martes, 14 de julio de 2015

Una historia de ciudad


Se encontraba en el apartamento, a oscuras. Miró por la ventana, las luces de los edificios circundantes eran realmente bellas. Había llegado lejos para su temprana edad ¿Y para qué? ¿Qué había conseguido? ¿Dinero? Si. ¿Una vida cómoda? También. ¿Pero que había de todo lo demás? Se sentía vacío.

La frustración se convirtió en ira y algo se activó en su cerebro. Cogió la chaqueta, el casco y bajó a toda velocidad por la escalera, en vez de coger el ascensor. Al llegar al parking subió a su moto y salió hecho una furia. 

El sonido del motor no conseguía aplacar sus sentimientos. Se saltó un semáforo en rojo, luego otro, y al tercero un coche tuvo que frenar en seco para no atropellarlo. A parte de llevarse una sonora pitada, la moto hizo un extraño, a punto estuvo de irse al suelo. Eso le hizo reaccionar, disminuyó la velocidad poco a poco hasta parar junto a la acera. Su respiración era agitada, sentía la adrenalina. No es que ahora se sintiese bien, pero le hizo pensar en si hubiese tenido un accidente ¿Habría mejorado eso las cosas?

Miró a su alrededor y vio un bar. Aparcó la moto en la acera y entró en el. Tras cruzar el umbral se pasó la mano por la cara y se sentó en uno de los taburetes de la barra – Deme… algo fuerte – El barman enarcó las cejas y simplemente dijo – Voy – Le sirvió de una botella de contenido oscuro en un vaso pequeño.

El chico se lo bebió de golpe y frunció el ceño al sentir el sabor, pero no protestó. Al fin y al cabo era lo que había pedido. Entonces comenzó a fijarse un poco más a su alrededor. Una pareja en la mesa que parecía discutir. El típico viejo borracho al otro extremo de la barra. Seguramente el barman le permitiría estar allí mientras no molestase. No, no era uno de los lujosos garitos que frecuentaba. Donde solía ir, la “fauna” era distinta.

- Otra – Pidió dirigiéndose de nuevo al barman – Este iba a servirle, pero hizo una pausa antes – No me gusta entrometerme, pero... ¿Está seguro? – Una mirada al caso de su moto, que llevaba en el brazo, bastó para que comprendiese – Sé lo que me hago – respondió el chico. El barman movió en horizontal la mano estirando las facciones de su cara, como queriendo decir que no era su problema y le llenó el vaso de nuevo.

El chico se lo bebió de nuevo de un golpe, esta vez sin hacer caras extrañas. Y comenzó a notar como la bebida comenzaba a surtir efecto. Esta vez los gritos de la discusión fueron a más, la chica exclamó un – ¡Y por mi te puedes ir al cuerno! – El chico pasó por su lado y salió a la calle. La chica estalló en sollozos.

Suspiró – Oiga amigo- le dijo al barman. Sacó un billete de cincuenta y lo depositó en la barra – Sírvame otro más e incluya la cuenta de esa mesa – No sabía muy bien porque lo hacía, pero el tipo que salió huyendo no se había molestado en pagar y hacerle eso a la chica no estaba bien.

La chica, a penas se logró tranquilizar un poco se levantó para pagar – Ya está, el caballero le ha invitado – La chica con los ojos enrojecidos lo miró – Gracias – Pero debió de sentir vergüenza, agachó la cabeza y salió del local.

León, que así se llamaba el chico, comenzó a frecuentar aquel local. Quizá con la esperanza de volver a encontrarse con aquella chica. Milagro que ocurrió apenas unos pocos días después.

El diálogo y las sonrisas fluyeron a partes iguales. La compenetración era total. Solían coincidir el mismo día de la semana a la misma hora. Para él comenzó a ser el único evento importante de la semana.

Pero un buen día la chica desapareció. El dueño del bar le dijo que se había mudado a un pueblo lejano. Quedó molesto y triste, pero sin nada que poder hacer, sólo conocía su nombre: Susana.

Han pasado cinco años. Y ella siembre volvió a su mente de una forma u otra. Hoy vio a una mujer en el metro. No sabía muy bien el motivo pero se quedó mirándola. Esa barbilla, la expresión de su rostro. Ahora con alguna arruga más y con un peinado totalmente distinto, pero algo le dijo que se tratara de “ella”

Dejando a un lado la timidez y se acercó a aquella mujer.

- Perdona... ¿Por casualidad no te llamarás Susana?

La mujer, extrañada lo mira – Si... ¿Cómo lo sabes?

Sonrió - ¿No te acuerdas de mi? Soy León, nos conocimos en un bar del centro. Que ya cerró por cierto, el Krone se llamaba.

- Oh, si que vivía antes por la zona, pero disculpa, no me acuerdo de ti.

Sintió un pinchazo de decepción, pero aún así compensaba la alegría de saber de ella de nuevo – No importa, cosas que pasan – Carraspeó – Fueron unos ratos muy agradables. ¿Me permites si... te invito a un café y charlamos de los viejos tiempos?

Susana abrió los ojos – Yo... Lo siento, tengo prisa – Salió casi corriendo del metro en cuanto las puertas se abrieron, cualquiera diría que la perseguía un loco.

León se quedó mirando como se alejaba, con un sueño roto en pedazos.

19/05/2015

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Este relato tiene su historia. El inicio del mismo fue uno de aquellos textos que escribí con lo de la prueba de los 10 minutos de hace ya año y medio. Pero el texto quedó en el aire, no tenía final ni se me ocurría como cerrarlo. 

Hace unas semanas me ocurrió un caso personal, pensé que la anécdota tenía posibilidades de ser escrita de algún modo. De pronto vi la luz y se transformó en el final perfecto o desastroso, según se mire, para ese texto.

Fuente imagen: http://oboibesplatno.ru/gdefon/full/130091

6 comentarios:

  1. Hola Roland
    Pues tu final te quedo muy bien por que es inesperado y realista a la vez y eso se agradece, aunque el final no sea color de rosa. No se si tiene sentido lo que digo pero disfrute mucho tu relato.
    Un abrazote

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    1. ¡Hola Natalia!
      Pues me alegro de que te gustara, fue un poco como la pieza que encajaba en el puzzle. Y por supuesto que tiene sentido, todas las opiniones son válidas y bienvenidas.
      Otro abrazote para ti.

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  2. A mi también me ha parecido que lo has cerrado perfecto. Tu personaje estaba condenado a no acabar bien.

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    1. Hola. Me alegro de haber acertado y si como indicas da sensación de homogeneidad, pues mejor que mejor :)

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  3. Hola Roland!

    De nuevo un relato, de nuevo una gran historia. Yo he de confesar que leer tu relato me retrotrajo a una canción de Ismael Serrano, "recuerdo".

    Precisamente si me gustaba esa canción desde hace años fue porque destilaba esa melancolía que tú también has sabido plasmar en tu historia, aunque las historias sean distintas. Un encuentro, en ambos casos frustrado y decepcionante, que da lugar a dos historias distintas. Tú has plasmado genialmente la de León, y me ha encantado conocerla.

    Dejo el enlace a la canción en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=q7sPcnCegFo

    De nuevo, un placer leerte, y espero no tardar en tener noticias de este estupendo blog de nuevo ^_^
    *Qm*

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    1. ¡Hola Poe!
      Jajaja Pues no tenía nada que ver, ya ves que el proceso creativo fue hasta “dual” jaja Y la segunda parte tiene componente personal. El placer el mío por tus comentarios :*

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