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Escurridiza

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Se había escondido en la grieta de una de esas enormes cajas de madera. Parecía un lugar calentito, una buena base de operaciones desde la que actuar. De pronto una mañana, su guarida, junto con el resto de la caja, comenzaron a zarandearse de un lado a otro ¡Qué mareo! Por suerte no duró más que unos minutos, pero con el susto no saldría a ver que había pasado hasta la noche. Y así lo hizo. Había más gente de lo habitual, los humanos, eso no era nada bueno, o tal vez si, donde había humanos siempre había mucha comida. En los días posteriores comenzó a sentir viento, frío, humedad… Por lo que se vio obligada a dejar la caja de madera y a internarse más allá. Llegó a un lugar demasiado limpio, demasiado iluminado. No era nadie capaz de apreciar aquellas suntuosas escaleras tapizadas de rojo, las lamparas y demás cristalería de ensueño. Lo que si supo apreciar fueron los manjares de aquella infinita cocina. Por fin había encontrado un lugar calentito y con comida abundante. U...

Eclipse

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Como otras veces, subió a la terraza del instituto. Era un lugar tranquilo, lejos del bullicio de las aulas. Pero esta vez se subió un poco más, a una segunda terraza donde habían unas antenas. Se acercó al borde. Y miró para abajo, se preguntó si sería una altura suficiente como para morir en la caída. La vio en su imaginación. La sonrisa de la chica, el brillo de sus ojos, las pecas de su cara. Había estado dos meses dándole vueltas a si le pedía una cita, preguntándose que respondería al preguntarle, si quería salir con él. Cuando por fin se armó de valor ella le dijo… “No salgo con chicos del instituto” Fue un golpe duro, si. Pero no tanto como cuando la vio un mes después con otro compañero, mientras este la agarraba de la cintura y le daba un beso en los labios. Se quería morir. Y aquí estaba, en lo alto de la azotea. Preguntándose como terminar con el sufrimiento por el corazón roto en pedazos. El terminar con todo de una forma fácil y rápida. Una ráfaga de viento movió ...

Suposiciones

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- ¿Qué has hecho? - Le preguntó nada más entrar por la puerta. Era una de sus pocas amigas, que por cierto, pocas veces venía de visita. - ¿Perdón? - Respondió confuso. Puso con el dedo índice en su esternón - No te hagas el despistado. Ayer te vi en la parte de atrás de un coche de la policía. A saber que barbaridad has hecho. El chico se puso a reír, aunque no en exceso – Bueno, “que me han hecho” más bien. Ayer me entraron a robar en casa. Fui a denunciarlo a la comisaría y los agentes tuvieron la amabilidad de llevarme a casa con ellos y así poder enseñarles los destrozos. - Ah, vaya. Lo siento. Yo pensé que… - ¿Que me había convertido en un delincuente? - Metida de pata. Ya te dije que lo siento El chico aprovechó para hacer leña del árbol caído – Claro y de paso venir a enterarte para luego poder cotillear con tus amigas. - ¡No digas eso! - resopló – Bueno y qué ¿Encontraron huellas o algo? - La verdad es que no. Pero si el cuerpo que guardaba en la nevera ...

Vecinos y X

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Había pasado por una época en la que pensé que Charlotte era inalcanzable, que la había perdido para siempre. No era un típico caso de... “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” pues no necesitaba perderla para saber que aquella chica era la hostia. Quizá por ello, cuando respondió a mi beso, se electrizó toda la piel de mi cuerpo – Lo siento – Murmuré de nuevo al terminar el beso y bizquear con los ojos al mirar los suyos tan de cerca. No solo sentí que todo estaba bien, lo que sentí fue muy superior, fue la necesidad total y absoluta que tenía de ella, de hacerla mía, de poseerla y volverla a poseer infinidad de veces. La besé de nuevo de forma apasionada, la subí a la mesa de la cocina y mis manos recorrieron sus muslos hasta su parte más íntima. Me mordí los labios antes de atacarla de nuevo, ya nada me podría parar. Hicimos el amor hasta el agotamiento, hasta que caí rendido en su cama y perdí la noción del tiempo y del espacio.  Me despertaron las luces de u...

Vecinos IX

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Sus lágrimas me conmovieron y desgarraron mi alma. Aunque las tratase de disimular y las limpiara con rapidez. En mi caso, esconderse ya no era una opción. Charlotte tenía razón en que merecía una explicación y en ese momento entendí que quizá me había equivocado apartándome de ella, por lo visto no me había olvidado con la rapidez que yo esperaba. No era nada agradable recordar de nuevo aquellos sucesos, pero me sentía en deuda, hoy si había un buen motivo para ello - Quedé con mis amigos. Para tomar unas copas, contarnos nuestras cosas, ya sabes. Recuerdo que estaba muy contento.… La noche fue pasando. De normal sé bien donde está mi límite y te juro que fue todo muy confuso. El caso es que cuando volvía para casa me despisté un momento, se me cruzó alguien en la calle y no me dio tiempo - Suspiró – Lo atropellé – Bajé la mirada mientras exhalaba aire. - Lo peor fue no poder hacer nada durante aquellos minutos. Llegó la policía. Me hicieron el control de alcoholemia y me pasa...

Vecinos VIII

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Estaba paralizado delante de la puerta cuando mi jefe me lanzó un grito. Agaché la cabeza y entré para adentro, allí estaba ella, en la cocina. Una de las cosas maravillosas que tiene el ser humano es la mirada. La de ella se me clavó en el alma, conectó de nuevo nuestros mundos y una sacudida de recuerdos y sentimientos me inundó. Pero solo fue un instante, pues no tardé en percibir el rencor, la ira. No me atreví a pronunciar palabra alguna, solo deseaba que el tiempo pasara rápido. Mientras Fermín hacía sus comprobaciones – El enchufe está mal – No tardó en sentenciar. - Si, está muy mal – Dijo ella mirándome a mi y achicando los ojos. - Hay que cambiar el cable entero, hasta la fuente de alimentación – Dijo Fermín – Pero no hace falta que nos lo llevemos. Alain ¿Te encargas tú? Ve al taller a por el repuesto y dejas esto arreglado. Increíble, no solo hacía falta volver sino que además debía de enfrentarme solo a esto. Por un momento me pareció que ella sonreía como sa...

Vecinos VII

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Esperaba que no me hubiese visto. El caso es que no saqué provecho del resto de la noche y lo de relajarme ni de coña. Hasta mi colega me notó raro. Le dije que no me encontraba bien y que me marcharía pronto. En realidad deseaba salir corriendo de allí. Así que en cuanto terminamos de cenar pagamos y nos despedimos, sin hacer sobremesa y sin atreverme a mirar las caras de los clientes del local.   Me envolvió de nuevo la soledad. Nada más llegar a casa cogí el calendario lo rompí en pedazos y lo tiré a la basura. Pero en contra de lo que pensaba, no me sirvió para sentirme mejor. De haber tenido alcohol en casa me habría emborrachado, mañana saldría a comprar una botella. Ahora, esta noche, estaba seguro que no iba a pegar ojo. Charlotte, lo que pudo ser y no fue, jamás encontraría a otra igual. Así lo hice al día siguiente, pero Fermín me podía llamar para algún trabajo, y ya tenía suficiente con el sueño como para encima ir bebido. Dejé la botella en la mesa de la co...