Uniendo los puntos
Como en aquel famoso discurso de Steve Jobs, los logros rara vez son el resultado de una única acción aislada. Suelen ser la consecuencia de muchas pequeñas cosas que se van encadenando, casi siempre invisibles mientras suceden. A veces solo podemos apreciarlo cuando miramos atrás y observamos todo lo que tuvo que ocurrir para llegar a donde estamos hoy.
Desde muy joven quise escribir una novela, pero no sabía por dónde empezar. En mi cabeza, el reto era enorme, una montaña demasiado empinada como para siquiera intentar escalarla.
Lo curioso es que, casi sin darme cuenta, ya estaba entrenando para ello. Siempre se me dio bien expresar lo que sentía, poner en palabras emociones e ideas. Fue así como descubrí en clase que la poesía no se me daba mal. Empecé a escribir versos y, durante una etapa importante de mi vida, la poesía cumplió una función esencial: ayudarme a ordenar el caos, a liberar lo que dolía, a exorcizar mis propios demonios.
Aun así, la novela seguía ahí, como un eco. Y yo seguía sin poder escribirla.
Otra de mis grandes pasiones eran los juegos de rol. Primero llegaron las partidas de mesa, luego, con el paso del tiempo, reunirnos se volvió complicado. Fue entonces cuando descubrí el rol por web. La diferencia principal era clara: las historias ya no se narraban, se escribían. Sin proponérmelo, empecé a mejorar mi prosa, mi forma de describir escenas, de dar voz a los personajes, de sostener un relato sin verlo desmoronarse en dos párrafos.
Más adelante me animé con los relatos cortos. Se me daba bien condensar historias, encontrarles el pulso y cerrarlas a tiempo. Pero las tramas largas todavía se me atragantaban. Las disfrutaba, sí, pero me costaba mantenerlas vivas hasta el final.
Hasta que un día llegó el empujón definitivo. Una persona creyó en mí más de lo que yo lo hacía, y me animó a intentarlo con un argumento sencillo: “Se te da bien escribir”. Para entonces, habían pasado años. El terreno ya estaba preparado, aunque yo no fuera consciente de ello.
Y entonces ocurrió algo que todavía me sorprende al recordarlo: una vez que empecé, el trabajo fluyó con rapidez. Con una seguridad que no sabía que tenía. No fallé ni un solo día.
El resultado, finalmente, está ahí. Cada lector sacará sus propias conclusiones, pero para mí, el simple hecho de haber llegado hasta el final ya es el mayor de los premios.
Si a alguien le interesa, aquí dejo el enlace al libro, en español y en inglés.
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