Entradas

Lejos y atrás

Imagen
  Los lugares son los mismos: playas, acantilados, montañas… En cambio, tantos años después, no tiene nada que ver. Y no me refiero a las edificaciones que han crecido como champiñones. Pese a mi cansada vista, ahora veo más matices, los que me otorga la experiencia, pero... volver al lugar, no implica retroceder en el tiempo. Y es que falta una cosa, quizá lo más importante, lo que uno lleva consigo; la música interior, las ganas de comerse la vida, las ganas de reír, las ganas de enamorarse por primera vez. A mi edad, ya no espero nada de la vida. Ahora sé bien que las experiencias, es lo que uno se lleva. Y bien o mal, lo importante es sentir. No quedarse con la sensación de… “aquello que debí de hacer y no me atreví” Sonrío, y dirijo la mirada a la enfermera de paliativos que me ha regalado esta última voluntad. Y luego al cielo, donde están tantos con los que he compartido y… donde pronto me voy a unir a ellos. Nada queda aquí para mi, todo lo llevo en el corazón. 30/05/2024

Una aguja en un pajar

Imagen
  Sé que solo es algo material. Pero reconozco que siempre he tenido un pequeño TOC con el coche. Es como algo muy personal, como una extensión de mi cuerpo. Uno de mis sueños más recurrentes es buscar donde demonios lo dejé aparcado. Ayer ese sueño recurrente se hizo realidad, casi en modo pesadilla. Mi coche ha sido uno de los más de 120.000 afectados por la dana (cifra oficial del consorcio de seguros) Estuvo varias semanas cerrado y sin que pudiera abrirlo, como un barco embarrancado en la arena, a trescientos metros de donde lo aparqué; pues es la distancia que lo arrastró la corriente. Lo visitaba una vez por semana para ver que todo seguía igual, o para colocarle el cartelito de “vehículo inoperativo” En caso es que el último fin de semana ya no estaba. No me llamaron ni me avisaron; pero por las redes sociales y demás, sabía que se los estaban llevando a un polígono industrial, y que había una aplicación para localizarlo. Escribí la matrícula en la web y apareció una foto y...

Con el agua al cuello

Imagen
He estado ausente del blog unas semanas. Primero por saturación personal, luego por alguna de mis aventuras y finalmente por la dana. Y es que… mi localidad ha sido una de las más afectadas. No entraré en temas políticos, que podría, pero no es mi estilo y prefiero evitarlo. Prefiero abordar el tema desde un lado más humano, y con eso ya lo digo todo. Por suerte o por desgracia la inundación me pilló fuera. Y es que ver las cosas a distancia, a tus seres queridos y las pérdidas materiales, estar tan lejos, tampoco aporta tranquilidad precisamente. Luego el periplo para lograr volver con todo cortado por tren y carretera. Y con una empresas de transporte que alardean de buenas, pero que ofrecen un servicio inversamente proporcional a su falta de empatía. Llegar y encontrarse el panorama. Meterse dentro de la zona cero no es lo mismo que verlo o que imaginarlo. Y no. No me quejo, porque antes de hacerlo me acuerdo de los que están peor, de los que han perdido más. El ambiente, los ánimos...

El albergue perfecto

Imagen
  Un albergue que acoja a los cansados peregrinos, no es cosa baladí, ha de cumplir una serie de requisitos, unas leyes y máximas no escritas, a saber: 1) Comencemos por un clásico. Todo albergue necesita de un huésped roncador, y no uno cualquiera, se precisa que se quede dormido nada más tocar la cama. Puntúa el doble si es el último en despertar. 2) Cuantos menos aseos mejor. El ratio huésped / inodoro más bajo posible, y si hay algún elemento de la ducha roto, más puntos. Nada de comodidades, qué nos hemos creído. 3) Las literas. Mejor cuanto más incómodas. Las metálicas viejunas dan diez puntos en este apartado. Peldaños pequeños y metálicos para que se claven en los pies al subir y ruido al apenas moverse, bien los merecen. 4) El colchón. Bien, aquí tenemos dos opciones. O los de plástico que hacen sudar a mares y que hará que paguen lo que haga falta por unas sábanas. O bien el viejo hundido y desnivelado, todo un clásico. 5) No se puede olvidar que un albergue de diez, nece...

Tras el recodo del camino

Imagen
Últimamente estoy muy focalizado en la aventura y el senderismo. Cuando algo te apasiona le echas horas, más allá del tiempo mismo que requiere la actividad: Buscar que rutas se ajustan más a lo que estoy buscando, estudiar los mapas, buscar combinaciones de trenes y horarios para mi próximo gran reto, leer artículos del tema… Un no parar, que hace que mi experiencia sea más plena.  No sé lo que durará mi pasión, mi experiencia me dice que todo tiene un límite. Es más, en el fondo es una lucha contra el tiempo. Ver como puedo ir mejorando, con el poco tiempo libre del que dispongo, antes de que la edad me alcance. Parafraseando al señor de los anillos: “Quería... volver a ver la Montaña Solitaria... Pero la edad al parecer ha hecho presa de mí.” De hecho ya hay cosas (grandes retos) que me gustarían y sé que ya no voy a poder hacer. Pero… no hay que recrearse en ello. Solo llevaría a la tristeza y al abatimiento. Encauzar los pensamientos es otra cosa que he aprendido con la edad. ...

Los ochenta

Imagen
  En un momento del tiempo mi juguete favorito fue un deportivo de color naranja. El que más corría de todos. Descapotable y con las puertas que se podían abrir. Claro, en aquella época no a todos los cochecitos (metálicos, nada de plástico) se les podía abrir las puertas.  Me gustaba hacer una rampa con la tapa de una caja de fichas de dominó, y uno por uno, ir lanzándolos para ver cual llegaba más lejos. Luego, hacían un viaje todos juntos siguiendo el rodapié derecho y a lo largo de todo el piso. Creo que nunca llegaron a completar una vuelta entera, en algún momento debía de pasar a otra cosa y más tarde mi madre me reñía por dejar los cochecitos tirados por ahí. En una ocasión, en la terraza, pintamos con tiza un circuito en el suelo, más riñas. Jajaja A las canicas, dardos, construir un pinball con un tablero de madera, clavos y gomas, construir un tirachinas… Por no hablar de los cómics. Los fines de semana, mi padre volvía de comprar el periódico y nos daba un par de l...

Extremos

Imagen
  En situaciones de estrés extremo lo mejor que te puede pasar es… que te de igual todo. Bueno, matizo: Primero que me refiero al estrés laboral, a las prisas a sentirse desbordado. No al estrés de cuando te puede comer un león. Y segundo a que realmente no es que te de igual del todo, no me refiero a pasotismo, y a no hacer nada. Me refiero a lo de… “Vale, voy a hacer lo que esté en mi mano, y hasta donde no alcance... no me he de preocupar, al fin y al cabo he hecho lo correcto y lo posible” Lo malo es que no siempre funciona, a veces, uno se lo repite una y otra vez, y el mensaje no cala en nuestro “yo” más interno. Pero es más fácil que cale cuando por desgracia nuestra salud comienza a peligrar, es cuando nos damos cuanta de que… mi salud es más importante que el trabajo. Salud solo tenemos una, trabajos hay muchos, y si no… siempre nos queda pedir limosna. Pero con tenacidad y actitud, dudo que lleguemos a ese extremo. 09/02/2024