace mucho. De alguna forma permaneció en mi memoria todo este tiempo y ahora reclama salir y darle mi particular visión. Espero que os guste.



El gato (10-01-2014)

La casa estaba fría. El minino se coló por su puertecilla habitual, completamente ajeno a las cintas amarillas y negras de no pasar. Había más polvo del habitual. Y además faltaban la mayoría de los muebles, pero siguió adelante hasta llegar al salón.

Se colaba un poco de luz por los agujeros de las persianas bajadas, y el sonido de los tractores aquí parecía más distante. Olfateó el aire y miró en dirección al rincón. Allí antes había una mecedora, la mecedora de la abuela. Esa mujer, cuya piel era un poco seca y áspera y su cuerpo no tan cálido como la mayoría de los humanos. Era con diferencia la más cariñosa de toda la familia, sobre sus rodillas se podía dormir con total confianza durante horas. Pero en aquel rincón ahora no había nadie.

El gato siguió avanzando y llegó a la cocina. Ahora triste y apagada. Apenas olía ya a ninguno de los manjares que había conseguido degustar. Recordó a la dueña de la casa delante del fregadero, salpicando un poco de agua y mojando sus bigotes. Solía mirarla con cara de súplica, a veces se compadecía y le echada un poco de jamón. Otras veces lo agarraba y le daba un desagradable baño con aquella espuma blanca, pero a parte de eso, siempre lo trató bien. Pero aquella mujer tampoco estaba.

Afuera el sonido de los tractores aumentó, los tubos de escape aumentaban la polución en el exterior. Pero apenas dirigió una mirada en dirección al sonido para luego dirigirse a la pequeña sala de estar. Allí uno de cada siete días, el amo se sentaba en el sofá y miraba con detenimiento unas grandes hojas de papel con un característico olor. Pasar rozándose contra sus piernas y hacerse un ovillo a sus pies del hombre con tan autoritaria voz, solía ser una buena opción. Pero esta habitación también estaba vacía.

La habitación más animada y peligrosa se encontraba al fondo del pasillo. Sus silenciosas patas allí se dirigieron. Miró complacido que aún estaba la litera de los más pequeños de la familia. Los niños eran quienes mayor atención le proporcionaban. Mil y una caricias, aunque también alguna travesura. Tampoco nunca le hicieron daño aunque le asustaran en alguna ocasión. Pero las maderas de las literas estaban desnudas y no había nadie allí jugando.

Algo en el exterior surcó el aire. Una bola pesada golpeó con estrépito contra el muro de la casa, derrumbando parte del tejado. Los trabajadores en pocos minutos la reducirían a escombros. No era sólo una casa, sino un hogar lleno de recuerdos. ¿Y el gato? El gato tampoco estaba allí.

Fuente imagen: http://www.cometamagico.com.ar/gato_negro.htm

10 comentarios:

  1. Soy Poe, desde el teléfono de nuevo. Me ha encantado el relato, la ternura del animal, y cómo busca a sus dueños. Nadie piensa a veces en que ellos también tienen sentimientos, y cariño.
    Me parece muy logrado en cuanto a contenido, y melancólico de final. Me gusta también el final abierto, el gato no dañado.. o si. Que cada uno imagine lo que quiera.
    Yo, que soy así de finales felices, espero que el gato reencontrase a sus dueños y éstes lo quisieran. Ojalá. Se lo merece.
    Hasta la próxima entrada! tVm*

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    1. Hola Poe, soy Jorge desde el ordenador viejo jaja ^^ Muy buen comentario, creo que captaste la esencia del final. Me alegro de que te haya gustado. Un besazo :*

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  2. Excelente amigo, una historia sobrecogedora cuyo protagonista es un animal más lleno de sentimientos que muchos humanos!! Me ha encantado!
    Un abrazo

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    1. Hola Hammer. Pues es triste, pero si, a veces hay animales con más sentimientos y más nobles que muchos humanos. Me alegro de que te guste. Otro abrazo.

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  3. Hola Roland. Soy una enamorada de los gatos, así que tu relato me ha encantado. Además, has dado en el clavo porque los gatos pertenecen a las casas.no les gustan los cambios. Y además son muy ágiles y tienen siete vidas así que estoy segura de que ha salido zumbando. Hay gatos que han recorrido cientos de km. hasta encontrar a sus dueños.

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    1. Hola Amparo. Jajaja Seguro que el gato está bien ;) Me pareció sugerente escribir desde el punto de vista de un animal. Es cierto, hay animales muy nobles y que quieren más a sus dueños, que sus dueños a ellos. Pero bueno, hay intentar quedarse con lo positivo ya que espero que tampoco sea la norma ^^

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  4. Hola Roland!!! Con toda honestidad te digo que este es uno de tus cuentos mas logrados. Y sabes por que? ( disculapa la falta de acentos) Porque lleva ritmo felino, el Gato es el narrador y lleva al lector casi acariciando la vieja casa. Y el final, literalmente demoledor. Te felicito! Me resulto muy exquisito este relato. Un abrazote!

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    1. ¡Hola Natalia! Wow, no me esperaba tanto. No tuve demasiado buenas críticas en el Taller con este relato, aunque gané (quizás por la muy baja participación) Tu opinión me da ánimos, muchísimas gracias. ¡Un abrazo muy grande!

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  5. Un cuento extraño y tierno a la vez. Con mucha sensibilidad y un buen final. El ritmo es el causante de un buen escrito. Un saludo

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    1. Muchas gracias por el comentario :) Realmente motivan estas palabras para seguir escribiendo. ¡Un saludo y bienvenido a mi blog!

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