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Sociedad

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  Se viven oscuros y tristes tiempos. La humanidad no está a salvo, sobre todo de sí misma.  Tenemos que asumir que hay gente que… directamente es mala. Siempre la hubo, y siempre la habrá. Pero es decisión del resto adoptar una posición.  Tal vez una complaciente en plan: mientras a mí no me afecte… Otros adoptarán la de… quizá me pueda arrimar y sacar algo de beneficio… O aquellos que… tengo miedo, antes yo que los demás, aunque eso suponga perjudicarlos. ¿Y dónde queda la empatía? ¿En qué momento la hemos perdido como sociedad?  Me entristece. Todos vamos a morir, pero por el camino vamos a dejar dolor y… un mundo peor.  La felicidad no es lo que nos dicen por las pantallas, la felicidad es estar bien con uno mismo y descubrir que hacer felices a otros te hace feliz a ti mismo. Es tener la conciencia tranquila. Es saber que eres justo. Y decir eso a los que no lo son… molesta. Por eso no interesa. Pero sigo pensando que aún hay gente con conciencia social. Qu...

Implicación emocional

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  A veces puede ser tan dañina la ausencia de empatía como el exceso de implicación emocional. Puede venir de algo que nos ha ocurrido, de algo que nos han contado o incluso de algo que solo hemos imaginado. En ocasiones caemos en ese agujero en el que algo —en teoría— poco importante duele. Nos afecta. Nos remueve. Una herida que se abre como si fuese real. Y en nuestro interior, lo es. No deberíamos sentirnos culpables por ello, ni tampoco culpar a los demás cuando no hay mala intención. Está bien escucharnos. Está bien expresar lo que sentimos, si podemos hacerlo con alguien de confianza. Y también escribirlo. A veces incluso basta con imaginar que lo escribimos o que se lo contamos a alguien. Nuestro interior es una maravilla: nos permite expresar y cerrar capítulos. Si algo es serio, pedir ayuda. Si algo se enquista, ponerle remedio. Aunque dé miedo, porque muchas veces la peor solución es no hacer nada. Y si la solución no está en nuestra mano, al menos abrazarnos y t...

Uniendo los puntos

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Como en aquel famoso discurso de Steve Jobs, los logros rara vez son el resultado de una única acción aislada. Suelen ser la consecuencia de muchas pequeñas cosas que se van encadenando, casi siempre invisibles mientras suceden. A veces solo podemos apreciarlo cuando miramos atrás y observamos todo lo que tuvo que ocurrir para llegar a donde estamos hoy. Desde muy joven quise escribir una novela, pero no sabía por dónde empezar. En mi cabeza, el reto era enorme, una montaña demasiado empinada como para siquiera intentar escalarla. Lo curioso es que, casi sin darme cuenta, ya estaba entrenando para ello. Siempre se me dio bien expresar lo que sentía, poner en palabras emociones e ideas. Fue así como descubrí en clase que la poesía no se me daba mal. Empecé a escribir versos y, durante una etapa importante de mi vida, la poesía cumplió una función esencial: ayudarme a ordenar el caos, a liberar lo que dolía, a exorcizar mis propios demonios. Aun así, la novela seguía ahí, como un eco. Y ...

Disculpas y algo nuevo

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Disculpas y algo nuevo. Primero de todo, pedir disculpas por mi tiempo de ausencia por aquí. No diré que "la novedad" sea la única causa, pero lo cierto es que me ha tenido bastante entretenido estos últimos meses. A veces es necesario desconectar para poder reconectar. En este tiempo he colgado las botas de senderismo, aunque no la actividad física, que simplemente ha cambiado de forma: entrenamientos en grupo, opciones un poco más sociales… otras dinámicas. Y ahora sí, al grano, Roland, al grano. He publicado un libro en Kindle. Antes de seguir, una nota importante: se trata de una novela corta de temática erótica, dirigida a un público adulto (+18) y no pensada para todos los lectores. Más adelante me gustaría contar por aquí cómo ha sido todo el proceso creativo y de publicación. Esta es la descripción de la novela: En La Isla de los Sentidos, una pareja es invitada a unas vacaciones misteriosas para reconectar… sin imaginar que el verdadero viaje empezará cuando crucen e...

Mentalidad ganadora

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  Personalmente, creo que una mentalidad ganadora no es aquella que lo apuesta todo al éxito. Es la que busca superarse. La que se cae y se levanta. Hoy en día se habla mucho de resiliencia. Es un término que se ha puesto de moda, pero en realidad, ha estado siempre ahí, con otro nombre: resistir. No rendirse. Eso sí, mal entendida puede ser peligrosa. Resiliencia no es quedarse quieto mientras todo te pasa por encima. No se trata de aguantar lo que venga sin mover un dedo. Se trata de reaccionar, de adaptarte y de seguir, aunque sea despacio. Hace poco terminé el Camino de Santiago. Cuando llovizna, te equipas. Si llueve un poco más fuerte, intentas disfrutar del sonido y los olores. Mientras no se convierta en barro, todo va bien. Pero cuando hace frío, graniza, y el cuerpo se entumece… ahí tienes dos opciones: Puedes bloquearte. Pararte. Buscar el pueblo más cercano y pedir un taxi. O puedes decirte a ti mismo: “Si aguanto esto, puedo con todo”. Y eliges seguir. Porque en la vid...

Arañas

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  Era un día de campo, con la única misión de disfrutar del sol y de la gastronomía autóctona. A su tierna edad, ya era todo un aventurero. Le gustaba recorrer acequias, capturar ranas e improvisar cabañas con ramas y plásticos. Cosas que hacían los niños antes de la invasión de las pantallas. Se encontraba en el exterior del muro, jugando a lanzar una pequeña pelota contra un pilar del porche, que hacía las veces de canasta. En una de esas, la pelota no da en su objetivo y sale rebotando hasta colarse debajo de unas maderas que habían apoyado junto a la pared. Cuando el niño se asoma para recuperarla, ve que el espacio está ocupado casi por completo por un nido de arañas. Arañas enormes, de patas finas pero larguísimas. El aire, de pronto, huele a tierra húmeda y algo más... como a óxido o a algo podrido. Se queda tan asombrado como petrificado. Y más aún cuando una de esas arañas gigantes comienza a empujar la pelota en su dirección. Él se asusta y retrocede un poco. Pero la arañ...

El futuro está aquí

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  Si uno de los grandes avances de finales del siglo pasado fue internet. No lo vamos a negar, ha cambiado nuestras vidas. No se va a quedar atrás en este siglo la irrupción de la Inteligencia Artificial. Y muchos no se han dado cuenta de hasta que punto. Tengamos miedo o no a la IA, ha llegado para quedarse. Algunos puestos de trabajo ya han comenzado a correr peligro. Pero esto ya sucedió en el pasado con la llegada de las cadenas de montaje, con la llegada de los ordenadores etc. La diferencia ahora es la velocidad del cambio. Antes, las transformaciones tecnológicas daban margen para la adaptación. Ahora, una herramienta que ayer no existía puede estar revolucionando un sector en cuestión de meses. No hay respiro, no hay transición pausada. Y esto, más que miedo, debería hacernos reflexionar: ¿estamos preparados para evolucionar a ese ritmo?  Es misión nuestra adaptarnos. Dicen que tendremos de dejar de estudiar tantas carreras tecnológicas y dedicarnos más a las humanidad...

El tipejo de la silla

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El estrés es la respuesta de nuestro cerebro a situaciones de peligro. Antiguamente al ver un león, se activaba en nuestro cuerpo una serie de mecanismos para prepararnos para atacar o huir. El estrés no es malo de por sí, es un mecanismo útil en determinadas circunstancias. Pero por desgracia nuestro cerebro no sabe discernir entre disparar el mecanismo en caso de incendio y cuando nuestro jefe nos carga con trabajo de más. Es labor nuestra aprender a trabajar en el control de estas situaciones. Una opción es imaginarnos que el estrés es una persona, que la tenemos delante y que le decimos. Siéntate en esta silla, tenemos que hablar ¿Qué es lo que quieres de mí?  Esto nos puede ayudar a relativizar el problema ¿Tiene solución? ¿Qué pasa si no cumplimos con las expectativas de este tipejo que tenemos sentado en la silla? ¿De verdad merece la pena alterarnos tanto?  A su vez, podemos ir un poco más allá. ¿Qué puedo hacer para que no me vuelva a suceder? ¿De verdad me interesa t...

Mens sana...

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  El cuerpo, al igual que la mente, tienden a ser vagos. La mente por ejemplo, hace que nos guste la rutina. Todo esto viene de cuando el ser humano pasaba hambre, tenía que cazar, y gastar energía era un lujo. Pensar mucho, gasta energía. ¿Para qué hacerlo si el cerebro ya tiene el camino trazado para hacer ciertas cosas? Lo mismo pasa con el cuerpo. Si hacer algo cansa ¿Para qué moverse entonces? El problema está, en que hoy en día (salvo excepciones) la comida no suele ser un problema. Si a eso le unimos que muchos de los oficios apenas requieren moverse… Que para hablar con los amigos tampoco, que su nuestro entretenimiento favorito se realiza desde el sofá… Pues tenemos un problema. Y no hablo ya solo de obesidad, que también. Sino a que el cuerpo para estar sano, necesita de la actividad física. Está bien cuidar la alimentación, es importante, pero no es suficiente. No hay que confundir actividad física con ejercicio físico. Machacarse en el gimnasio puede estar bien. Pero ha...

Empatía

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  Una de las virtudes más olvidadas de hoy en día es la empatía. Nos machacan tanto con lo de competir, con lo de superar a los demás, que nos olvidamos de las cosas que nos hacen seres humanos. Nos reunimos en tribus, porque el hombre de hace miles de años se dio cuenta de que colaborar es mejor que ir cada uno por su cuenta; en los peligros de la jungla, el desierto, etc. Pero hemos convertido las ciudades, y la sociedad, en una jungla en sí misma. Pisotear o ser pisoteado. Los leones somos nosotros mismos. Está demostrado que el dinero o el poder no dan la felicidad (siempre y cuando hayamos superado el umbral del hambre y la seguridad). Aunque sea lo que nos vendan. No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Y también está demostrado que cuando ayudamos a otra persona o hacemos un bien, nos hace felices. En el trabajo, en la calle, en el deporte. Hacer las cosas bien, es genial, y superarse a uno mismo también. Pero… no olvidemos que todos vamos a morir (meme...

Lejos y atrás

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  Los lugares son los mismos: playas, acantilados, montañas… En cambio, tantos años después, no tiene nada que ver. Y no me refiero a las edificaciones que han crecido como champiñones. Pese a mi cansada vista, ahora veo más matices, los que me otorga la experiencia, pero... volver al lugar, no implica retroceder en el tiempo. Y es que falta una cosa, quizá lo más importante, lo que uno lleva consigo; la música interior, las ganas de comerse la vida, las ganas de reír, las ganas de enamorarse por primera vez. A mi edad, ya no espero nada de la vida. Ahora sé bien que las experiencias, es lo que uno se lleva. Y bien o mal, lo importante es sentir. No quedarse con la sensación de… “aquello que debí de hacer y no me atreví” Sonrío, y dirijo la mirada a la enfermera de paliativos que me ha regalado esta última voluntad. Y luego al cielo, donde están tantos con los que he compartido y… donde pronto me voy a unir a ellos. Nada queda aquí para mi, todo lo llevo en el corazón. 30/05/2024

Una aguja en un pajar

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  Sé que solo es algo material. Pero reconozco que siempre he tenido un pequeño TOC con el coche. Es como algo muy personal, como una extensión de mi cuerpo. Uno de mis sueños más recurrentes es buscar donde demonios lo dejé aparcado. Ayer ese sueño recurrente se hizo realidad, casi en modo pesadilla. Mi coche ha sido uno de los más de 120.000 afectados por la dana (cifra oficial del consorcio de seguros) Estuvo varias semanas cerrado y sin que pudiera abrirlo, como un barco embarrancado en la arena, a trescientos metros de donde lo aparqué; pues es la distancia que lo arrastró la corriente. Lo visitaba una vez por semana para ver que todo seguía igual, o para colocarle el cartelito de “vehículo inoperativo” En caso es que el último fin de semana ya no estaba. No me llamaron ni me avisaron; pero por las redes sociales y demás, sabía que se los estaban llevando a un polígono industrial, y que había una aplicación para localizarlo. Escribí la matrícula en la web y apareció una foto y...

Con el agua al cuello

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He estado ausente del blog unas semanas. Primero por saturación personal, luego por alguna de mis aventuras y finalmente por la dana. Y es que… mi localidad ha sido una de las más afectadas. No entraré en temas políticos, que podría, pero no es mi estilo y prefiero evitarlo. Prefiero abordar el tema desde un lado más humano, y con eso ya lo digo todo. Por suerte o por desgracia la inundación me pilló fuera. Y es que ver las cosas a distancia, a tus seres queridos y las pérdidas materiales, estar tan lejos, tampoco aporta tranquilidad precisamente. Luego el periplo para lograr volver con todo cortado por tren y carretera. Y con una empresas de transporte que alardean de buenas, pero que ofrecen un servicio inversamente proporcional a su falta de empatía. Llegar y encontrarse el panorama. Meterse dentro de la zona cero no es lo mismo que verlo o que imaginarlo. Y no. No me quejo, porque antes de hacerlo me acuerdo de los que están peor, de los que han perdido más. El ambiente, los ánimos...

El albergue perfecto

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  Un albergue que acoja a los cansados peregrinos, no es cosa baladí, ha de cumplir una serie de requisitos, unas leyes y máximas no escritas, a saber: 1) Comencemos por un clásico. Todo albergue necesita de un huésped roncador, y no uno cualquiera, se precisa que se quede dormido nada más tocar la cama. Puntúa el doble si es el último en despertar. 2) Cuantos menos aseos mejor. El ratio huésped / inodoro más bajo posible, y si hay algún elemento de la ducha roto, más puntos. Nada de comodidades, qué nos hemos creído. 3) Las literas. Mejor cuanto más incómodas. Las metálicas viejunas dan diez puntos en este apartado. Peldaños pequeños y metálicos para que se claven en los pies al subir y ruido al apenas moverse, bien los merecen. 4) El colchón. Bien, aquí tenemos dos opciones. O los de plástico que hacen sudar a mares y que hará que paguen lo que haga falta por unas sábanas. O bien el viejo hundido y desnivelado, todo un clásico. 5) No se puede olvidar que un albergue de diez, nece...

Tras el recodo del camino

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Últimamente estoy muy focalizado en la aventura y el senderismo. Cuando algo te apasiona le echas horas, más allá del tiempo mismo que requiere la actividad: Buscar que rutas se ajustan más a lo que estoy buscando, estudiar los mapas, buscar combinaciones de trenes y horarios para mi próximo gran reto, leer artículos del tema… Un no parar, que hace que mi experiencia sea más plena.  No sé lo que durará mi pasión, mi experiencia me dice que todo tiene un límite. Es más, en el fondo es una lucha contra el tiempo. Ver como puedo ir mejorando, con el poco tiempo libre del que dispongo, antes de que la edad me alcance. Parafraseando al señor de los anillos: “Quería... volver a ver la Montaña Solitaria... Pero la edad al parecer ha hecho presa de mí.” De hecho ya hay cosas (grandes retos) que me gustarían y sé que ya no voy a poder hacer. Pero… no hay que recrearse en ello. Solo llevaría a la tristeza y al abatimiento. Encauzar los pensamientos es otra cosa que he aprendido con la edad. ...

Los ochenta

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  En un momento del tiempo mi juguete favorito fue un deportivo de color naranja. El que más corría de todos. Descapotable y con las puertas que se podían abrir. Claro, en aquella época no a todos los cochecitos (metálicos, nada de plástico) se les podía abrir las puertas.  Me gustaba hacer una rampa con la tapa de una caja de fichas de dominó, y uno por uno, ir lanzándolos para ver cual llegaba más lejos. Luego, hacían un viaje todos juntos siguiendo el rodapié derecho y a lo largo de todo el piso. Creo que nunca llegaron a completar una vuelta entera, en algún momento debía de pasar a otra cosa y más tarde mi madre me reñía por dejar los cochecitos tirados por ahí. En una ocasión, en la terraza, pintamos con tiza un circuito en el suelo, más riñas. Jajaja A las canicas, dardos, construir un pinball con un tablero de madera, clavos y gomas, construir un tirachinas… Por no hablar de los cómics. Los fines de semana, mi padre volvía de comprar el periódico y nos daba un par de l...

Extremos

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  En situaciones de estrés extremo lo mejor que te puede pasar es… que te de igual todo. Bueno, matizo: Primero que me refiero al estrés laboral, a las prisas a sentirse desbordado. No al estrés de cuando te puede comer un león. Y segundo a que realmente no es que te de igual del todo, no me refiero a pasotismo, y a no hacer nada. Me refiero a lo de… “Vale, voy a hacer lo que esté en mi mano, y hasta donde no alcance... no me he de preocupar, al fin y al cabo he hecho lo correcto y lo posible” Lo malo es que no siempre funciona, a veces, uno se lo repite una y otra vez, y el mensaje no cala en nuestro “yo” más interno. Pero es más fácil que cale cuando por desgracia nuestra salud comienza a peligrar, es cuando nos damos cuanta de que… mi salud es más importante que el trabajo. Salud solo tenemos una, trabajos hay muchos, y si no… siempre nos queda pedir limosna. Pero con tenacidad y actitud, dudo que lleguemos a ese extremo. 09/02/2024

Otro ladrillo en el muro

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  El estrés es una señal que manda el cerebro al estilo de “estás en peligro”. Una señal necesaria para nuestra supervivencia. Antiguamente era mucho más común estar en peligro. Animales salvajes, enemigos de la tribu, clima extremo, entre otros. Aún nos podemos ver en situaciones de peligro, por lo que sigue siendo un instinto necesario. Pero la mayoría de las veces, se dispara ese mensaje cuando no hay un peligro real para nuestra integridad. Demasiado trabajo, los atascos, preocupaciones del día a día… Suelen decir que un poco de estrés es bueno, nos va vidilla, pero mucho estrés es malo para la salud. Puede provocar enfermedades cardíacas, diabetes... por no hablar de los efectos a nivel psicológico.  La solución no siempre es fácil, pero sí que es necesaria. Cambiar los hábitos, cambiar el enfoque de los problemas o buscar ayuda profesional. Hay muchas cosas que no están bien en esta sociedad y creo que esto es una de esas cosas. Acumular, consumir, ser productivos… Todo ...

Toxicidad

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No me gusta el término “persona tóxica”, salvo que haya recibido una dosis elevada de rayos gamma… (perdonad el humor negro) … no considero que haya personas tóxicas. Son personas nerviosas, o con baja autoestima, o con ego demasiado elevado, o manipuladoras, algunas las hay hasta malas, otras simplemente no encajan con nosotros. Pero todas, o la mayoría al menos, tienen la posibilidad y el derecho de mejorar su actitud, ya sea por su propia cuenta o con la ayuda de un profesional. Eso no quiere decir que nos convenga tener a una de esas personas de continuo a nuestro lado. Lo primero es darse cuenta, lo segundo comunicar nuestra desazón, lo tercero, ser asertivo. Os voy a contar una peregri-historia. Caminaba con un peregri-amigo, una de esas personas de las que hay que quitarse el sombrero, ya contaré esa historia en otra ocasión. Cuando escucho a mi espalda “Usas los bastones mal, parece que vas esquiando”. Así de primeras, sin un “buenas, qué tal”. Esta persona, se coloca a mi lado...

Perseguir un sueño

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  Que importante es la autoestima. Y para la importancia que tiene, que poco se enseña. Sí, ya sé que es trabajo de los padres. Pero no todos los niños tienen la suerte de tener unos padres con dos dedos de frente. Lo he visto. El otro día escuché a una psicóloga hablar de que todos tenemos potencial en algo. Lo que pasa es que ese “algo” no siempre está comprendido en el temario de una asignatura. Todos tenemos la posibilidad de brillar. Aunque a veces la sociedad nos empuja a unos cánones, a unos temarios encorsetados de los que no se puede salir. Eso explica como sabios y genios del pasado llegaron a sacar muy malas notas. ¿Qué hubiera pasado si les hubiera faltado ese empujón para llegar a ser lo que fueron? En definitiva… perseguir sus sueños. Que no, que perseguir un sueño no es eso de “conseguirás lo que te propongas” no hay cosa más falsa y que causa más frustración hoy en día. Perseguir tu sueño es simplemente tratar de hacer lo que te hace feliz. Escucha tu cuerpo, escuch...