El siguiente paso

Trabajaba en la capital como otras miles de personas. Entre la ida y la vuelta, el viaje le consumía un tiempo importante en el día a día. Pero que se le iba a hacer. Al menos el descanso para comer no era demasiado grande y trataba de aprovecharlo dando una vuelta o leyendo un poco el libro de turno. De pronto el cielo comenzó a ser surcado por aviones de guerra, esto no era normal, pues a lo sumo se veía alguno comercial a bastante altitud. A estos se siguieron otro tipo de objetos volantes. Y percibió la primera detonación lejana. En cuanto comprendió de que se trataba de armamento nuclear se le puso el bello de punta y empezó a tener un sudor frío. Estaba en la capital, seguro que era un objetivo. Debía de pensar en los siguientes pasos que podrían ser los últimos ¿Volver a la oficina a por sus objetos personales? No, seguramente estos segundos eran más valiosos que cualquier cosa. Quizá los trenes ya estaban atestados o el servicio interrumpido. Se sintió atrapado, sintió el...