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El cuadro

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  Cuando sus padres le llevaron por primera vez a un museo, le resultó muy aburrido. No entendía que interés podía haber en mirar todo el rato cuadros y esculturas inmóviles ¡Era infinitamente mejor ir al parque de atracciones! Años después, para él, ir a un museo era algo instructivo, incitaba su curiosidad. Su cultura era la de una persona normal y corriente, la que le enseñaron en el colegio. Pero en esta ocasión sucedió algo distinto, no lo vio venir. Al fondo de la sala vio algo que le llamó la atención; siguió mirando obras en el orden correcto, pero su mente ya no estaba allí, estaba… al fondo de la sala. Algo lo atraía como un imán. Dejó de hacer el tonto y fue directamente a ver aquella obra. El corazón se le encogió y quedó totalmente atrapado con su luz, con los matices, el contraste del níveo rostro con el rubor de la joven representada, su inocencia, la escena al completo… Si habláramos de amor sería un flechazo, pero esto era distinto, era conexión. No podía dejar de ...

Cuento de Navidad

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  Felix, dejó su hogar siendo bastante joven. Desavenencias con su padre que bebía de más. La única forma que encontró de dejar de tener un conflicto tras otro, fue dejarlo todo. De aquello hace más de veinte años. A falta de familia, ha intentado rodearse de amigos. Con los días que corren, muchos a distancia. Felix es detallista y les manda regalos, cosas de la zona, nada de empresas de comercio electrónico. Sale de la oficina de correos cuando en el suelo ve un sobre, el típico que lleva una felicitación navideña. Alguien debió de perderlo, lo recoge. Va a regresar dentro de la oficina, para que lo envíen, cuando repara en el nombre que figura ¡Es el suyo! Se aparta junto a un portal y lo mira con más detenimiento. Va a su nombre, pero la dirección es errónea; es la de su primer piso, cuando se emancipó, y ya hace años que no vive allí. Por la parte de atrás no pone remitente. Algo confuso e intrigado, lo abre allí mismo. “Espero que pases unas felices fiestas y que seas feliz. ...

La chica del tren

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  Era un chico joven, todavía aprendiendo de la vida. En su primer trabajo, con sus primeros sueños. Vestía una chaqueta vaquera, se había dejado el pelo largo y se había comprado una guitarra. En aquel septiembre tan gris y lluvioso tomaba todos los días el tren para ir a trabajar. Escuchaba música por los auriculares, y miraba a través de la ventana empañada, las siluetas de los árboles quedar atrás.  Miró en dirección a la puerta por la que iba a subir ella, ya sabía de antemano por cual lo haría, pues era lo habitual. Aquella chica le quitaba el aliento. Con su pelo largo y ojos profundos. Solo podía contemplarla. Soñaba con levantarse y presentarse. Pero se sentía tan atraído, como inmovilizado; como si su cuerpo pesara toneladas. Sin darse cuenta se había pasado todo el trayecto mirándola. En la siguiente parada la chica del tren se levantó para bajarse, lo miró y se puso a reír, pues se había dado cuenta de las miradas del chico. Él intentó abrir la boca con todas sus f...

Razón de peso

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  Cuando había una disputa en juego había que resolverla, no valían medias tintas. Ya llevaban varios días discutiendo. Él decía que la báscula medía mal, ella que no, que eran imaginaciones suyas. - ¡No entiendo como pueden ser tan imprecisas!  ¡¿Por qué no pueden tener la misma precisión que la pequeña báscula de cocina?! Si pesas un kilo de arroz, pesa eso mismo, un kilo ¡Uno! – Dijo ayer, mientras ella negaba con la cabeza. Pero todo se iba a resolver hoy, ella estaba dispuesta – Diez quilos… Quince… ocho más… a ver cuánto va sumando – hizo sus cálculos - Y con estos seis y medios finales… ¡Suman ochenta y dos!  ¡¿Ves cómo yo tenía razón?! -Dijo la mujer mirando fijamente a la cabeza que acababa de pesar. 25/08/2020

El fin, el principio.

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  Aquel lugar era frío. No es que se quejara del trato de los funcionarios, pero… en su situación uno podía esperar un trato más amable, cercano. Pero no. Por donde él, debían de haber pasado ya cientos, y claro, arriesgarse a cogerle cariño, una mala decisión. Anoche le dieron la última cena, pudo elegir el menú, que lujo. Como si eso fuera a compensar algo, ya hacía días que solo podía pensar en lo inevitable. Esto ya no era vivir, la angustia lo ocupaba todo.  La última vez que se vestía, y comenzó a dar sus últimos pasos, custodiado por dos guardias. Le esperaba una sala donde casi lo único que había era la silla del centro, la última vez que se sentaría.  Uno de ellos le dio una palmada en el hombro para que avanzara, él que ya casi no tenía voluntad, no se resistió. Se sentó sintiendo que su cuerpo pesaba una tonelada, respiró sintiendo que se asfixiaba… Apretó los puños y… sonó el teléfono. Uno de los funcionarios descolgó - ¿Si? Ajá… Ajá… De acuerdo – Colgó de nue...

A quemarropa

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  Hay cosas sobre las que no se puede escribir. Historias que están en curso y que darían para una magnífica novela. Pero no. No, porque toca demasiado la fibra sensible. Historias inconclusas, que... si terminan bien, uno solo puede respirar aliviado y esforzarse en olvidar cuanto antes todo el sufrimiento que pasó. Y si salen mal... ¿Quién quiere dejar un recuerdo rancio? No se puede escribir sobre algo cuando una historia es demasiado personal, demasiado intensa. Pensándolo bien, en realidad si hay una forma. Pensándolo bien, tal vez fue así como nació la poesía. 31/05/2020

Territorio enemigo

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  Reptaba por el suelo, debía de huir de aquí sin que se dieran cuenta. Los enemigos estaban por todas partes, dormían. Si no iba con cuidado, cualquier sonido los despertaría y entonces... estaría perdido. Los ronquidos debían de ser rítmicos, cualquiera de ellos que se detuviera de pronto era una señal de alarma. La alambrada y por lo tanto la libertad, estaban cada vez más cerca. Por mucho calor que hiciera, nada justificaba eso. Vale que no había mucho que hacer en aquel pueblecito de Badajoz, pero... Su familia estaba de viaje ¿No? ¿Dónde estaban sus derechos como niño a divertirse? Que todos los mayores, se hubieran puesto de acuerdo en dormir la siesta en pleno día, era lo más aburrido que le había pasado nunca ¡Obligado dormir! Siguió con su improvisado juego. Las patas de las sillas eran árboles, las mesas... los barracones de los soldados. Había colchones por todas partes, por lo visto al enemigo le daba igual dormir en un colchón en el suelo como en una mecedora... insen...