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Mostrando las entradas etiquetadas como Charlotte y Alain

Vecinos y X

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Había pasado por una época en la que pensé que Charlotte era inalcanzable, que la había perdido para siempre. No era un típico caso de... “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” pues no necesitaba perderla para saber que aquella chica era la hostia. Quizá por ello, cuando respondió a mi beso, se electrizó toda la piel de mi cuerpo – Lo siento – Murmuré de nuevo al terminar el beso y bizquear con los ojos al mirar los suyos tan de cerca. No solo sentí que todo estaba bien, lo que sentí fue muy superior, fue la necesidad total y absoluta que tenía de ella, de hacerla mía, de poseerla y volverla a poseer infinidad de veces. La besé de nuevo de forma apasionada, la subí a la mesa de la cocina y mis manos recorrieron sus muslos hasta su parte más íntima. Me mordí los labios antes de atacarla de nuevo, ya nada me podría parar. Hicimos el amor hasta el agotamiento, hasta que caí rendido en su cama y perdí la noción del tiempo y del espacio.  Me despertaron las luces de u...

Vecinos IX

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Sus lágrimas me conmovieron y desgarraron mi alma. Aunque las tratase de disimular y las limpiara con rapidez. En mi caso, esconderse ya no era una opción. Charlotte tenía razón en que merecía una explicación y en ese momento entendí que quizá me había equivocado apartándome de ella, por lo visto no me había olvidado con la rapidez que yo esperaba. No era nada agradable recordar de nuevo aquellos sucesos, pero me sentía en deuda, hoy si había un buen motivo para ello - Quedé con mis amigos. Para tomar unas copas, contarnos nuestras cosas, ya sabes. Recuerdo que estaba muy contento.… La noche fue pasando. De normal sé bien donde está mi límite y te juro que fue todo muy confuso. El caso es que cuando volvía para casa me despisté un momento, se me cruzó alguien en la calle y no me dio tiempo - Suspiró – Lo atropellé – Bajé la mirada mientras exhalaba aire. - Lo peor fue no poder hacer nada durante aquellos minutos. Llegó la policía. Me hicieron el control de alcoholemia y me pasa...

Vecinos VIII

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Estaba paralizado delante de la puerta cuando mi jefe me lanzó un grito. Agaché la cabeza y entré para adentro, allí estaba ella, en la cocina. Una de las cosas maravillosas que tiene el ser humano es la mirada. La de ella se me clavó en el alma, conectó de nuevo nuestros mundos y una sacudida de recuerdos y sentimientos me inundó. Pero solo fue un instante, pues no tardé en percibir el rencor, la ira. No me atreví a pronunciar palabra alguna, solo deseaba que el tiempo pasara rápido. Mientras Fermín hacía sus comprobaciones – El enchufe está mal – No tardó en sentenciar. - Si, está muy mal – Dijo ella mirándome a mi y achicando los ojos. - Hay que cambiar el cable entero, hasta la fuente de alimentación – Dijo Fermín – Pero no hace falta que nos lo llevemos. Alain ¿Te encargas tú? Ve al taller a por el repuesto y dejas esto arreglado. Increíble, no solo hacía falta volver sino que además debía de enfrentarme solo a esto. Por un momento me pareció que ella sonreía como sa...

Vecinos VII

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Esperaba que no me hubiese visto. El caso es que no saqué provecho del resto de la noche y lo de relajarme ni de coña. Hasta mi colega me notó raro. Le dije que no me encontraba bien y que me marcharía pronto. En realidad deseaba salir corriendo de allí. Así que en cuanto terminamos de cenar pagamos y nos despedimos, sin hacer sobremesa y sin atreverme a mirar las caras de los clientes del local.   Me envolvió de nuevo la soledad. Nada más llegar a casa cogí el calendario lo rompí en pedazos y lo tiré a la basura. Pero en contra de lo que pensaba, no me sirvió para sentirme mejor. De haber tenido alcohol en casa me habría emborrachado, mañana saldría a comprar una botella. Ahora, esta noche, estaba seguro que no iba a pegar ojo. Charlotte, lo que pudo ser y no fue, jamás encontraría a otra igual. Así lo hice al día siguiente, pero Fermín me podía llamar para algún trabajo, y ya tenía suficiente con el sueño como para encima ir bebido. Dejé la botella en la mesa de la co...

Vecinos VI

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Capítulo 2. Un año después Miré por casualidad el calendario, el día que había quedado con Fermín. Y era eso lo que me llamaba la atención de la fecha ¿No?  Pues no. El 1 de Junio me sonaba por algo más. Hace un año… Joder. Parecía que había pasado un siglo, pero fue hace un año cuando conocí a Charlotte, la loca vecina de enfrente. Me sorprendí a mi mismo con una sonrisa en la boca y un dolor agudo en las entrañas.  Ahora estaba sin piso y había vuelto a casa de mi madre con toda la vergüenza que eso suponía para mi. Aunque estaba fuera de esa casa todo el tiempo que podía, convivir con ella no era fácil.  En este tiempo también me despidieron y ahora tenía un trabajo precario. Conocí a un electricista que necesitaba un aprendiz. Aunque en realidad me quería para cargar electrodomésticos y llevarlos hasta su taller.  Me callé que tenía una ingeniería y que posiblemente supiese más de electricidad que ese tío. Pero en mis circunstancias, u...

Vecinos V y último.

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La vida no es una rueda. La vida es una espiral que gira cada vez más rápido, hasta que acabas en el hoyo. Es por ello, que hay que aprovechar las cosas buenas que te ofrece la vida, y a veces, las mejores vienen como por casualidad. Descubrir a Charlotte fue una de esas cosas. Podría haberme mudado a otro piso, o podríamos habernos mantenido como vecinos distantes. Pero la chispa había saltado, el pequeño milagro había ocurrido. Y desde entonces nuestros encuentros se volvieron frecuentes, pero casi como casuales. Lo bueno es que no había nada pactado o forzado. Las cosas fluían. Con cierta frecuencia compartimos piso. Ya no sé donde tengo la ropa. Que si los calzoncillos están en el suyo, los pantalones en el mío. Sonrío al ver aparecer un sujetador debajo de mi cama o cuando se vuelve a su piso vestida con una de mis camisetas. Pero lo que no me pasó desapercibido ni confuso, fueron “aquellos” calzoncillos. Al verlos supe de inmediato que eran mi famosa prenda desapa...

Vecinos IV

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Escuché los pasos que indicaban que volvía a entrar en la habitación y con ellos un olor a café. Me arrebujé de nuevo en las sábanas. Me encontraba de lado por lo que le daba la espalda. Aún debía de quedar ese espacio libre por donde me había pellizcado el trasero, un punto débil en la solida defensa que me ofrecía la ropa de cama. Estaba de lado por lo que no le vi la cara. Pero sentí su peso hundir el colchón y su calor cuando se pegó a mi espalda. Mis ojos se entornaron y traté de mirar por el rabillo del ojo, pero no alcancé a verlo bien. Entonces me digo aquello y sonreí cómplice. Me sentía temerosa y al mismo tiempo dichosa. Curiosa mezcla. Sentí sus labios acariciar mi cuello. Entrecerré más mis ojos, mis defensas se estaban desmoronando. Por alguna razón me acordé de sus calzoncillos, los que no le devolví. Ahora serían un trofeo… un trofeo robado. Una de sus manos se encargó de devolverme al presente, estaba tratando de averiguar, con la mano, mi talla de sujetador. ...

Vecinos III

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Leer a ella primero... -pinchar aquí- Me miró un poco raro, de reojo mientras pasó junto a mi. Sonreí al percibir su decisión al entrar en mi casa, aunque me pareció notarla temblar. Mientras yo cerraba la puerta, ella se descalzó e inspeccionó el salón con la mirada. Prácticamente con la única luz del televisor. Será mejor darle de beber antes de que se dé cuenta del desastre que soy, pensé antes de decir – ¿Te pongo una copa ? Ni esperé respuesta, fui a la cocina a por otro vaso. El instinto me llevó a mirar a la ventana de mi vecina, ahora a oscuras, su propietaria ahora estaba en mi casa. Desde aquí recordé sus pechos desnudos, recordé... Escuché que me llamaba - ¡Voy!  Pasé fugazmente por el baño, y me puse colonia de la buena en abundancia. A ver si así compensaba un poco, el hecho de que no me hubiese preparado para la ocasión. Volví al salón y en nuestros gaznates cayeron algunas copas más. Al cabo de unas horas, me comenzaba a notar espeso y no quise tomar más. E...

Vecinos II

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De vez en cuando me regalo un fin de semana. Cuarenta y ocho horas de no hacer nada. Bueno, siempre hay algo que hacer o uno moriría de hambre. Pero si con el teléfono móvil aparcado, televisión encendida y que impere la ley del mínimo esfuerzo. Una vez al mes, es algo que te recarga las pilas. Uno de mis pecados es automedicarme con un par de copas y aprovechar esa falsa euforia que provocan. Quizá para no pensar demasiado en las cosas que me faltan. O quizá, simplemente, para pasarlo bien. Iba a por la segunda “Clonk, clonk” sonaron los hielos en el fondo del vaso. Entonces escuché algo que me llamó la atención. Es curiosa la acústica del patio, que hace que lo de enfrente se oiga todo. Me quedé quieto y afiné el oído. ¿Sollozos, lamentos? Me acerqué a la ventana. Allí estaba aquel gato, seguro que ya se le había escapado de nuevo a la del tercero. Debía de estar en celo o algo. Me fijé en el interior de la ventana de enfrente. Allí estaba la vecina. Vestida, es lo primero q...

Vecinos

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Llevaba unos meses en este piso. No era gran cosa, tenía lo justo, pero al menos era mío. Por fin libre de mis padres. Nadie que me pidiera explicaciones por llegar a las tantas. Donde poder traerme una chica si tenía suerte el sábado. O simplemente devolver agarrado a la taza del WC y pasar así la resaca. Una de las cosas curiosas, era el tendedero. Surcaba los aires del patio interior. Una cuerda verde, que iba desde la ventana de mi cocina a… la ventana del piso de enfrente. No sabía si era lo normal, pero desde luego no era de mi agrado colgar los gayumbos a la vista de todos. Tampoco podía elegir, era eso o dejarlos mojados en cualquier parte. Así que nada, simplemente esperaba que cada uno fuese a lo suyo, como viene siendo normal en cualquier ciudad que se precie. Es curioso las cosas que ocurren con lo de tender. A veces se me cae alguna pinza al vacío, de inmediato miro abajo esperando no haberle dado a nadie en la cabeza. Traumatismo por pinza ¿Os lo imagináis? No, es...