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Mostrando las entradas etiquetadas como El mundo de Roland

Una aguja en un pajar

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  Sé que solo es algo material. Pero reconozco que siempre he tenido un pequeño TOC con el coche. Es como algo muy personal, como una extensión de mi cuerpo. Uno de mis sueños más recurrentes es buscar donde demonios lo dejé aparcado. Ayer ese sueño recurrente se hizo realidad, casi en modo pesadilla. Mi coche ha sido uno de los más de 120.000 afectados por la dana (cifra oficial del consorcio de seguros) Estuvo varias semanas cerrado y sin que pudiera abrirlo, como un barco embarrancado en la arena, a trescientos metros de donde lo aparqué; pues es la distancia que lo arrastró la corriente. Lo visitaba una vez por semana para ver que todo seguía igual, o para colocarle el cartelito de “vehículo inoperativo” En caso es que el último fin de semana ya no estaba. No me llamaron ni me avisaron; pero por las redes sociales y demás, sabía que se los estaban llevando a un polígono industrial, y que había una aplicación para localizarlo. Escribí la matrícula en la web y apareció una foto y...

Anestesia

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  Una operación nunca es plato de buen gusto. Cuanto la cosa implica anestesia general, siempre está ese “y si…” No hay operación exenta de riesgos, nunca entenderé a los que se operan alegremente y de manera frecuente para modificarse; como quien se cambia el avatar en un videojuego. Entiendo que hay casos y casos, pero cuando la cosa es simplemente por una baja autoestima… lo mejor sería trabajar la psique. Bueno, voy con la historia: El caso es que se encontraba en una habitación con más gente, cada uno en una camilla y todos mayores que él. La enfermera iba de aquí para allá poniendo vías y goteros. Y él… él estaba quedando para el final. Había un hombre que le cayó bien de inmediato, que intentó entablar conversación con los demás. Y es que la mayoría se encontraba con nervios, por lo que estaba por ven ir. - El médico me dijo que me operaban de “la triple”. La columna, la rodilla y… y… ya no me acuerdo, je, je, je, ya llevo varias operaciones en  pocos años… ¿Y a ti de q...

Un buzón de los ochenta.

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  El mundo parecía transcurrir de forma más lenta. Cuando uno quería hablar con un amigo, iba a su casa. Igual hasta tocaba negociar con su madre por el telefonillo, para que lo dejara bajar. Tener una pelota era suficiente para hacer amigos, y si tenías un balón de reglamento, eras el rey. Si, a veces éramos un poco brutos y no todo era perfecto. ¿Quién de aquella época no ha vuelto algún día a casa con las rodillas ensangrentadas? Pero aprendías a socializar con los demás. Te daba el sol, el aire y hacías ejercicio sin necesidad de apuntarte a un gimnasio. Pero lo mejor… lo mejor era abrir el buzón de casa. Podías recibir la revista a la que estabas inscrito, un catálogo de discos y videojuegos, o una carta de un amigo por correspondencia.  En unas pocas páginas, alguien te contaba como le iba la vida, sus inquietudes y se interesaba por las tuyas.  Uno se afanada en responder rápido, pues en ese momento, se ponía en marcha la cuenta atrás para recibir respuesta; cosa q...

A la vuelta de la esquina

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  Basta con salirse del camino normal, para descubrir cosas nuevas. Y esto que parece una perogrullada, me resulta más fascinante de lo que parece. Cuando era un chaval, era uña y carne con mi bici. Me encantaba explorar, conocía casi todas las calles y los lugares cercanos, mi mundo se iba agrandando poco a poco. Luego… cambias, parece que descubrir cosas nuevas ha de significar irse a países lejanos, cuanto más lejos mejor. Hay que ver las 7 maravillas, y hacer check en cada una de ellas. Es… como tristemente se ha convertido casi todo hoy en día, una competición. Pero mi afición a caminar, me está haciendo volver a descubrir cosas nuevas y… a la vuelta de la esquina. Cascadas impresionantes a menos de una hora en coche, lugares que unen mar y montaña, parque naturales con fauna digna de un documental… Vuelvo a sentirme como ese chaval en bici. Vuelvo a lugares que no veía desde que iba con mis padres (no teníamos mucho, pero con mi padre era un no parar). A ir un poco más lejos ...

Aventura o temeridad

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  Viajar en los años ochenta, era una aventura. Me refiero a aquello de subirse al coche y conducir cientos de kilómetro por el país. Con un Seat 850 Especial. Con el motor en la parte de atrás, en verano, sin aire acondicionado y cargados de trastos… Más que una aventura, era un sufrimiento. Las carreteras distaban mucho de ser tan seguras y tan amplias como ahora. En la mayoría de ellas podías adelantar. Y con suerte había un carril intermedio, que era más peligroso que otra cosa. Sin airbags ni cinturones de seguridad. Aún se me encoje el corazón al pensarlo. Por supuesto, sin móviles, tablets, ni siquiera radio. Que o jugabas al veo veo o tratabas de echar una cabezadita. Era lo que había. El destino… para algunos la playa, para otros visitar a unos familiares lejanos, los monumentos de una ciudad… Al menos, no solía haber problemas para aparcar. Creo recordar que mi padre llegó a aparcar en el mismo casco antiguo de Toledo. ¡Y se quejó porque le costó un poco! Lo mejor… estar ...

Puente al pasado

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  Le llegó un mensaje a través de una red social. Resulta que hacía veinticinco años que había terminado la educación primaria. Y los antiguos compañeros alumnos, junto con la dirección del colegio, estaban organizando una cena conmemorativa. De forma automática su mente fue a aquellos años. Burlas, menosprecio, castigos físicos y psicológicos... Unos años que minaron su personalidad profundamente y la transformó. Mucho esfuerzo le había costado enderezar aquellos surcos. Tener la personalidad que realmente quería tener.  Fueron unos años en los que sí, hubo aprendizaje, pero no, no tuvo una buena educación. Y allí estaba, leyendo aquel mensaje. No le había ido mal en la vida, pero justo en ese momento estaba pasando un mal momento. Tanto en lo sentimental como en lo laboral.  Le preguntarían, se imaginó teniendo que dar explicaciones, siendo juzgado. Las miradas de condescendencia de otros que habían tenido más éxito. Ya había vivido eso en la infancia; niños de papá con...

Hasta el infinito y más allá

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Últimamente soy muy consciente de que la forma física tiene fecha de caducidad. Que poco a poco los años van sumando y que algún día y si hay fortuna, la edad me alcanzará. La edad de ya no poder “hacer el cabra” al menos.  Tengo muchas más ganas de hacer cosas, que cuando era más joven. Quiero hacer muchas rutas de senderismo, quiero subir montañas, quiero hacer un “tres mil”, me gustaría ver el Himalaya, las cumbres de los Andes, los Alpes… No, no es necesario subir el Everest. Pero… ya tengo la sensación de que no tengo tiempo para todo. A parte de dinero, claro. Porque con dinero se puede comprar tiempo, pero ese tema ya lo dejo para otro día. ¿Llegará un día que me sentiré como Bilbo Bolsón en El Señor de los Anillos, cuando dijo aquello de... “quería ver la montaña solitaria una última vez, pero la edad ha hecho presa de mí”? Bueno, supongo que es mejor tener muchos planes, muchos objetivos, aunque no se puedan cumplir todos. A no tener ninguno. Vivir la vida con intensidad e...

¡Flash!

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Me disponía a hacer un viaje nocturno en autobús. Por experiencias anteriores no tenía demasiadas esperanzas de dormir. Pero al menos dormitar, descansar un poco. Subí, me alegró ver que era bastante moderno, hasta con una de esas pantallas táctiles con juegos y películas. Bueno, aunque mi intención es descansar. A parte que se iban cumpliendo todos los tópicos. Pasajero sentado en mi asiento  - Disculpe, está en mi asiento - ¿No le da igual…? - No, lo siento, tengo ventanilla, hasta me han cobrado un suplemento por poder elegir el asiento… Ya por fin en mi sitio. La otra persona se ha adueñado del reposa-brazos por completo y me clava el codo en las costillas. “En fin paciencia, haré como que no pasa nada” Tras la pertinente bienvenida del conductor, el vehículo se pone en marcha y ¡Flash! Todas las pantallas se ponen en marcha de golpe “Bueno, ahora ya sé que funciona, pero no gracias, quiero descansar” Le doy al botón de apagado. Coloco mis cosas de forma estratégica, usando mi ...

Filosofía

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Alfredo apagó el ordenador, se sentía tremendamente abatido. Estaba sumido en plena crisis existencial. Por muchos motivos. Uno de ellos, por culpa de un videojuego. No era uno de esos juegos de matar. Era un juego en el que hay rompecabezas, ciencia ficción y… oh sorpresa, filosofía. No esperaba encontrar filosofía en un videojuego y la verdad es que le impactó. Le hizo cuestionar todo con una simple pregunta que había que justificar: ¿Qué es la conciencia? Una pregunta tan sencilla, abrió un pozo sin fondo en sus pensamientos. El chaval creía que los que tienen una fe religiosa y sin fisuras, lo tienen claro. El alma ¿No? Tras la muerte irán al cielo o al más allá, etc. Hasta los budistas creen en la reencarnación. Al fin y al cabo en eso consiste la religión ¿No? En tranquilizar a la gente con que… no todo termina con la muerte. ¿Pero y si luego no hay nada? Es más… ¿Para qué vivir? Quizá esa pregunta sea más importante. Recordó otra pregunta de un señor mayor de pelo blanco alborot...

Con la perspectiva que otorga el tiempo

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  A Luis, el instituto no le resultó fácil, pasó momentos bastante duros. Y no por las asignaturas precisamente. La mitad de los chavales tenían muy poco interés en aprobar y sacarse el título. Estaban allí, porque aún no tenían la edad de trabajar y por obligación de sus padres. Todo eso hacía la atmósfera perfecta para el caos; discriminación, burlas, golpes, vandalismo… y el bullying. En una ocasión casi lo dejan tirado en un examen. El instituto estaba en otra localidad; lo había traído un compañero en moto y amenazó con marcharse mientras Luis se afanaba en terminar el examen que su compañero hacía rato que había entregado. “¿Para qué te esfuerzas tanto, si no vas a aprobar?” Le dijo con tono burlesco desde la puerta de la clase. Pero se equivocó, Luis aprobó. Y los años pasaron. No es que sea abogado, pero consiguió un más que decente puesto de trabajo de recursos humanos en una empresa, y se permite el pequeño lujo de tele-trabajar desde casa.  Hoy Luis, mientras se pre...

Fuerte

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  ¿Cómo una situación puede llevarte a perder la identidad? Es posible. Un mal que te va carcomiendo por dentro, te apartas del camino correcto, hasta de lo que te hace feliz. Te arrinconas y creas un pequeño universo en tu interior. Todo para… prepararse para dar el gran salto. La ruina económica, empezar de cero. En cierto sentido perder hasta 10 años de tu vida. Hay cosas traumáticas que te obligan a ello. Un día crees que todo está bien, todo es seguro y al siguiente se desmorona como naipes abatidos por el viento. Es en esas circunstancias donde más necesitas ser fuerte. Fuerte… Los amigos están bien, pero puede que sea lo último que te quede: a ti mismo, mirarte al espejo por la mañana y pensar en… otro día que hay que pelear para salir adelante. Aunque el pozo se vea negro, siempre hay que pelear un día más, solo así, un día puedes echar la vista atrás y observar; que sin hacer ruido y con mucho sufrimiento, construiste una sólida montaña, juntando muchos granos de arena. 12...

Tormenta

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  El sábado fui a recoger a mi hija que salía cine. El cielo se había puesto muy negro y ya se escuchaban los truenos. Cuando enfilé la carretera vi que hacía donde me dirigía, era justo donde estaba la tormenta. "Espero llegar antes de que se ponga a llover" Pensé. Ya caían algunas gotas sueltas, de esas gruesas que indican que cuando se ponga a llover, lo va a hacer con ganas. Tenía la sensación de que el tráfico iba muy lento, seguramente mis prisas por llegar. Pero me comporté pacientemente detrás de los coches que me precedían. El festival de rayos que tenía adelante, era un espectáculo. La lluvia comenzó a arreciar. Pasaba por un polígono industrial, llegando a una rotonda, despacio, cuando lo vi venir. Como suelen decir, pasó como a cámara lenta. Casi arriba del todo, pero un poco más delante, lo justo como para verlo por la luna del coche, un destello blanco bajó en picado. "Ahí va" pensé y solo me dio tiempo a encogerme en el asiento, sin soltar el volant...

Historias del camino 2.- Amor

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Era un hombre que aparentaba menos edad de la que tenía. Llevaba un mochila que pesaba más de 15 kg en la que llevaba de todo, hasta una silla plegable. Si amigos, la vi con mis propios ojos, aunque él presumía de lo ligera que era. Como si de una película se tratara, resultó ser un oficial retirado del ejército de los EEUU. Le encantaba la aventura y las excursiones por la naturaleza, para tener ocupada su mente. Estaba haciendo el camino, porque se había propuesto realizar una ruta por el estado de Colorado, de más de 700 Km. Él solo y por zonas donde no hay albergues, en plan acampada libre. Una aventura que iba a ser dura y quería hacer el camino como entrenamiento previo. Hablamos de las diferencias entre nuestros países. Cuando surgió el tema de las armas, me contó que en su país si que tenía una pequeña, que no podía llevar a la vista; pero que cuando iba de ruta y pasaba la noche en una tienda de campaña, eran zonas donde podía salirte un oso, y él se sentía más seguro con ella...

Historias del camino 1.- Superación

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  La vi por primera vez por el camino, iba por delante de mi a un ritmo suave. Paraba a ratos, realizaba un movimiento extraño, moviendo la cadera de un lado a otro, y volvía a continuar. La rebasé, la saludé como a cualquier otro peregrino, y me dedicó una sonrisa resplandeciente. Aunque pueda parecer algo trivial, ahora contaré porque no lo era tanto. No recuerdo si fue esa noche o la siguiente, resulta que coincidimos en un albergue, a la hora del desayuno. En un principio no la reconocí, entre tanta gente uno no se queda siempre de primeras con todas las caras. Pero me acordé cuando hablando entre peregrinos, y charlando de cómo nos encontramos, la chica comentó que tenía problemas con la cadera que venía arrastrando desde hacía varios días. Una vez más, me fijé en como sonreía y se preocupaba por todos. Pero al levantarse de la mesa, nos dimos cuenta de que iba casi arrastrando los pies, y que bajo esa sonrisa, estaba sufriendo un dolor bastante importante. Otra de las chicas ...

Buen camino

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  Fue al día siguiente de aquel tan duro en el que tocó subir los pirineos. Todas las previsiones indicaban lluvia. Los echaron bien temprano del albergue, cuando aún la noche era totalmente oscura.  Desayunó con rapidez, sorprendentemente no llovía y había que aprovechar estas horas. Se despidió de sus nuevos amigos y comenzó a caminar. Con paso decidido, pero a la vez cauto pues apenas se veía el suelo. Cuando miraba alrededor se parecía adivinar que el lugar era realmente bonito, lástima de oscuridad. Al cabo de una hora de caminata, cuando ya había buena visibilidad, hizo el primer descanso. Un poco temprano, pero muy acertado pues apenas 5 minutos después comenzó a llover. Ponerse el impermeable, ponérselo a la mochila… No son cosas fáciles en mitad de un camino. Iba bien pertrechado, y concienciado con los posibles resbalones. Pero la mayor incomodidad era que en kilómetros y kilómetros no había un lugar seco en el que sentarse, y hasta pararse para buscar la botella de ...

El reto

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  Sabía que iba a ser duro, pero resultó serlo aún más de lo esperado. Solo, luchando contra la montaña, cada paso era un esfuerzo titánico, un trayecto que puso a prueba toda su preparación física. Un paso más, un paso más. Se repetía.  Iba preparado para la distancia, se había entrenado. Para el ascenso no puso prepararse, pero estaba mentalizado. Pero no se esperaba ese terrible viento de cara.  Entendió en ese momento las trampas de la montaña. Puede salirte un día bueno, y será un paseo. Pero en condiciones adversas todo se complica. Tampoco es que fuera peligroso, no estaba subiendo el Everest.  Paró a tomar unas vituallas a mitad de trayecto. No era hambre, era necesidad que su cuerpo necesitaba devorar. Energía. El cansancio se fue acumulando en sus músculos, pero cada vez quedaba menos. El final de la etapa estaba cerca. Era sabedor de que el descenso final es donde más que extremar las precauciones, no había que bajar la guardia. Por fin vio el final. Objet...

Agujeros en la memoria

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  Estaba leyendo uno de mis relatos de hace unos meses, y no lo entendía. Era intenso, pero me resultaba tosco, incompleto. Parecía obvio que era de temática amorosa. Lo corregí, le di sentido y lo finalicé según consideré oportuno. Pero de pronto me pregunté ¿Por qué lo escribí? En esa fecha no recuerdo haber tenido ningún problema amoroso. Muchas veces lo que escribo es pura ficción ¿Fue ese el caso? Y fue solo entonces cuando me acordé.  A veces no es lo obvio. En aquellas fechas tuve un problema de salud que me llegó a obsesionar. Por suerte todo salió perfecto, pero… me he dado cuenta de la capacidad del ser humano, para olvidar hechos desagradables. Lo que un día fue de vital importancia, hoy ya había quedado relegado al olvido. 20/06/2021

Instinto ancestral

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  Una  señal, como por ejemplo un guiño, bastaba. Era la primera misión: escabullirse de sus padres. Cuando la charla de los mayores se volvía apasionada era el momento en el que los niños se escapaban. - ¿Lo has traído? – Le preguntó su primo. Una sonrisa y un par de cejas levantadas, fue la respuesta.  Sacó su tirachinas artesanal. En aquella época sin internet las habilidades eran otras. Sin vídeos de YouTube, el boca a boca era el principal medio de comunicación entre los chavales, y algunos eran capaces de hacer verdaderas maravillas. Salieron a la calle, la noche era cerrada. Había que mantener las armas escondidas, alguien les había dicho que aquello no era legal y que la policía podía echarte una reprimenda, pero lo que más temían es que se enteraran los padres, eso sería mucho peor. A su edad no lo sabían, pero los animaba un instinto que alberga el hombre desde hace miles de años. La sensación no debe de haber cambiado mucho desde entonces, nervios, manos sudoro...

El trabajo de ciencias

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  Allá por los años 80, un profesor de ciencias dividió a los alumnos en grupos de forma aleatoria y les mandó hacer un trabajo. Tenían que recoger 20 flores distintas y pegarlas en una cartulina. Uno de los grupos era variopinto, algunos tímidos, otros más despiertos. Pero todos con voluntad por hacer el trabajo. Así que quedaron el sábado con sus respectivas bicis, para dar una vuelta por el campo y realizar la recolección. El sábado resultó ser un hermoso y soleado día de primavera. Cada uno con su merienda en una bolsita, decidieron ir en dirección al cementerio; por allí había muchos campos y caminos sin apenas tráfico. Paraban de vez en cuando para recoger algunas “que esa ya la tenemos” “que da igual luego lo miramos…” A uno de los chavales se le ocurrió de pronto “Eh, por ahí cerca está la casa de campo de mis padres. ¿Vamos y tomamos la merienda allí?” Dijo el más espabilado   “¿Por qué no?” Respondió otro. Y hacia allí se dirigieron. Pero el preadolescente no...

El cuadro

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  Cuando sus padres le llevaron por primera vez a un museo, le resultó muy aburrido. No entendía que interés podía haber en mirar todo el rato cuadros y esculturas inmóviles ¡Era infinitamente mejor ir al parque de atracciones! Años después, para él, ir a un museo era algo instructivo, incitaba su curiosidad. Su cultura era la de una persona normal y corriente, la que le enseñaron en el colegio. Pero en esta ocasión sucedió algo distinto, no lo vio venir. Al fondo de la sala vio algo que le llamó la atención; siguió mirando obras en el orden correcto, pero su mente ya no estaba allí, estaba… al fondo de la sala. Algo lo atraía como un imán. Dejó de hacer el tonto y fue directamente a ver aquella obra. El corazón se le encogió y quedó totalmente atrapado con su luz, con los matices, el contraste del níveo rostro con el rubor de la joven representada, su inocencia, la escena al completo… Si habláramos de amor sería un flechazo, pero esto era distinto, era conexión. No podía dejar de ...