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¿Todo encaja?

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  A veces dar un salto, un impulso a la vida, a la existencia. A veces… es el impulso final, el de alguien que se sabe cerca de la meta y realiza el esprint final. Cuando todo encaja, a veces, es cuando menos lo hace en realidad. Encajar a los ojos de los demás, cuando en realidad, lo importante es encajar con uno mismo. ¿Qué es la vida? ¿Cuál es la meta? Está claro que la vida social es importante, pero.. ¿Es esa la meta? Dicen los budistas que formamos parte de un todo. Nosotros, la naturaleza, todo es lo mismo. Como un rio cuyas sus aguas solo pueden ir para abajo. Hasta el mar, donde se juntaran nuestras aguas con las del resto de la humanidad. Pero entonces ¿Por qué? ¿Para qué?  Supuestamente todo tiene su motivo en este caos. En esta… sopa de gente, de personalidades, de situaciones desagradables que… nos hace plantearnos si realmente merece la pena. Dando vueltas como un carrusel. Un día, otro, otro…  Pero a veces… parece que no podemos esperar la llegada de esos m...

Hasta el infinito y más allá

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Últimamente soy muy consciente de que la forma física tiene fecha de caducidad. Que poco a poco los años van sumando y que algún día y si hay fortuna, la edad me alcanzará. La edad de ya no poder “hacer el cabra” al menos.  Tengo muchas más ganas de hacer cosas, que cuando era más joven. Quiero hacer muchas rutas de senderismo, quiero subir montañas, quiero hacer un “tres mil”, me gustaría ver el Himalaya, las cumbres de los Andes, los Alpes… No, no es necesario subir el Everest. Pero… ya tengo la sensación de que no tengo tiempo para todo. A parte de dinero, claro. Porque con dinero se puede comprar tiempo, pero ese tema ya lo dejo para otro día. ¿Llegará un día que me sentiré como Bilbo Bolsón en El Señor de los Anillos, cuando dijo aquello de... “quería ver la montaña solitaria una última vez, pero la edad ha hecho presa de mí”? Bueno, supongo que es mejor tener muchos planes, muchos objetivos, aunque no se puedan cumplir todos. A no tener ninguno. Vivir la vida con intensidad e...

¡Flash!

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Me disponía a hacer un viaje nocturno en autobús. Por experiencias anteriores no tenía demasiadas esperanzas de dormir. Pero al menos dormitar, descansar un poco. Subí, me alegró ver que era bastante moderno, hasta con una de esas pantallas táctiles con juegos y películas. Bueno, aunque mi intención es descansar. A parte que se iban cumpliendo todos los tópicos. Pasajero sentado en mi asiento  - Disculpe, está en mi asiento - ¿No le da igual…? - No, lo siento, tengo ventanilla, hasta me han cobrado un suplemento por poder elegir el asiento… Ya por fin en mi sitio. La otra persona se ha adueñado del reposa-brazos por completo y me clava el codo en las costillas. “En fin paciencia, haré como que no pasa nada” Tras la pertinente bienvenida del conductor, el vehículo se pone en marcha y ¡Flash! Todas las pantallas se ponen en marcha de golpe “Bueno, ahora ya sé que funciona, pero no gracias, quiero descansar” Le doy al botón de apagado. Coloco mis cosas de forma estratégica, usando mi ...

Estacionado

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  Había una estación de metro llena de gente. Algunos vestían de fiesta, otros como de vuelta del trabajo. Pero si te fijabas bien, había pequeños detalles. La ropa, no parecía de la talla adecuada en muchos de los casos. Unos bebían o comían, otros charlaban… Pero el detalle más importante es que a esta estación no llegaba ningún tren. El último metro anunciado, aún estaba en el panel, pero su hora ya había pasado. A parte de que el reloj tampoco marcaba la hora correcta. Al cabo de un rato comenzó a parpadear y desapareció del panel, sin que allí llegara nada por el agujero del túnel. Y así uno tras otro, todos los anunciados. La gente parecía ajena a todo eso, esperando pacientemente. Las hora pasaron y las horas se convirtieron en días. Y ninguno de los trenes hizo acto de presencia. A veces, eso es la vida. Esperando a que llegue un tren, que la oportunidad de oro venga a nosotros. Sin que nos demos cuenta, que si tomamos las riendas de la situación. Con un pequeño esfuerzo, s...

La espiral

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  Hay que ver cómo es la mente. Y es que a veces todo se magnifica. Algo que puede ser un problema relativo, acaba por dominar nuestra vida por completo. El otro día a un compañero de trabajo le entró un ataque de ansiedad, de tal magnitud, que llamaron a la ambulancia para que lo atendieran. Estamos acumulando muchos días con prisas, con estrés, con la sensación de que no llegamos, que no llegamos. Un día, otro, otro, otro… Dormimos mal, nos llevamos toda la tarde preocupados, es en lo único en lo que pensamos. Fatiga, estrés, ansiedad, infelicidad. Es en estos casos cuando lo mejor es… abstraerse y mirar las cosas con perspectiva. ¿De verdad merece la pena? ¿No es acaso nuestra salud lo más importante? Al final, solo es trabajo. Algo que debería estar comprendido dentro de una jornada, una labor que debería hacernos sentir realizados, no lo contrario. Cuesta, cuesta salir de la espiral. Pero a veces hay que esforzarse en hacerlo, merece la pena. Reafirmarnos, es importante que re...

Ritmo de vida

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  La espiral de la vida. Entra suave, despacio. Poco a poco, sin darte cuenta contraes obligaciones. La mayoría... caprichos, hobbies, o simplemente presumir. Todo ello poco a poco va consumiendo los ingresos. Pronto, necesitas más. Más ingresos, un trabajo mejor, un segundo trabajo, más presión, trabajar más horas. Todo para intentar saciar el voraz apetito de los compromisos, las deudas, el ritmo de vida. Al final… te das cuenta de que estás viviendo para pagar esas cosas que… casi ninguna es necesaria. Vale, hay circunstancias y circunstancias; pero en general… ¿De verdad es necesario todo lo que consume nuestro dinero, que a su vez, se consume nuestras horas, nuestra vida? Si, también sé que no es fácil mandarlo todo a la porra, irse al monte a comer frutas silvestres y vivir como un ermitaño. Pero si merece la pena planteárselo al menos ¿No? Hagamos una prueba. Apuntemos todas y cada una de las cosas en las que gastamos cualquier cantidad de dinero por mínima que sea. Habrá co...

Cajones

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  Los objetos, los “trastos”, se expanden. De forma directamente proporcional al espacio del que disponemos. En una de mis primeras mudanzas, me iba a un piso compartido. Mis cosas se redujeron al mínimo. Incluso al punto de que años después lamenté haber tirado cosas. No por su valía, ni porque las necesite. Sino porque eran recuerdos, una parte de mi. La siguiente mudanza fue a un piso más bien pequeño, pero venía de tener casi de nada. Mis trastos, “mi mochila”, aumentó.  Y posteriormente otra mudanza. Pero ahora ya estoy en el punto en el que creo, que tengo demasiados cajones. Al final uso las mismas cuatro cosas. Y cuando voy a buscar algo de menos uso, me cuesta encontrarlo. Cajones, cajones y más cajones. Aparecen recuerdos en cada uno de ellos. Recuerdos que no uso, recuerdos que no recuerdo. ¿Es eso la vida? ¿Lo que para uno fue importante un día, ahora acumula polvo en un rincón de la mente? Y además ¿Cómo de importantes son?  Estas cosas nos recuerdan que… por...