domingo, 20 de noviembre de 2016

La paradoja del cuento.



Tras una oxidada reja en esta ciudad, hay un triste y sucio callejón. En él, a mano izquierda, está la puerta trasera de un restaurante italiano venido a menos. Pero que tiene el encanto del olor a madera vieja, capaz de transmitir los besos que en sus mesas las parejas se han dado a lo largo de los años.

La estación de ferrocarril queda a la derecha. O mejor dicho, la puerta por la que el jefe de estación suele salir a echar un pitillo. De su cuello cuelga una pequeña tortuga verde, la luce con orgullo, pero a nadie ha explicado nunca su procedencia.

Es hora de volver adentro, son las once y cuarto y ya llega el último tren de la noche. De él se baja una señorita de color, con un bonito vestido ajustado. Lleva poco de equipaje. Se acerca al jefe de estación y le pregunta por la dirección de un hotel.

Tras las indicaciones, aquella atractiva muchacha va al aseo y posteriormente, un poco despistada,  toma la salida equivocada. Fue a parar a aquel oscuro y triste callejón. Cuando vuelve sobre sus pasos se da cuenta de que las puertas de la estación ya están cerradas.

El jefe de la estación, que está cerrando ya la oficina, se da cuenta de la situación y se ofrece a acompañar a la dama al hotel. Bajan por la escalera eléctrica y abre las puertas de la estación.

Tras caminar unos minutos llegan al número ocho de la calle principal, en la que se alza majestuoso uno de los mejores hoteles de la ciudad.  

Ya en las escaleras, una señora mayor, se asoma ataviada con una vieja bata, a cotillear a la extraña pareja.

Es el momento de la despedida. La joven desliza las manos por su propio cuello para quitarse y hacerle entrega de un pequeño colgante con una tortuga verde, como agradecimiento a tantas molestias ocasionadas. Y el jefe de la estación, en correspondencia, le entrega una hoja cuidadosamente doblaba que guardaba en el bolsillo de su chaqueta. En ella está escrita, este breve cuento que se inventó.

21/05/2015

Fuente imagen: https://es.pinterest.com/pin/53058101839275609/

8 comentarios:

  1. Hay encuentros amables y delicados, que aunque no provocaron grandes cosas en tu vida se recuerdan mucho a pesar del tiempo transcurrido.

    Hermosa historia.

    Besos :)

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    1. Gracias Nieves. El recuerdo por si mismo, ya puede ser algo muy importante.

      Besos :)

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  2. Guaooo! Excelente, me encanta! De concurso! tiene un toque Borgiano, o Proustiano, esa temporalidad perdida. Te felicito de verdad!
    Un abrazote!

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    1. jaja Gracias Natalia. Dentro de mis relatos tengo algunos que me gustan más que otros y este es de los que me gusta.

      Otro abrazo transcontinental para ti!!!

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  3. ¡Hola Roland!

    ¡Estupendo cuento! Coincido con Natalia con lo del toque de temporalidad perdida. A mí me evoca una de esas películas antiguas en blanco y negro, con niebla y un misterio que te deja pensando :)

    ¡Me ha gustado muchísimo!

    Un abrazo
    *Qm*

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    1. ¡Hola Poe!

      Me alegro de que te guste. Si, el relato tiene cierto toque a cine negro.

      Otro abrazo para ti :*

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    1. Wow, viniendo de una artista como tú es todo un piropo. Gracias Amalia.

      Besos :)

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