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Navidad

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Era uno de los mejores días del año. El día en el que te daban los regalos y podías ver a los primos, a los tíos y a los abuelos. En toda la casa aquel delicioso olor. Y es que como el puchero de la yaya no había ninguno. Los mayores preparaban la mesa. Y los niños nos enseñábamos los regalos. Una vez jugamos a las carreras de coches, otra vez nos pusimos a examinar cosas en un microscópio… También había que hacerle un poco de caso al yayo, que el pobre padecía parálisis desde que sufrió años atrás una trombosis. Solo había que mirarle a los ojos para saber que comprendía lo que ocurría a su alrededor, aunque nosotros no siempre podíamos entender sus palabras. Tocaba la comida, abundante y riquísima, con las nueces y turrones de postre. Todo amenizado con la película de turno de regreso al futuro. Con charlas y aún más, pues faltaba las estrenas. No diré que no daban una buena alegría. Pero si que ahora sé, que eso es lo de menos. Cuanto extraño aquel día de navidad, con sus ri...

Interjecciones artísticas

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- Ummm – Dijo con las manos en la espalda, mientras miraba el cuadro en la galería. Inmediatamente se acercó otro señor – Ajá… -  Una de sus manos fue a la barbilla, mientras asentía con la cabeza La tercera persona no tardó en acudir. Y como dice la frase: ya formaron multitud. - Uf – Exclamó impresionado. Ya casi toda la gente de la exposición se congregaba delante de la obra. Entonces hizo acto de presencia el pintor, que se acercó alarmado por lo que vio - ¡Eeeh! - Sacó un pañuelo que agitó en el aire. En ese momento, la cucaracha por fin salió del lienzo y correteó buscando refugio por otros lares. El bichito, por un momento había sido parte integrante de una obra de arte. 19/09/2017

El elefante rosa

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Stephen, era adicto a las drogas, al alcohol, al tabaco y también a las mujeres.  No ganaba lo suficiente para pagarse todos los vicios, así que tenía que dedicarse al trapicheo. Hoy, tenía un encargo. No se trataba de lo habitual, llevar un paquete del punto A al punto B. Lo de hoy era más… sucio. Dar un toque de advertencia a un tipo. “El toque” consistía en romperle un par de dedos. Allí en local El Elefante Rosa, en una de las mesas, lo localizó. Parecía estar escribiendo algo. Entonces lo entendió, le iba a dar donde más le dolía, en la herramienta con la que se ganaba la vida. Seguramente pudiese seguir escribiendo con sus otros ocho dedos, pero… va. A Stephen que más le daba, no le pagaban para pensar. Se acercó a aquel tipejo. Sin mediar palabra, con una mano le agarró del brazo, con la otra un par de sus dedos y tiró de ellos hacia arriba hasta que hicieron Chrracckk Am parrrtttirrr dhe ennttoncees ssskeguro quee ua noo porddria essscibir dan biennn. El imbieccin...

Inventos

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Inventos Inc era la empresa de moda en casi todo el mundo. Te subscribías, pagabas una cuota, y cada mes sin falta, te mandaban algo por paquete postal ¿El qué? Ahí estaba la gracia, nunca sabías que te iban a mandar. Pero mal no se les debía de dar cuando la gente hablaba tan bien de esta empresa. Simplemente pasado unos días calificabas del uno al diez si te había gustado. Hoy llegó mi paquete. Como era habitual solo ponía el membrete de la empresa y mi dirección nada más. Sentí el cosquilleo en mis dedos. Lo llevé a la mesa del salón, lo sopesé, no me atreví a agitarlo por si estropeaba el interior. Tras un suspiro me decidí a abrirlo. Papel marrón aséptico, forma cuadrada. En el interior una caja cuadrada, claro era obvio. La cuestión es que... era como de plástico, no vi como abrir aquello ¿Ya está? ¿Esto era todo? ¿Un cubo de plástico cuadrado? ¿Y si que había alguna forma de abrirlo? Probé a apretar con los dedos, los laterales, las esquinas... nada. Me quedé mirando ...

Un viejo amigo

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- ¡Roberto! ¡Cuanto tiempo! ¿Cómo te va? Joder… como pasa el tiempo. Se te nota en las arrugas. ¿La vida no pasa en balde eh? Ja, ja, ja Pero tío… ¿Qué ha pasado con tu pelo? Con esa melenaza que tenías, me acuerdo de cuando te ponías gomina y presumías de ella ¿Y esa barriga que te ha salido? La cervecita ¿Eh? Ja, ja, ja. Joder macho ¿Ya no llevas el anillo de casado? ¿Y esos críos son tuyos? ¿¡Tres!? ¿Y ese bastón? ¿Acaso también estás jodido de la espal…? ¡Eh… espera! Donde demonios vas con el bastón. ¡Esperaaaaaaaa! - 14/09/2017

De sol a sol

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Juan Enriquez trabajaba con tesón en el campo, mimaba sus arbolitos y les realizaba todos los cuidados necesarios. La poda en el crudo invierno. Los riegos de primavera. Los tratamientos en el caluroso verano. Y la dura pero gratificante recolección de frutos en otoño. Todo eso cambió el día en el que al llegar como cada mañana en su bicicleta, se encontró con su casita de aperos abierta. Se le cayó el alma al suelo. De sus herramientas no quedaba nada. Solo un martillo doblado y oxidado.  Aquello era un desastre total para la ajustada economía de Juan. Le costaría una fortuna tratar de conseguir de golpe las mochila de pulverizar, las azadas el pico… y un largo etcétera que se había comprado a lo lo largo de los años y que ahora se habían esfumado de un plumazo. Se sentó en el suelo y allí se echó a llorar. Ni los ángeles, ni ningún ser divino, se apiadó del pobre y trabajador Juan. Que se preguntaba, porqué había sido castigado de aquella forma.  Al hombre ya no ...

La nota

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“...Si quiere volver a verla, ingrese la cantidad en la cuenta  indicada” Así finalizaba la nota. La arrugó, maldijo algo ininteligible y la arrojó al suelo. No habían palabras para describir la angustia que sentía. Tenía el estómago revuelto, con ganas de devolver. Pero es que ahora solo dependía de él mismo. Acostumbrado a tener su apoyo, ahora tenía que hacerse el ánimo. No había alternativa. ¿De dónde iba a sacar tanto? Sus cuentas no es que fuesen abundantes precisamente. Pensó en hacer alguna barbaridad, en infringir la ley. Pero no, hacerlo sería ponerse a su mismo nivel. Sintió vértigo, la iba a perder.  Puso la televisión con intención de distraerse, pero su mente estaba en otro lado. No se centraba en nada. Miró de nuevo aquel papel arrugado del suelo. Tal vez se le escapó algo, tal vez hubiese algún resquicio. Recuperó el papel, lo leyó de nuevo, no, no había nada a lo que poderse agarrar. “Estimado cliente, el próximo 31 de diciembre finaliza el perio...