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Uniendo los puntos

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Como en aquel famoso discurso de Steve Jobs, los logros rara vez son el resultado de una única acción aislada. Suelen ser la consecuencia de muchas pequeñas cosas que se van encadenando, casi siempre invisibles mientras suceden. A veces solo podemos apreciarlo cuando miramos atrás y observamos todo lo que tuvo que ocurrir para llegar a donde estamos hoy. Desde muy joven quise escribir una novela, pero no sabía por dónde empezar. En mi cabeza, el reto era enorme, una montaña demasiado empinada como para siquiera intentar escalarla. Lo curioso es que, casi sin darme cuenta, ya estaba entrenando para ello. Siempre se me dio bien expresar lo que sentía, poner en palabras emociones e ideas. Fue así como descubrí en clase que la poesía no se me daba mal. Empecé a escribir versos y, durante una etapa importante de mi vida, la poesía cumplió una función esencial: ayudarme a ordenar el caos, a liberar lo que dolía, a exorcizar mis propios demonios. Aun así, la novela seguía ahí, como un eco. Y ...

Disculpas y algo nuevo

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Disculpas y algo nuevo. Primero de todo, pedir disculpas por mi tiempo de ausencia por aquí. No diré que "la novedad" sea la única causa, pero lo cierto es que me ha tenido bastante entretenido estos últimos meses. A veces es necesario desconectar para poder reconectar. En este tiempo he colgado las botas de senderismo, aunque no la actividad física, que simplemente ha cambiado de forma: entrenamientos en grupo, opciones un poco más sociales… otras dinámicas. Y ahora sí, al grano, Roland, al grano. He publicado un libro en Kindle. Antes de seguir, una nota importante: se trata de una novela corta de temática erótica, dirigida a un público adulto (+18) y no pensada para todos los lectores. Más adelante me gustaría contar por aquí cómo ha sido todo el proceso creativo y de publicación. Esta es la descripción de la novela: En La Isla de los Sentidos, una pareja es invitada a unas vacaciones misteriosas para reconectar… sin imaginar que el verdadero viaje empezará cuando crucen e...

Mentalidad ganadora

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  Personalmente, creo que una mentalidad ganadora no es aquella que lo apuesta todo al éxito. Es la que busca superarse. La que se cae y se levanta. Hoy en día se habla mucho de resiliencia. Es un término que se ha puesto de moda, pero en realidad, ha estado siempre ahí, con otro nombre: resistir. No rendirse. Eso sí, mal entendida puede ser peligrosa. Resiliencia no es quedarse quieto mientras todo te pasa por encima. No se trata de aguantar lo que venga sin mover un dedo. Se trata de reaccionar, de adaptarte y de seguir, aunque sea despacio. Hace poco terminé el Camino de Santiago. Cuando llovizna, te equipas. Si llueve un poco más fuerte, intentas disfrutar del sonido y los olores. Mientras no se convierta en barro, todo va bien. Pero cuando hace frío, graniza, y el cuerpo se entumece… ahí tienes dos opciones: Puedes bloquearte. Pararte. Buscar el pueblo más cercano y pedir un taxi. O puedes decirte a ti mismo: “Si aguanto esto, puedo con todo”. Y eliges seguir. Porque en la vid...

Arañas

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  Era un día de campo, con la única misión de disfrutar del sol y de la gastronomía autóctona. A su tierna edad, ya era todo un aventurero. Le gustaba recorrer acequias, capturar ranas e improvisar cabañas con ramas y plásticos. Cosas que hacían los niños antes de la invasión de las pantallas. Se encontraba en el exterior del muro, jugando a lanzar una pequeña pelota contra un pilar del porche, que hacía las veces de canasta. En una de esas, la pelota no da en su objetivo y sale rebotando hasta colarse debajo de unas maderas que habían apoyado junto a la pared. Cuando el niño se asoma para recuperarla, ve que el espacio está ocupado casi por completo por un nido de arañas. Arañas enormes, de patas finas pero larguísimas. El aire, de pronto, huele a tierra húmeda y algo más... como a óxido o a algo podrido. Se queda tan asombrado como petrificado. Y más aún cuando una de esas arañas gigantes comienza a empujar la pelota en su dirección. Él se asusta y retrocede un poco. Pero la arañ...

El futuro está aquí

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  Si uno de los grandes avances de finales del siglo pasado fue internet. No lo vamos a negar, ha cambiado nuestras vidas. No se va a quedar atrás en este siglo la irrupción de la Inteligencia Artificial. Y muchos no se han dado cuenta de hasta que punto. Tengamos miedo o no a la IA, ha llegado para quedarse. Algunos puestos de trabajo ya han comenzado a correr peligro. Pero esto ya sucedió en el pasado con la llegada de las cadenas de montaje, con la llegada de los ordenadores etc. La diferencia ahora es la velocidad del cambio. Antes, las transformaciones tecnológicas daban margen para la adaptación. Ahora, una herramienta que ayer no existía puede estar revolucionando un sector en cuestión de meses. No hay respiro, no hay transición pausada. Y esto, más que miedo, debería hacernos reflexionar: ¿estamos preparados para evolucionar a ese ritmo?  Es misión nuestra adaptarnos. Dicen que tendremos de dejar de estudiar tantas carreras tecnológicas y dedicarnos más a las humanidad...

El tipejo de la silla

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El estrés es la respuesta de nuestro cerebro a situaciones de peligro. Antiguamente al ver un león, se activaba en nuestro cuerpo una serie de mecanismos para prepararnos para atacar o huir. El estrés no es malo de por sí, es un mecanismo útil en determinadas circunstancias. Pero por desgracia nuestro cerebro no sabe discernir entre disparar el mecanismo en caso de incendio y cuando nuestro jefe nos carga con trabajo de más. Es labor nuestra aprender a trabajar en el control de estas situaciones. Una opción es imaginarnos que el estrés es una persona, que la tenemos delante y que le decimos. Siéntate en esta silla, tenemos que hablar ¿Qué es lo que quieres de mí?  Esto nos puede ayudar a relativizar el problema ¿Tiene solución? ¿Qué pasa si no cumplimos con las expectativas de este tipejo que tenemos sentado en la silla? ¿De verdad merece la pena alterarnos tanto?  A su vez, podemos ir un poco más allá. ¿Qué puedo hacer para que no me vuelva a suceder? ¿De verdad me interesa t...

Mens sana...

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  El cuerpo, al igual que la mente, tienden a ser vagos. La mente por ejemplo, hace que nos guste la rutina. Todo esto viene de cuando el ser humano pasaba hambre, tenía que cazar, y gastar energía era un lujo. Pensar mucho, gasta energía. ¿Para qué hacerlo si el cerebro ya tiene el camino trazado para hacer ciertas cosas? Lo mismo pasa con el cuerpo. Si hacer algo cansa ¿Para qué moverse entonces? El problema está, en que hoy en día (salvo excepciones) la comida no suele ser un problema. Si a eso le unimos que muchos de los oficios apenas requieren moverse… Que para hablar con los amigos tampoco, que su nuestro entretenimiento favorito se realiza desde el sofá… Pues tenemos un problema. Y no hablo ya solo de obesidad, que también. Sino a que el cuerpo para estar sano, necesita de la actividad física. Está bien cuidar la alimentación, es importante, pero no es suficiente. No hay que confundir actividad física con ejercicio físico. Machacarse en el gimnasio puede estar bien. Pero ha...