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Mostrando entradas de marzo, 2019

A lomos de Silver

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El chico, a lomos de su bicicleta, pero esta vez no iba solo, sino con un amigo. Uno de esos que es un buenazo, aunque de bueno, quizá con no demasiadas luces. Iba a enseñarle un rincón secreto. Uno que ya había explorado en varias ocasiones. Unos árboles, las vías del tren… ¿Podía haber algo mejor? El amigo poco debía de haber salido, pues no se le ocurrió otra cosa que circular por la izquierda en plena travesía. Ganándose así los pitos de algunos coches - ¿Ves porqué no se va por la izquierda? Te vas a matar – Le sermoneó el chico, pero sonrió al pensar que seguro que había aprendido la lección, a veces no hay nada mejor que tener un susto para acordarse de algo para siempre. Llegaron al destino - ¡Qué! ¿Ponemos unas monedas en las vías? Cuando pase el tren quedarán más chafadas que un papel. Estaban en eso cuando un hombre cruzó en dirección a los chicos - ¡Eh! ¡Qué hacéis aquí! El buenazo se asustó y dio media vuelta para salir huyendo.  El chico le dijo - ¿Pero dó

Pasillo solitario

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Otra vez frío en el hospital. Solo los hospitales son capaces de producir ese frío glaciar en el cuerpo de uno.  Se sentía culpable. Siempre había sentido aprensión por la sangre, a la sangre cuando no duele. Como dice Stephen King: “ese olor dulzón y metálico” es una descripción perfecta.  Al menos lo había intentado con todas sus fuerzas, había estado allí y no solo para ayudar, que también, sino para ser testigo de aquel momento. Pero en cuando la sangre comenzó a fluir no tuvo más remedio que salir para no causar más problemas de los necesarios. Y así lo hizo, al menos calculó bien hasta donde podía llegar y salió por su propio pie. Ahora le carcomía la conciencia, en aquel solitario pasillo en el hospital. Hasta que llegó aquel lloro. Su cuerpo se tensó ¿Si? ¿No? ¿Por qué no vienen? ¿Es el suyo? Se abre la puerta, vienen a por él. Si, ha nacido su hija. 09/09/2018